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Nevaco Global
17 de agosto de 2026

El otro control de Trump sobre América Latina: la visa

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Como parte de su enfoque expansionista hacia el hemisferio occidental, el gobierno del presidente Trump intenta reafirmar su dominio, una visa estadounidense a la vez

Cuando las autoridades chilenas firmaron una autorización para un cable submarino de 19.300 kilómetros que conectaría al país con Hong Kong, estaban entusiasmadas. Afirmaron que el proyecto chino impulsaría la conectividad nacional e incluso llegaría a la remota Isla de Pascua de Chile.

Pero el ánimo cambió de manera abrupta más tarde ese mismo día de enero, después de que un alto funcionario de la embajada de Estados Unidos en Santiago se reuniera con Guillermo Petersen, jefe de gabinete de la Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile. Según Petersen, el funcionario estadounidense advirtió que el proyecto podría aumentar el riesgo de ciberataques chinos y que, si Chile seguía adelante, Estados Unidos impondría una prohibición de viaje no solo a los funcionarios involucrados, sino también a sus cónyuges e hijos.

En toda América Latina, el gobierno de Donald Trump ha desplegado tácticas agresivas para reforzar su control sobre la región. Entre ellas se incluyen aranceles paralizantes y sanciones económicas, ataques a decenas de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, la intromisión en elecciones extranjeras, y la captura del presidente de una nación en su propia capital.

Pero una de sus herramientas más ágiles y precisas es también profundamente personal: la visa estadounidense.

La reunión en Chile duró apenas seis minutos, dijo Petersen. Pero eso fue suficiente para persuadir a su gobierno de suspender el proyecto.

Claudio Araya, quien en ese entonces era el subsecretario de Telecomunicaciones de Chile dijo este mes que básicamente se trató de una amenaza.

El embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, dijo en un comunicado que estas medidas “no fueron una sorpresa”, ya que se produjeron tras años de discusiones sobre el tema.

Las sanciones en materia de visas, dijo Judd, “no tienen como objetivo castigar, sino cambiar el comportamiento”. Añadió: “En este caso, hicieron exactamente eso”.

Según los expertos, los permisos de viaje —que en el pasado se utilizaban típicamente para evitar amenazas a la seguridad, combatir la corrupción o defender las instituciones democráticas— se han convertido en un arma bajo el actual Departamento de Estado. El gobierno de Estados Unidos ha revocado visas para actuar contra líderes extranjeros, embajadores y otros funcionarios, jueces y periodistas, entre otros, mientras que, de manera discreta, ha restablecido las visas de algunos aliados afines.

El gobierno de Trump ha sido claro sobre sus intenciones de utilizar esta herramienta en América.

En un comunicado emitido en abril, el Departamento de Estado anunció que había ampliado su política de restricción de visas para apuntar a aquellas personas del hemisferio occidental que “realizan actividades contrarias a los intereses de Estados Unidos y que los socavan”.

Washington ha utilizado su estrategia de visas para perseguir diversos objetivos. En algunos países, Estados Unidos ha buscado reemplazar la presencia de China con la suya propia. En otros, ha recompensado a socios de derecha que se le someten, incluso castigando a sus enemigos políticos. En otros lugares, ha presionado a los gobiernos para que cedan ante las exigencias de Estados Unidos o ha penalizado a quienes cuestionan sus políticas.

Este mes, el gobierno de Trump revocó la visa de María Luiza Ribeiro Viotti, la embajadora brasileña en Washington, como medida de represalia ante la demora de Brasil en aprobar al candidato a embajador del presidente Trump y por negarle la entrada a varios otros diplomáticos estadounidenses. El gobierno estadounidense ya le había retirado el visado a un juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil por procesar al expresidente Jair Bolsonaro, un aliado de Trump .

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