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La revisión sexenal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) dejó una conclusión que conviene analizar con serenidad y no desde el alarmismo: Donald Trump decidió no extender automáticamente el acuerdo por otros 16 años, pero tampoco cumplió con la amenaza que durante meses generó incertidumbre en los mercados: retirar a Estados Unidos del tratado.
Washington confirmó que el T-MEC continuará vigente hasta 2036 y que durante ese periodo habrá revisiones anuales para atender las preocupaciones planteadas por las tres partes. Es un escenario distinto al originalmente previsto, pero infinitamente mejor que una ruptura del acuerdo comercial más importante de América del Norte.
Durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, explicó que la revisión anual no significa una renegociación permanente del tratado, sino un mecanismo para resolver diferencias hasta que exista consenso para extender nuevamente su vigencia por otros 16 años. Incluso afirmó que esa renovación puede ocurrir en cualquier momento antes de 2036 si las partes alcanzan acuerdos suficientes.
Más allá de la explicación técnica, el mensaje político fue claro: México evitó el peor escenario.
Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha dejado claro que su prioridad ya no es el libre comercio, sino la protección de la industria estadounidense.
No lo ha ocultado desde que asumió nuevamente la Presidencia.
Y tampoco lo hizo durante la reunión virtual de revisión del T-MEC.
La posición de Washington sigue siendo la misma: considera que Estados Unidos perdió empleos manufactureros y acumuló déficits comerciales excesivos con México y Canadá. Bajo esa lógica pretende rediseñar sus relaciones económicas con prácticamente todo el mundo.
La diferencia es que México no enfrenta esta ofensiva en las mismas condiciones que la mayoría de los países.
Mientras más de un centenar de economías siguen esperando conocer los nuevos aranceles que impondrá Washington, México conserva un tratado vigente y mantiene acceso preferencial al mayor mercado del planeta.
Esa es, probablemente, la mayor fortaleza de la negociación encabezada por el gobierno mexicano.
Marcelo Ebrard fue particularmente enfático al reconocer que la estrategia diseñada por la presidenta Claudia Sheinbaum permitió llegar a este punto.
Según explicó, desde hace casi dos años México comenzó conversaciones técnicas con Estados Unidos para identificar y resolver los temas que preocupaban a Washington, siempre dentro de los límites que marcan la Constitución y los intereses nacionales.
La instrucción presidencial, dijo el secretario, fue sencilla pero estratégica: dialogar, escuchar y resolver todo aquello que fuera posible sin comprometer la soberanía del país.