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Nevaco Global
5 de septiembre de 2026

El silencio de Planas sobre Ceuta: la agricultura, clave en la crisis con Marruecos

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Horas antes de que Ceuta quedase expuesta a la invasión de decenas de miles de inmigrantes, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, estaba en la Embajada de Marruecos en Madrid. Fue el único ministro del Gobierno que acudió a la recepción del Día del Trono el pasado 30 de julio. Mientras tanto, al otro lado del Estrecho, ya se estaba fraguando uno de los episodios más graves de la historia reciente de España.

Poco después, la ciudad autónoma quedaba invadida por más de 70.000 personas. Decenas de miles de inmigrantes se dirigieron hacia la frontera desde territorio marroquí en un asalto masivo coordinado por agentes del país alauita, según un informe de la Policía Nacional. En apenas unas horas, Ceuta quedó desbordada y las Fuerzas de Seguridad tuvieron que hacer frente a una avalancha sin precedentes sin apenas recursos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se presentó allí en una visita relámpago. Culpó a las mafias y defendió a Marruecos. Y apenas 105 minutos más tarde, se volvió a montar en el Falcon y se fue de vacaciones a La Mareta. Entonces, comenzó el desfile de ministros.

Fernando Grande-Marlaska, José Manuel Albares, Margarita Robles, Mónica García, Elma Saiz y Sira Rego… Llegó también el rosario de declaraciones, promesas y excusas con una constante: los elogios a Rabat y su fantástica colaboración. Todos tenían algo que decir. Todos, menos Planas.

El ministro de Agricultura desapareció. Más de un mes después de la invasión, sigue guardando silencio y todavía no ha explicado públicamente qué piensa de lo ocurrido ni ha valorado el papel de Rabat en el asalto. Y esto llama la atención porque Planas no es un ministro cualquiera cuando se habla de Marruecos.

Conoce el país desde dentro. Antes de sentarse en el Consejo de Ministros, fue embajador de España en Rabat, entre 2004 y 2010. Durante seis años ocupó uno de los destinos diplomáticos más sensibles para España y siguió desde primera línea la relación bilateral entre ambos países. Ahora, desde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, vuelve a ocupar una posición especialmente delicada frente a Marruecos, porque buena parte de la relación entre ambos países pasa por su mesa.

La agricultura, la pesca y el comercio agroalimentario son piezas esenciales de la relación con Rabat. Además, España es uno de los principales puntos de entrada de las mercancías de Marruecos en la Unión Europea, el gran mercado de sus productos agrícolas y pesqueros. Entre ambos países hay dinero, acuerdos y dependencia mutua. Y Planas conoce bien ese tablero.

También conoce sus riesgos. En 2022, su teléfono sufrió un intento de espionaje con Pegasus, pero, a diferencia de Sánchez, Robles y Marlaska, Planas se salvó: el intento de infectar su móvil no llegó a consumarse porque su terminal sí contaba con las actualizaciones de seguridad necesarias, según informó entonces el propio Gobierno.

Ahora, en el centro de la tormenta con Marruecos, Planas vuelve a estar en una posición singular y su silencio empieza a ser singularmente ruidoso. Y para entender qué significa ese silencio hay que mirar al campo y al mar, porque allí se encuentra una clave importante del particular juego de poder que España y Marruecos mantienen desde hace años.

Marruecos es un importante socio comercial de España, hasta el punto de que una de cada cinco de sus exportaciones llega a nuestro país. En lo que respecta al comercio agroalimentario y pesquero, Marruecos ocupa el puesto número 12 entre nuestros compradores (compran un 1,6% de lo que exportamos) y el octavo entre nuestros proveedores (nos suministran un 4% de lo que importamos) a nivel mundial. El saldo comercial es negativo, siempre rondando los 1.000 millones de euros desde al menos el año 2020, según el informe anual del MAPA con los datos de 2024 (los últimos publicados).

En el conjunto de la UE, las exportaciones a Marruecos alcanzaron los 3.795 millones de euros en el año 2024 (-6,7% con respecto a 2023). Las importaciones se situaron en los 5.212 millones de euros (+3,9% con respecto a 2023). Entre los países europeos que más importan los productos agroalimentarios marroquíes, España ocupa el primer puesto con una cuota del 42,3%, seguida de Francia (34,1%) e Italia (8,1%).

Buena parte de este intercambio se apoya en el Acuerdo de Asociación entre la UE y Marruecos, en vigor desde 2000. El régimen elimina los aranceles para buena parte de las mercancías y establece límites y condiciones específicas para algunos productos sensibles. El Tribunal de Justicia de la UE lo tumbó en octubre de 2024 al considerar que el pueblo del Sáhara Occidental no había dado su consentimiento. Pero la UE, con una estrategia que las asociaciones agrarias españolas calificaron como "trilerismo legislativo", terminó aprobando en 2025 un nuevo marco para que el acuerdo no decayese.

España también financia el sector agrícola marroquí y sus regadíos. En 2022, el Gobierno autorizó un préstamo de hasta 20 millones de euros a la financiera marroquí Jaida y, dos meses después, añadió una donación de un millón para asistencia técnica orientada a financiar cooperativas. A ello se suma el compromiso asumido en 2025 para utilizar instrumentos financieros españoles en proyectos hidráulicos en Marruecos, incluidas desaladoras. El Gobierno ha confirmado en 2026 que estos proyectos se financiarán mediante instrumentos españoles de apoyo a la internacionalización, aunque todavía no ha hecho pública la cuantía.

Y la pesca completa el entramado del pulso constante entre Marruecos, España y la UE. A día de hoy, la relación pesquera es inexistente: los barcos españoles no pueden ir a faenar allí. El último protocolo expiró en julio de 2023 y la posterior anulación judicial del acuerdo que incluía las aguas del Sáhara Occidental dejó sin acceso a los caladeros a la flota comunitaria. En enero, la UE autorizó a la Comisión a negociar un nuevo acuerdo con Marruecos y Planas sigue de cerca el proceso para defender los intereses españoles, pero por ahora no hay acuerdo cerrado ni barcos europeos faenando en esas aguas.

El tablero, por tanto, es enorme y complejo: miles de millones de euros en comercio, acuerdos que abren las puertas del mercado europeo a los productos marroquíes, financiación española, cooperación agrícola y un acuerdo pesquero que Madrid y Bruselas quieren recuperar. Y en el centro de la partida, está la cartera que dirige Luis Planas. Pero el ministro que conoce bien a Marruecos y que tiene en sus manos las principales bazas económicas de España ante Rabat, sigue guardando silencio.

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