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Nevaco Global
21 de septiembre de 2026

Cónsules honorarios: ¿dónde están los resultados para Honduras?

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Honduras tiene cónsules honorarios en distintas partes del mundo. La figura puede ser útil: con una persona con prestigio, relaciones empresariales y conocimiento del país donde vive puede abrir puertas que una embajada difícilmente consigue. Pero, precisamente por eso, debemos hacer una pregunta incómoda:

¿Qué ha obtenido Honduras a cambio de esa red de representaciones?

Los directorios oficiales consultados muestran, entre otros, a estos representantes: en Argentina, Roberto Blasco, Córdoba; en Brasil, Teresa Parodi, Curitiba; Norma Belinda Medina de Guerra, Recife; Fábio Ferraz Bicudo Júnior, São Paulo, y Manuel Lardizábal Rodríguez, Tubarão; en Bolivia, Iris Grisel Berlioz Abadie, Santa Cruz; en Colombia, Víctor Juan Yacamán Giacoman, Cartagena, y Roberto Basmagi Pérez, San Andrés; en Curazao, Lukas H. Meuter, Willemstad; en Ecuador, Esmeralda Rivera de Parodi, Guayaquil; en Paraguay, Carlos Plate, Asunción; y en Uruguay, Luis Ramón Ortiz Ramírez, Montevideo. (Marina Mercante HN⁠)

En Europa aparecen Irene Janssen, Duisburgo, Alemania; Marcos Criado López, A Coruña; Marcos Ramón Pérez-Aldana del Valle, Tenerife; Ernesto Madariaga Domínguez, Santander; Miriam Carrasco Hawitt, Valencia; José Manuel Cardiel Pérez, Zaragoza, todos en España; Michel Counord, Burdeos, Francia; István Bleuer, Hungría; Eric Lockmer, Turku, Finlandia; Gennaro Lorenzo Blandini, Nápoles, Italia; S. Cauchi, Malta; Janine Chantal Villeda, Mónaco; Hans Thorolf Brunvold, Oslo; Aguiluz César Bustillo, Trondheim; y Bengt Thorin, Gotemburgo, Suecia. (Marina Mercante HN⁠)

En Asia figuran Rolando M. Zosa, Manila, Filipinas; Nicola S. Khamis, Belén, Palestina; Sunthorn Arunanondchai, Bangkok, Tailandia; y un consulado honorario en Alejandría, Egipto. También existe un cónsul honorario hondureño en Tijuana, México, Juan Miguel Hilsaca Morales. (Marina Mercante HN⁠) Son muchos nombres y muchas ciudades. Pero nombres no significan resultados. La lógica de los consulados honorarios exige medir su utilidad. La Cancillería ha reconocido la importancia de estos representantes como personas capaces de fortalecer vínculos diplomáticos, comerciales y de cooperación.

Pero después viene la pregunta que nadie parece contestar: ¿cuántos inversionistas llegaron a Honduras gracias a cada uno de esos cónsules?

¿Qué empresa alemana vino por gestión de Irene Janssen? ¿Qué inversión francesa consiguió Michel Counord? ¿Qué capital finlandés promovió Eric Lockmer? ¿Qué negocios italianos produjo Gennaro Lorenzo Blandini? ¿Qué inversionistas noruegos acercaron Hans Thorolf Brunvold o Aguiluz César Bustillo? ¿Qué empresas suecas trajo Bengt Thorin? ¿Qué proyecto monegasco promovió Janine Chantal Villeda? ¿Qué inversión colombiana generó Víctor Juan Yacamán Giacoman? ¿Qué capital brasileño llegó por la gestión de los cuatro representantes honorarios que aparecen en el directorio hondureño? Y en Asia: ¿qué inversionistas tailandeses, filipinos o palestinos llegaron a Honduras? ¿Qué exportaciones hondureñas fueron facilitadas por esos representantes? ¿Cuántos turistas fueron atraídos? ¿Cuántos empleos se generaron?

No afirmo que ninguno haya trabajado. Afirmo algo más serio: no existe, de manera pública y sistemática, una evaluación que permita al ciudadano conocer esos resultados. Y, si no se pueden medir, ¿cómo sabemos que la política funciona?

Un cónsul honorario no debería ser una condecoración social ni un título de prestigio. Debe ser una herramienta de política exterior. Si se selecciona a una persona porque posee contactos, influencia y capacidad empresarial, esos contactos deben ponerse al servicio del país que representa. Honduras necesita inversión extranjera. Necesita capital ajeno que venga a construir fábricas, hoteles, infraestructura, tecnología y empresas; capital que genere empleo y pague impuestos. Cada embajada y cada consulado debería contribuir a esa tarea.

Por eso, la Cancillería debería publicar anualmente un informe de resultados de cada cónsul honorario: empresas contactadas, misiones comerciales realizadas, inversiones concretadas, monto de capital atraído, exportaciones promovidas, turistas captados, convenios obtenidos y empleos generados. También debería informar quiénes siguen vigentes, cuándo fueron nombrados y bajo qué criterios fueron seleccionados. Porque no se trata de cuántos consulados honorarios tiene Honduras. Se trata de cuánto Honduras recibe de ellos.

Si un cónsul honorario en Mónaco, Alemania, Colombia, Brasil, Tailandia o Filipinas no puede demostrar resultados durante años, habrá que preguntarse si esa representación sirve al interés nacional o simplemente al prestigio personal de quien la ocupa. La política exterior no puede medirse por fotografías, nombramientos o recepciones. Debe medirse por resultados. Honduras no necesita más títulos honoríficos. Necesita inversión, exportaciones, turismo, cooperación y empleo.

Y la pregunta a la Cancillería: ¿cuánto ha ganado Honduras, en dinero, inversión, comercio y oportunidades, gracias a sus cónsules honorarios en el mundo?

Y hay una ausencia que también debe explicarse. Si Honduras pretende una política exterior orientada hacia el Pacífico y Asia, la Cancillería debería explicar públicamente cuál es su representación honoraria vigente en Turquía, Indonesia y Vietnam, y qué resultados económicos ha producido. No basta con abrir relaciones o designar representantes: cada país debe formar parte de una estrategia de comercio e inversión, especialmente cuando Honduras necesita desesperadamente nuevos mercados, y generación de empleo, recordemos el 62 % del hondureño vive en pobreza: y estas personas mencionadas: qué resultados han obtenido que beneficien a Honduras.

*Abogado. Esp. Derechos Humanos. Ex. Miembro servicio exterior.

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