Primero sirvió para cobrar impuestos, luego para fabricar tabaco y después para impartir justicia, lo que volverá a hacer a finales de este año. La ... eterna rehabilitación del Palacio de Justicia de Valencia ha entrado en su recta final después de la colocación de las grandes cristaleras en las últimas semanas, que servirán para ayudar en la climatización y sostenibilidad del edificio que recae a los jardines de la Glorieta y está declarado Bien de Interés Cultural por su valor histórico y arquitectónico.
Si Felipe Rubio, Antonio Gilabert y Tomás Miner, arquitectos de la original Real Casa de la Aduana por orden de Carlos III, levantaran la cabeza, seguro que reconocerían el edificio que hicieron en 1758 y que funcionó como lugar de cobro de impuestos hasta 1802. El propósito de la rehabilitación gestionada por la Conselleria de Justicia en varias etapas y cuyo proyecto se inició en 2019 ha sido preservar las huellas de los restos más antiguos, además de modernizar el funcionamiento del inmueble.
Esto ha sido uno de los motivos de la demora para acabar unas obras iniciadas en octubre de 2022 y que debían estar listas en junio de 2025. Han aparecido sobre todo restos arqueológicos relacionados con la Fábrica de Tabacos (1828-1914), huellas de la maquinaria y de algunas estructuras. En 1895 sufrió un grave incendio e hizo que las autoridades se plantearan buscar otro uso para el inmueble debido a los riesgos que suponía para el centro de la ciudad.
En 1914 comenzaron las obras para convertirlo en sede judicial. El arquitecto Vicente Rodríguez Martín dirigió esta gran reforma. Se demolió parte del patio central para construir la gran escalera imperial que domina el acceso y desde 1923 alberga los tribunales y es considerado Bien de Interés Cultural.
El edificio volverá a albergar principalmente la sede del Tribunal Superior de Justicia, aunque también contará con espacios destinados a la Fiscalía, el Consell Valencià de la Abogacía y una biblioteca de uso restringido ubicada en la planta bajo cubierta, señalaron fuentes de la Conselleria de Justicia, encargada de las obras. La inversión asciende a 35 millones de euros.
Además, dado que en el inmueble podrán celebrarse juicios, en la planta baja se han habilitado cuatro salas de vistas, con sus salas de deliberación, salas reservadas y un área destinada a detenidos.
Durante los últimos cuatro años se ha llevado a cabo la consolidación de las estructuras de los muros, de los forjados y de la cimentación. Asimismo, se ha mejorado la envolvente del edificio mediante la intervención en la cubierta, las fachadas y la solera.
También se han restaurado las fachadas, las carpinterías, los techos de madera y escayola, los revestimientos de los paramentos verticales y los pavimentos, recuperando, en algunos casos, los elementos que habían sido desmontados para permitir la consolidación del edificio.
Especial atención y complejidad ha requerido la incorporación de las instalaciones de ventilación y climatización, así como de aquellas otras que han permitido adaptar este inmueble, declarado Bien de Interés Cultural, para acoger las nuevas funcionalidades tecnológicas que requieren los edificios administrativos actuales.
Estos días se están instalando las luminarias, los sistemas electrónicos, el mobiliario fijo y el equipamiento necesario para su gestión. De manera paralela se trabaja en todas las conexiones de telecomunicaciones y a las pruebas generales de las instalaciones.
Para la entrada en funcionamiento del edificio aun habrá que esperar uno meses desde octubre hasta final de año, fecha en la que si no surge ningún impedimento volverá a reabrirse las puestas de Palacio, recuperando su uso habitual de Justicia en estos últimos cien años.
En cuanto a la parte arqueológica, desde Justicia destacan que durante el desarrollo de los trabajos, tanto en el subsuelo como en los paramentos verticales aparecieron restos que no fueron localizados en la fase preliminar, bien por no entrar dentro de la zona de estudio, bien porque se interpretaron como la opción más viable dentro de lo habitual en este tipo de construcciones. Desde la Conselleria señalan que se ha previsto mostrar algunos a través de unas «ventanas arqueológicas» en planta baja, con unas zonas con vidrio para apreciar algunos de los vestigios encontrados.
Sobre los restos, hay ejemplos como la identificación inadecuada de las estructuras en el subsuelo en el ala recayente a Cerdán de Tallada, concretamente una posible cisterna y una posible carbonera ante la antigua puerta.
Sin embargo, la abundancia de restos, que no se había detectado ni en los sondeos preliminares ni en los realizados por georradar, responden a una situación anómala de este edificio en su evolución histórica. En efecto, la mayor parte de las construcciones destinadas a fábricas de tabaco en España a lo largo del siglo XIX eran edificaciones de nueva planta donde la mayor parte de las instalaciones necesarias para la mecanización eran aéreas, bien suspendidas de las paredes, bien de los techos.
Sin embargo, en este caso, instalar la nueva fábrica de tabaco en el edificio de la antigua aduana real, hizo que paredes y techos estuvieran en el primer caso jalonados de pilastras de carga que, en el segundo caso, además soportaban las bóvedas de crucería.