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Nevaco Global
14 de junio de 2026

Panamá: el país que el mundo debería mirar para establecer empresas, no solo para invertir

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Durante años, Panamá ha sido reconocido como un destino estratégico para la inversión. Pero hoy las empresas, además de evaluar dónde pueden crecer, también toman en consideración qué tan rápido pueden empezar a operar, cuánto tarda una apertura y qué ecosistema les permite escalar con menos fricción.

En ese contexto, las zonas francas se han convertido en una de las plataformas más competitivas del país para atraer inversión extranjera, especialmente en sectores como logística, manufactura liviana, tecnología y servicios modernos.

Solo en el segundo semestre de 2024, 19 nuevas empresas se incorporaron al régimen de zonas francas panameño (MICI, 2024). Lo significativo no es solo el capital que traen, sino lo que representan: un flujo creciente de compañías, muchas de ellas mipymes, que generan inversión indirecta e inducida, transfieren tecnología y conectan a Panamá con nuevas ideas y mercados.

Los incentivos fiscales son solo una parte de la ecuación. El verdadero diferencial está en la capacidad de acelerar operaciones. Para una empresa internacional, el tiempo es uno de los activos más costosos. Mientras en otros países de la región una expansión puede tomar meses de permisos y estructuración, Panamá ha construido un ecosistema que facilita instalarse, contratar, importar, exportar y comenzar operaciones con mayor rapidez.

Sin embargo, esa ventaja tiene matices. Si bien Panamá es más ágil que muchos países latinoamericanos, al compararse con mercados como los Emiratos Árabes Unidos, Singapur o Hong Kong, el país aún enfrenta retos de burocracia y velocidad. Estos centros no solo ofrecen procesos más simples, sino que operan de forma bilingüe, permitiendo gestionar trámites en inglés con total fluidez. Panamá tiene la oportunidad de cerrar esa brecha, y ya existen conversaciones entre el sector privado y el gobierno para avanzar en esa dirección.

La ventaja competitiva se fortalece con la conectividad. Panamá no compite únicamente por su ubicación geográfica, sino por la integración de su plataforma logística: el Canal de Panamá, puertos en ambos océanos, el principal hub aéreo de América Latina, zonas logísticas, un ecosistema financiero dolarizado y un sistema legal que ofrece seguridad física y jurídica, brindando confianza a los inversionistas. Distintas estimaciones indican que las zonas económicas especiales ya aportan más del 10% del PIB panameño (APEDE).

Un aspecto que merece especial atención es el potencial de Panamá como plataforma de exportación no solo de productos, sino también de servicios desde sus zonas francas, lo que lo convierte en un destino atractivo para empresas de servicios, marketing, tecnología, datos y diseño. En esa línea, el MICI impulsa la Estrategia Nacional de Exportaciones de Servicios Modernos de Panamá, un marco que busca fortalecer las condiciones para atraer a este tipo de compañías y acelerar la llegada de nuevas tecnologías y talento especializado.

Las empresas hoy necesitan flexibilidad: estructuras capaces de adaptarse a nuevos mercados, cambios regulatorios y transformaciones tecnológicas. Panamá ha logrado articular incentivos fiscales, procesos migratorios especializados y esquemas operativos que facilitan la expansión internacional. Sin embargo, este ecosistema no se sostiene únicamente desde el sector público: también requiere actores del sector privado que traduzcan las ventajas jurídicas, económicas y fiscales del país en operaciones concretas. En ese marco, distintas plataformas y proveedores especializados han acompañado a compañías que buscan utilizar Panamá como base regional, ayudándolas a reducir fricciones operativas y acelerar su implementación.

Muchos países ofrecen incentivos, pero pocos logran convertirlos rápidamente en operaciones en funcionamiento. Ahí es donde Panamá mantiene una ventaja relevante.

El contexto internacional favorece esa tendencia. El nearshoring y la necesidad de cadenas logísticas más resilientes están llevando a muchas empresas a buscar plataformas regionales más eficientes. Panamá puede capitalizar ese movimiento gracias a su estabilidad monetaria, conectividad y modelo de zonas francas en evolución. Pero todavía existen desafíos: la competitividad no puede depender únicamente de incentivos fiscales; también requiere fortalecer talento, digitalización, agilidad institucional, velocidad y simplicidad en los procesos, y avanzar hacia el bilingüismo operativo que permita a empresas de fuera de Latinoamérica gestionar sus trámites en inglés.

Para capitalizar la oportunidad, Panamá necesita promoverse de manera más agresiva como destino de expansión empresarial. Hoy, muchas compañías en Estados Unidos, Europa y otros mercados latinoamericanos aún no lo consideran entre sus primeras opciones al evaluar una operación regional.

Panamá ya tiene las condiciones: conectividad, dolarización, infraestructura logística y zonas francas. Pero competir globalmente implica construir posicionamiento internacional. La próxima etapa requiere una estrategia coordinada entre Estado, gremios y ecosistema empresarial para proyectar al país no solo como un hub logístico, sino como el centro regional desde donde las empresas deciden construir su próxima etapa de crecimiento.

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