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Nevaco Global
21 de octubre de 2026

ASML, el poder europeo que condiciona la carrera de los microchips

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Los controles de exportación sobre la tecnología de litografía neerlandesa revelan hasta qué punto la producción de chips avanzados depende de una maquinaria difícil de sustituir.

La carrera mundial por la inteligencia artificial tiene una paradoja que suele pasar inadvertida: Estados Unidos alberga a algunas de las empresas más poderosas del sector, pero la fabricación de sus procesadores más avanzados depende de una cadena industrial internacional. En esa estructura, ASML, el fabricante neerlandés de equipos de litografía, ocupa una posición excepcional. Sus máquinas permiten imprimir circuitos diminutos sobre obleas de silicio y resultan indispensables para producir los semiconductores más sofisticados. Por eso, las restricciones a sus exportaciones no son un asunto comercial menor, sino una herramienta con consecuencias para el equilibrio tecnológico mundial.

El protagonismo de ASML se explica por su dominio de la litografía ultravioleta extrema, conocida como EUV. Esta tecnología permite fabricar circuitos con una precisión extraordinaria y es fundamental para las generaciones más avanzadas de chips. Sus equipos son complejos, costosos y difíciles de producir, con componentes que dependen de una red especializada de proveedores. No existe una alternativa inmediata que permita sustituirlos sin consecuencias para la capacidad de fabricación. Esa posición convierte a la compañía neerlandesa en un actor estratégico para Estados Unidos, Europa y Asia, en un momento en el que los semiconductores son esenciales para la inteligencia artificial, la defensa y las telecomunicaciones.

La tensión se encuentra en los controles de exportación que los Países Bajos y la Unión Europea aplican a determinadas tecnologías de fabricación. Las medidas no suponen una prohibición general de vender maquinaria a empresas estadounidenses: afectan a equipos y destinos concretos, y las licencias se evalúan conforme a las reglas vigentes. El foco geopolítico se ha situado especialmente en China, por el temor a que el acceso a equipos avanzados fortalezca sus capacidades militares y tecnológicas. Sin embargo, la regulación también evidencia que Europa conserva instrumentos relevantes para influir en una industria dominada por una intensa competencia internacional.

La repercusión alcanza a Nvidia, aunque de forma indirecta. La empresa estadounidense diseña procesadores para inteligencia artificial, pero encarga la fabricación de gran parte de sus chips avanzados a fundiciones externas, especialmente TSMC, en Taiwán. Estas compañías necesitan equipos de litografía y otras herramientas especializadas para fabricar los diseños más complejos. Si las restricciones alteran la disponibilidad de maquinaria, su mantenimiento o la expansión de determinadas plantas, pueden modificar los planes de producción y la capacidad futura de suministro. No significa que una licencia denegada a ASML paralice automáticamente a Nvidia, sino que las decisiones sobre equipos industriales pueden repercutir en toda la cadena.

Según el informe anual de ASML presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, los controles de exportación constituyen un riesgo relevante para su negocio, porque pueden modificar el volumen, la composición y los plazos de sus ventas. La empresa debe cumplir las normas neerlandesas, europeas y estadounidenses que resulten aplicables a cada operación. En noviembre de 2025, la Unión Europea incorporó a su lista común determinados controles neerlandeses sobre equipos de fabricación de semiconductores, incluidos algunos sistemas de litografía DUV de inmersión cuando se exportan fuera del bloque. La medida amplió el marco europeo, aunque para ASML varios de esos equipos ya estaban sujetos a licencias nacionales.

La diferencia entre EUV y DUV resulta importante para comprender el alcance de las restricciones. Los sistemas EUV son esenciales para fabricar los chips lógicos más avanzados y sus exportaciones ya estaban sometidas a controles específicos. La litografía DUV, por su parte, continúa utilizándose ampliamente en numerosos procesos y generaciones de semiconductores. Algunas máquinas DUV de inmersión también requieren licencias para determinados destinos. Por eso, hablar de un bloqueo absoluto de la maquinaria europea simplifica una realidad más compleja: existen tecnologías distintas, niveles de control diferentes y decisiones que dependen del equipo, el país de destino y el uso previsto.

