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Nevaco Global
16 de julio de 2026

Dólar, reservas e inversión: las luces amarillas que aparecen en el programa económico

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En un encuentro virtual organizado por la firma S&C Inversiones para empresarios, ejecutivos e inversores el economista Esteban Domecq, director de la consultora Invecq, trazó una foto que trazó combina un «trilema» de objetivos que compiten entre sí, el final de un ciclo cambiario favorable y una cuenta de inversión que retrocede justo cuando debería estar traccionando la recuperación.

El trilema que no da tregua. Domecq insistió en que la economía argentina transita, y va a seguir transitando al menos hasta fines de 2027, una tensión entre tres objetivos difíciles de cumplir en simultáneo: sostener el ordenamiento macroeconómico, seguir bajando la inflación y recomponer el nivel de actividad. De los tres vértices, señaló, hay uno que el Gobierno no puede resignar: el proceso de normalización, que definido como la variable que ordena toda la política económica hasta 2027. Eso implica que, cuando aparecen tensiones, suelen resolverse a costa de la inflación o de la actividad, nunca del equilibrio macro.

Un "círculo virtuoso" cambiario que empieza a agotarse. Uno de los ejes centrales de la charla fue el diagnóstico sobre el tipo de cambio. Según explicó, desde octubre del año pasado la Argentina venía transitando un "círculo virtuoso cambiario", con el dólar cediendo mes a mes gracias a un resultado electoral favorable, un contexto internacional benigno, fuerte colocación de deuda de empresas y provincias, y una política monetaria muy contractiva. Ese proceso llevó el tipo de cambio real a una zona históricamente baja, similar a la de la convertibilidad previa a la devaluación de Brasil de 1999 o a los primeros dos años del gobierno de Mauricio Macri.

Pero, advirtió, esa dinámica está llegando a su fin. Los indicios: el Banco Central compra cada vez menos dólares en el mercado de cambios, y el tipo de cambio, que venía cayendo en términos nominales hasta abril, empezó a flotar en mayo y a subir en junio y julio. El economista fue categórico al señalar que ese cambio de tendencia va a generar cierto "ruido inflacionario" en los próximos meses, aunque también podría ayudar a dinamizar el mercado interno.

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De hecho, dentro de la city hay dos lecturas contrapuestas sobre dónde estará el dólar a fin de año: un bloque de analistas lo ubica entre 1.500 y 1.600 pesos, apostando a que el círculo virtuoso continúa, mientras que Invecq forma parte del bloque que proyecta una recomposición del tipo de cambio real hacia una banda de 1.800 a 2.000 pesos, en un formato que Domecq describió como "no traumático" pero real.

Reservas: la meta se cumple, pero la exigencia crece. En materia de reservas, Domecq reconoció que la meta de junio con el FMI se cumplió holgadamente, tras un desvío de casi 18.000 millones de dólares respecto del objetivo original de 2025. Hoy las reservas brutas rondan los 48.000 millones de dólares, pero las netas son de apenas 8.500 millones, y si se descuenta el aporte del propio FMI, el resultado es negativo en unos 3.000 millones. El programa financiero presentado el 6 de julio, centrado en la deuda en dólares del Tesoro, despeja incertidumbre sobre vencimientos, pero según sus propios cálculos deja una presión adicional sobre el mercado de cambios de unos 20.000 millones de dólares de acá a diciembre de 2027.

A eso se suma un contexto internacional más adverso: la tregua en Medio Oriente se rompió, el petróleo volvió a subir y la Reserva Federal, que hasta hace pocos meses tenía margen para bajar tasas, hoy enfrenta la posibilidad de tener que subirlas antes de fin de año. Para una Argentina que necesita volver a los mercados de capitales internacionales, ese giro monetario global complica los tiempos.

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El otro llamado de atención: la inversión no arranca. El segundo gran punto de alerta que remarcó Domecq fue la inversión. El año pasado, junto con las exportaciones, había sido uno de los motores de la recuperación, con un crecimiento cercano al 16%. Este año, en cambio, Invecq proyecta una retracción, explicada en gran medida por el freno de la construcción —que representa cerca del 40% de la cuenta de inversión— y por una salida «mucho más anémica» de lo esperado tanto en la obra pública como en la privada.

A eso se añade un componente cíclico: si bien conviven anuncios de inversión bajo el RIGI en sectores expansivos, también hay señales de desinversión, con caídas en la importación y venta de maquinaria, reflejo directo del freno del mercado interno en los últimos trimestres. Domecq espera que la inversión recupere parte de la senda positiva recién el año que viene, pero remarcó que, junto con el sector externo, debería ser uno de los dos motores principales de esta etapa de la recuperación, y hoy no lo está siendo.

El balance de riesgos. En conjunto, el diagnóstico que dejó Domecq combina reconocimiento de logros —normalización fiscal, superávit de cuenta corriente transitorio, acceso a financiamiento privado— con una serie de riesgos concretos: un esquema cambiario que empieza a mostrar signos de agotamiento, una meta de acumulación de reservas cada vez más exigente y una inversión que, lejos de traccionar, se convirtió en la principal incógnita para sostener la recuperación en los próximos meses.

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