Se pierden 401 mil empleos entre enero y septiembre
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Se cumple inexorablemente el clásico axioma político: el ajuste al “gasto” social, educativo, en salud y cultura solo funciona con coerción ideológica-comunicacional y represión a la movilización y protesta democrática de vastos núcleos del pueblo.
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En este dogma, traído a la actualidad de Milei, Macri, Bullrich y los JP Morgan boys, se sintetiza el mentado transformismo de “batalla cultural”, malversando la idea auténtica de Antonio Gramsci, complementada con cuerpos represivos y policías infiltrados que atacan a la propia fuerza, a la vista de las cámaras de TV, que muestran imágenes del caos, del que culpan a estudiantes universitarios y secundarios, a profesores/as, rectores y a militantes de organizaciones sociales, políticas y culturales.
Al periodismo que registra los acontecimientos lo incluye entre los “terroristas desestabilizadores”. El objetivo político es la destrucción de la educación pública: la escuela primaria con sus maestras/os, los institutos terciarios y los profesores, las universidades con sus docentes, decanos y rectores, y el sistema científico y sus investigadores. Esta conducta expresa un reaccionarismo oscurantista de carácter pre Sarmiento, pre liberal, pre izquierda y pre peronista, en suma, negador de la Ley 1420. Lo cierto es que, mientras se dirimen debates ideólogos y transfuguistas parlamentarios, su contraste: la valorable conducta del Bloque dirigido por Germán Martínez.
La grotesca teatralización del malvinerismo presidencial hace agua por todos los agujeros de su propia formulación. El Gobierno argentino, siguiendo con su fidelidad irrestricta al imperialismo de Donald Trump, se abstuvo en el voto del proyecto contra las formas actuales de colonialismo en la comisión de descolonización de la ONU. Venía de votar en contra de la resolución del organismo que declaró al esclavismo como “el crimen más grande contra la humanidad”.
Queda claro que Argentina vota a favor del colonialismo y esclavismo en pos de un alineamiento pasivo e incondicional con la potencia hegemónica y seguidismo diplomático con el occidente liderado por Estados Unidos y el Israel de Netanyahu, quienes no trepidan en desplegar el genocidio en Gaza. Los exministros Jorge Taiana y Daniel Filmus rechazaron la postura del Gobierno argentino, señalando la contradicción insalvable entre la defensa de nuestra soberanía y las posturas en la ONU. Filmus declaró que los aliados históricos de nuestro país, en cambio, votaron a favor, de allí que se debiera privilegiar nuestra causa histórica de Malvinas, sosteniendo las tradicionales posiciones concordantes con tantos países que nos apoyan. Coincidentemente, el Gobierno chino decidió rechazar la intromisión de Estados Unidos en América Latina y el Caribe, convocando a potenciar el multilateralismo. En ese marco criticó “firmemente el bloqueo a Cuba por parte de la administración Trump”. El comunicado impugna el injerentismo de “cierto funcionario estadounidense (el embajador Lamelas) que continúa sus ataques al Partido Comunista Chino y a su Gobierno”. La confrontación quedó expuesta públicamente.
El improvisado canciller argentino Pablo Quirno aprovechó para fijar doctrina: “El presidente Milei defiende los valores occidentales basados en la civilización judeocristiana, identificando la trascendencia de la tradición histórica cultural y los valores morales y religiosos del judaísmo y cristianismo”, con los delirios fundamentalistas de Trump y Milei. La vida cotidiana del pueblo continúa en franco deterioro. Los precios siguen para arriba, particularmente la carne y los alimentos en general, las tarifas de gas, electricidad y agua; inclusive se comprueba que los empresarios monopólicos retornan a su impulso de remarcar precios, a pesar de la caída de las ventas y la venida destructiva de importaciones. Para esta conducta se inspiran en aquel axioma de míster Braun de La Anónima: “Para ser sinceros, remarcamos precios todos los días”.
En julio se cumplieron 14 meses consecutivos de desplome del empleo privado registrado y continúa la baja de la actividad económica, particularmente en la industria y las pymes. Además, es indetenible el deterioro del salario, tanto del sector privado como del público, y de las jubilaciones. En suma, millones de ciudadanos, desde los núcleos más humildes hasta las clases medias, están penando para sobrevivir y llegar a fin de mes, aunque el presidente reitere sus burlas sobre estos padecimientos de tanta gente.
Por su parte, la oposición valora y celebra las notables movilizaciones populares en todas las ciudades del país. En tal sentido, la maniobra gubernamental de difundir imágenes de vandalismo y caos fabricado por sus propios servicios, no logra alterar la enorme energía expresada en calles y plazas. Esta valiosa dinámica política fortalece la perspectiva de la presencia opositora al proyecto ideológico y al modelo económico del establishment local, que sigue medrando de los favores del Gobierno y del trumpismo con sede en Washington, aunque con epicentro en Miami, transformada en una moderna Babilonia bíblica del lujo, la corrupción moral y agresiones políticas hacia los países del Continente.
La celebración del 17 de octubre dio lugar a diversas expresiones sobre los retos de la oposición ante la actual ofensiva de la ultraderecha contra los derechos sociales del pueblo y la perspectiva electoral del año próximo. Si bien resultan valiosas las declaraciones acerca de la necesidad vital de construir unidad en un frente amplio, como así también debatir la formulación de una propuesta de fondo; lo cierto es que en los hechos, desde hace tres años continúan las polémicas al interior de la fuerza política principal del campo popular, con sus consabidos señalamientos elípticos que se pierden en instantes, postergando la imperiosa necesidad de unión para ganar fuerza. Se argumenta que “el año que viene todo se ordenará”, lo cual expresa un inconducente sofisma conformista.
No se trata de la crítica romántica a los afanes por candidaturas, ya que las disputas por las representaciones están en la naturaleza de la política, sino de defender al pueblo y la nación asumiendo la responsabilidad histórica de dar vida a una alternativa política esperanzadora. Ya es tiempo, atendiendo a que la derecha local y neocolonial no cesa en sus afanes de cumplir con “su misión histórica” conservadora de regresar al país a un siglo y medio atrás.
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