Para las empresas estadounidenses, el problema no consiste tanto en perder de inmediato el acceso a una máquina concreta como en la vulnerabilidad que revela la cadena de suministro. Nvidia puede diseñar un procesador competitivo, pero su comercialización depende de que los fabricantes dispongan de capacidad productiva, equipos, materiales y procesos avanzados. Una limitación que afecte a la expansión de una fundición puede condicionar la disponibilidad futura de chips y, con ella, la instalación de nuevos centros de datos. En una industria donde la demanda de aceleradores de IA crece con rapidez, cualquier obstáculo que retrase la ampliación de capacidad puede adquirir un valor económico considerable.

La política de exportaciones también se ha convertido en un elemento de negociación entre aliados. Washington ha impulsado restricciones para impedir que China acceda a determinadas tecnologías de fabricación y ha buscado coordinar esas medidas con los Países Bajos y otros socios. Pero la cooperación no elimina las diferencias de intereses. ASML necesita vender sus equipos a una clientela internacional, mientras que los gobiernos deben ponderar la seguridad nacional, la competitividad industrial y el impacto de limitar el comercio. Las decisiones tienen consecuencias para los ingresos de las empresas, las inversiones de las fundiciones y la posición estratégica de Europa en una industria que considera esencial.

Al mismo tiempo, las restricciones pueden incentivar a China a acelerar el desarrollo de alternativas nacionales. Crear equipos capaces de competir con la litografía más avanzada exige años de investigación, una red de proveedores especializados y una enorme acumulación de conocimiento industrial. No obstante, las limitaciones externas también pueden impulsar inversiones que, de otro modo, avanzarían más lentamente. La política de controles persigue frenar determinadas capacidades a corto plazo, pero debe convivir con el riesgo de estimular una mayor autosuficiencia tecnológica entre los países afectados. Ese equilibrio explica por qué las medidas de exportación son objeto de debate constante entre gobiernos y empresas.

La dimensión económica de ASML se refleja también en la demanda mundial de sus equipos. El 15 de octubre de 2026, Reuters informó de que la compañía esperaba que la oferta de maquinaria continuara por debajo de la demanda en 2027 y 2028, impulsada por la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial. Esa presión demuestra que el principal desafío no procede únicamente de las restricciones comerciales: también existe una dificultad industrial para fabricar suficientes equipos y atender los planes de ampliación de las fundiciones. La capacidad de producción, los plazos de entrega y las decisiones regulatorias se combinan así para determinar quién podrá aumentar su fabricación de chips y a qué ritmo.

La batalla por los semiconductores demuestra que el poder tecnológico no reside exclusivamente en las empresas que diseñan los productos más conocidos. También está en manos de quienes fabrican los equipos, desarrollan los materiales y controlan los procesos industriales sin los cuales la innovación no puede convertirse en producción masiva. ASML representa una de esas posiciones estratégicas que Europa puede utilizar para defender sus intereses, aunque ejercer ese poder implica asumir consecuencias comerciales y diplomáticas. Para Nvidia y el resto de la industria estadounidense, la lección es clara: la ventaja en el diseño no garantiza por sí sola el control de toda la cadena de suministro.

La maquinaria neerlandesa se ha convertido, en definitiva, en una pieza central de la geopolítica de los microchips. Las restricciones no equivalen a un veto general contra las empresas estadounidenses, pero sí muestran cómo las licencias de exportación pueden influir en la competencia entre potencias y en las decisiones de inversión de los fabricantes. En plena expansión de la inteligencia artificial, controlar la tecnología necesaria para producir procesadores avanzados significa disponer de una influencia que va mucho más allá de las ventas de una compañía. La soberanía tecnológica no depende solo de quién diseña el chip, sino también de quién posee las herramientas para hacerlo realidad. @mundiario

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