LA HABANA — Cada jueves y domingo, al mediodía, decenas de personas hacen fila a la entrada de un edificio en la zona del Vedado de esta ciudad cubana. Ahí, Laura Mendoza los recibe para entregarles medicamentos que le encargaron mediante la aplicación de mensajería WhatsApp.
Son fármacos como cetirizina, un antihistamínico; timolol, para la glaucoma, o gentamicina, un tipo de antibiótico. Mendoza los ofrece de manera gratuita.
Dirige una farmacia comunitaria, un mecanismo que ella y otros han encontrado para buscar sortear el desabastecimiento de medicamentos en la isla en medio de la crisis económica de larga data, agravada por el cerco financiero y energético que impulsa el actual Gobierno estadounidense.
El desabasto y escasez se han hecho notar en las farmacias estatales, que por mucho tiempo fueron la única vía para conseguir medicamentos a precios subsidiados. Muchas de esas farmacias hoy lucen vacías. Y, en su lugar, han surgido las ventas por WhatsApp o Telegram, puestos callejeros e iniciativas como la de Mendoza, llamada “La medicina no se vende”.
En el pasado, a decir de Mendoza, un mecanismo privado como este hubiera sido castigado por el régimen castrista dado el control estatal que ha tenido como política económica desde la Revolocuón. “En otra época nos hubiesen prohibido completamente lo que estamos haciendo. Pero en la situación que está atravesando el país, a nosotros nos apoyan”, aseguró Mendoza, que ejerce como dentista.
De hecho, el régimen cubano publicó una serie de decretos en julio para promover “medidas que facilitan la participación de los actores económicos no estatales en la economía del país”.
Entre ellos está buscar facilitar la gestión de farmacias privadas.
Que en la actualidad son especialmente cruciales para la gente cubana. El proyecto de Mendoza recibe donativos de grupos humanitarios de Canadá y de Estados Unidos, y además coopera con la iniciativa católica Cáritas.
Dijo que hay cinco grupos en WhatsApp para este propósito en La Habana, y que hace poco comenzaron a operar uno en Guanabo, al este de la capital.
Según Mendoza, hay un centenar de proyectos como el suyo actualmente en La Habana. Se surten tanto con los donativos de ONG como de gente de a pie que los manda por avión desde otros lugares o que los lleva en la maleta después de hacer un viaje.
Con ello, la gente puede no solamente “apoyarse de la farmacia principal, que es esta”, sino ayudarse “entre ellas”, aseguró.
Estos proyectos incluso han encontrado maneras para que personas que no pueden acudir en persona a recoger su medicina la reciben cortesía de algún voluntario.
La importancia de que haya proyectos donde el reparto es gratuito es clave porque mucha gente “no podrían pagar nunca un medicamento en una farmacia privada”, dijo Mendoza.
Esas farmacias que operan de manera informal suelen tener precios “altísimos”, de acuerdo con Cristina Díaz, profesora de física que este mes acudió al proyecto comunitario de Mendoza para conseguir clonazepam para un familiar.
El Ministerio de Salud Pública de Cuba prevé 603 medicamentos que considera básicos para subsidiar, pero actualmente solo hay disponibilidad de una tercera parte porque el resto (unos 395) suelen ser fabricados por laboratorios cubanos estatales que necesitan importar ingredientes.