El zamorano Antonio Martín Castro lleva más de cuatro décadas construyendo un imperio quesero desde Valladolid y acaba de reforzar su apuesta por Galicia con una inversión de más de 20 millones de euros. El fundador y presidente de Queserías Entrepinares ha elegido la planta de Vilalba (Lugo) para desarrollar una nueva línea dedicada al queso cottage, una variedad fresca que ha ganado protagonismo en los supermercados por su contenido proteico y que se ha convertido en uno de los productos al alza dentro del mercado lácteo.
La ampliación se encuentra todavía en fase de ejecución y está previsto que entre en funcionamiento durante el segundo semestre de 2027, después de unos 18 meses de obras. La nueva instalación permitirá producir más de siete millones de kilos anuales de queso cottage y generará alrededor de 60 empleos vinculados a esta categoría. La materia prima procederá en buena medida de Galicia, donde Entrepinares pretende ampliar también su recogida de leche.
La elección de Vilalba responde, según la dirección de la compañía, a la disponibilidad de leche, la presencia de una estructura industrial ya consolidada y el entorno ganadero de la zona. "Hemos elegido Vilalba porque es donde contamos con la materia prima, el entorno social adecuado y la capacidad industrial necesaria para desarrollar este proyecto con garantías", ha explicado José Manuel García Bejines, consejero delegado de Entrepinares.
El movimiento muestra la estrategia de Martín para mantener el crecimiento de una compañía que ha conseguido convertirse en uno de los mayores fabricantes de queso de España sin perder el control familiar. Entrepinares cerró 2025 con una facturación de 723 millones de euros, un 8,7% más que el año anterior, y elevó su plantilla desde los 1.500 hasta los 1.600 trabajadores.
La empresa produjo además 104 millones de kilos de queso, frente a los 100 millones de 2024, y aumentó de 35 a 40 millones de kilos la producción de derivados lácteos. Su estructura industrial está repartida entre siete fábricas ubicadas en cuatro comunidades autónomas y trabaja con más de 700 ganaderías y más de 20 cooperativas.
Antonio Martín nació en Tapioles, en la provincia de Zamora, en un entorno familiar vinculado al campo y a la ganadería. En 1984 puso en marcha en Valladolid la primera fábrica de la compañía, entonces muy lejos de las dimensiones que alcanzaría posteriormente.
El gran salto empresarial llegó con Mercadona. En el año 2000, Entrepinares comenzó a trabajar como proveedor especialista de quesos para la cadena de supermercados valenciana y se convirtió en uno de los fabricantes fundamentales de productos comercializados bajo la marca Hacendado.
La relación con Mercadona ha sido uno de los grandes motores de crecimiento de Entrepinares. La compañía ha encontrado en el gigante de Juan Roig un cliente con una enorme capacidad de distribución y, a cambio, ha tenido que desarrollar una estructura industrial capaz de responder a grandes volúmenes de producción y a una demanda cada vez más sofisticada.
La alianza también explica la importancia que tiene la innovación dentro del grupo. La apuesta por el queso cottage encaja en esta estrategia: se trata de un producto que ha encontrado un hueco creciente entre consumidores interesados en alimentos ricos en proteínas y que la distribución está incorporando progresivamente a sus lineales.
El cottage se obtiene a partir de cuajada y se diferencia de otros quesos porque no se prensa completamente. Conserva parte del suero y presenta una textura granulosa y húmeda y un sabor suave. Su perfil nutricional lo ha convertido en un producto especialmente popular entre determinados consumidores.
La nueva fábrica de Vilalba estará orientada fundamentalmente a abastecer esta creciente demanda y tendrá capacidad para producir más de siete millones de kilos anuales.
El crecimiento de Entrepinares se ha producido sin que Antonio Martín haya cedido el control del negocio familiar. La empresa mantiene una estructura accionarial ligada a la familia y una estrategia basada en reinvertir parte de los recursos generados por la actividad industrial.
Los últimos resultados muestran la dimensión alcanzada. Los 723 millones de euros de facturación de 2025 suponen un incremento del 8,7% respecto a los 665 millones de 2024. Ese año, el beneficio operativo se situó en 64 millones de euros, un 16% más que en 2023.
La producción también ha aumentado de forma sostenida. El grupo transforma actualmente alrededor de 600 millones de litros de leche y mantiene una red de proveedores ganaderos que constituye uno de los pilares de su modelo industrial.
La empresa tiene además una creciente dimensión internacional. Alrededor del 10% de su producción se dirige ya a otros mercados y sus productos llegan a unos 50 países, entre ellos Estados Unidos, China, Japón, Reino Unido y Francia.