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Nevaco Global
26 de octubre de 2026

La travesía argentina que desafió los límites del planeta

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Hace 61 años, diez expedicionarios partieron desde una base antártica con una misión extraordinaria: alcanzar el Polo Sur por tierra.

El 26 de octubre de 1965, una expedición del Ejército Argentino inició desde la Base General Belgrano, en la Antártida, una travesía destinada a alcanzar el Polo Sur Geográfico mediante vehículos terrestres. La misión, denominada Operación 90, estuvo encabezada por el entonces coronel Jorge Edgard Leal y reunió a diez hombres que debieron atravesar una de las regiones más inhóspitas del planeta. Después de 66 días de operaciones y un recorrido cercano a los 3.000 kilómetros, la patrulla completó una de las expediciones más importantes de la historia antártica argentina.

Este lunes se cumplen 61 años del comienzo de aquella misión, que tuvo como objetivo ampliar el conocimiento geográfico y científico del territorio antártico, además de fortalecer la presencia argentina en el continente blanco. La operación recibió su nombre por los 90 grados de latitud sur que identifican al Polo Sur Geográfico, el punto hacia el cual se dirigieron los expedicionarios desde una base ubicada sobre la barrera de hielos Filchner.

La expedición se desarrolló en una época en la que las posibilidades de comunicación, navegación y asistencia eran considerablemente más limitadas que las actuales. Los integrantes de la patrulla debían avanzar sobre extensas superficies congeladas, atravesar sectores con grietas ocultas y enfrentar temperaturas extremadamente bajas. A esas dificultades se sumaban las tormentas de nieve, los fuertes vientos y las irregularidades del terreno, que complicaban el desplazamiento de los vehículos y aumentaban el riesgo de quedar inmovilizados lejos de cualquier instalación permanente.

Para realizar el recorrido fueron utilizados seis vehículos oruga Snow-Cat, preparados para desplazarse sobre nieve y hielo, acompañados por trineos que transportaban combustible, alimentos, herramientas y materiales indispensables para la supervivencia. La autonomía de los equipos resultaba fundamental, ya que cualquier desperfecto mecánico podía comprometer el avance de toda la patrulla. El combustible también constituía una preocupación permanente, porque las condiciones del terreno podían incrementar el consumo previsto y reducir las reservas necesarias para completar el viaje.

La misión había requerido una preparación previa que incluyó el reconocimiento de rutas, el traslado de provisiones y la instalación de puntos de apoyo. Durante los meses anteriores, el personal antártico trabajó para establecer una base avanzada y estudiar las características del terreno que debía atravesarse. Aquellas tareas permitieron organizar la logística de una expedición que no solamente dependía de la resistencia de sus integrantes, sino también de la capacidad para mantener en funcionamiento los equipos durante semanas de aislamiento.

Junto a Leal participaron oficiales y suboficiales especializados en distintas tareas. Entre ellos se encontraba el capitán Gustavo Adolfo Giró Tapper, responsable de las actividades científicas, además de personal capacitado en mecánica, topografía y comunicaciones. La diversidad de funciones resultaba indispensable para una operación que combinaba exploración, investigación y supervivencia en condiciones extremas, donde cada integrante debía contribuir al mantenimiento de los vehículos y al cumplimiento de los objetivos establecidos.

A medida que la patrulla avanzaba hacia el interior del continente, sus integrantes debieron superar numerosos obstáculos naturales. Uno de los principales problemas fueron los llamados sastrugis, formaciones de nieve endurecida y moldeada por el viento que generan superficies irregulares y dificultan la circulación. También enfrentaron sectores con grietas y condiciones meteorológicas que obligaban a detener la marcha, evaluar alternativas y reorganizar el recorrido antes de continuar hacia el sur.

La expedición tenía, además, una finalidad científica. Durante el desplazamiento se realizaron observaciones y mediciones vinculadas con la meteorología, la glaciología y la gravimetría, disciplinas que permiten estudiar las condiciones atmosféricas, las masas de hielo y las características físicas del territorio. Los datos obtenidos contribuyeron al conocimiento de una región que, a mediados del siglo XX, todavía presentaba enormes dificultades para su exploración sistemática.

Después de varias semanas de desplazamiento, los expedicionarios alcanzaron finalmente el Polo Sur Geográfico el 10 de diciembre de 1965. Allí izaron la bandera argentina y concretaron el objetivo central de una operación que había demandado años de planificación y un importante esfuerzo humano y logístico. La llegada representó un acontecimiento destacado para la actividad antártica nacional, aunque la misión todavía no había terminado: los hombres debían regresar a la base desde la cual habían partido.

El retorno también exigió atravesar grandes distancias bajo condiciones adversas. Los expedicionarios continuaron utilizando los vehículos y las instalaciones de apoyo previstas durante la planificación, hasta completar el recorrido de regreso a la Base General Belgrano el 31 de diciembre de 1965. Con su llegada concluyó una operación que había mantenido a la patrulla durante más de dos meses en una de las regiones más aisladas del planeta.

La Operación 90 se incorporó a una historia de exploración argentina que había comenzado varias décadas antes. Desde 1904, con el establecimiento de la presencia permanente en las islas Orcadas del Sur, el país desarrolló actividades científicas y logísticas en la Antártida. Durante el siglo XX, esas tareas se ampliaron mediante la construcción de bases, las expediciones terrestres y los vuelos de reconocimiento, en un contexto de creciente interés internacional por la investigación del continente.

La llegada al Polo Sur por tierra fue uno de los resultados de ese proceso. También permitió demostrar la capacidad de una patrulla argentina para organizar y completar una expedición de gran complejidad, con recursos técnicos propios de la época y en un ambiente donde las condiciones naturales imponían límites permanentes. La experiencia de los diez integrantes quedó registrada en documentos, fotografías y testimonios que forman parte del patrimonio histórico antártico del país.

A 61 años de la partida del 26 de octubre de 1965, la Operación 90 permanece como un capítulo destacado de la exploración argentina. Aquellos hombres recorrieron miles de kilómetros sobre el hielo, realizaron investigaciones científicas y alcanzaron uno de los puntos geográficos más difíciles del planeta, en una travesía que comenzó en la Base Belgrano y concluyó allí mismo el último día de aquel año.

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