El mayor reto para los demócratas y Trump: ¿qué harán para reparar el daño de la inflación?
Los votantes buscan una mejor economía con la inflación y precios más bajos. ¿Qué harán Trump y los demócratas en el Congreso para restablecerla?
Washington mantendrá sus intereses centrales, aunque enfrentará controles parlamentarios, tensiones partidarias y menor capacidad para proyectar decisiones duraderas
El triunfo demócrata en las elecciones de medio mandato modifica el equilibrio de poder en Washington y pone algunos límites a la agenda de Donald Trump. Sus consecuencias pueden proyectarse sobre los conflictos internacionales, las alianzas estratégicas y la competencia entre las grandes potencias. La política exterior de Estados Unidos ha regulado el grado de estabilidad o inestabilidad del sistema internacional, por lo que la derrota republicana introduce interrogantes sobre la continuidad de determinadas iniciativas presidenciales y obliga a sus aliados y a sus adversarios a reconsiderar sus cálculos, en cuanto a la sostenibilidad de lo actuado hasta el presente.
Uno de los factores de la derrota ha sido haber iniciado la guerra contra Irán, hecho ya reconocido por Trump y por Vance. Su prolongación por más de nueve meses representa un problema político y estratégico para EEUU. El impacto sobre los precios de la energía, los riesgos de una escalada regional, la pérdida de confianza de sus aliados en la protección de Estados Unidos, son algunas de sus implicancias. Esto interpela, no solo a los republicanos, sino también a los demócratas, que aún no tienen una posición unificada al respecto.
Un Trump debilitado no implica necesariamente un cambio automático de la política norteamericana hacia Teherán. La relación entre Washington e Irán responde a intereses estratégicos de largo plazo y cuenta con posiciones divergentes dentro de los dos partidos, inclusive con posiciones antagónicas respecto de seguir subsidiando a Israel. Sin duda cambia el contexto de las negociaciones, donde el estilo errático de Trump debería perder sustento, para pasar a alguna propuesta más institucional.
La derrota republicana es un acontecimiento importante dentro de la continuidad de la competencia estratégica de China con EEUU, en todos los sectores: comercial, tecnológico, militar y diplomático. Es probable que los demócratas generen nuevas discusiones sobre la estrategia desplegada por Trump, en particular sobre aranceles, restricciones comerciales y presiones económicas como instrumentos de negociación. Sin embargo, existe un importante consenso bipartidista en Washington respecto de la necesidad de contener la expansión tecnológica y estratégica de China.
La principal consecuencia podría encontrarse en la incertidumbre sobre la capacidad de la Casa Blanca para sostener una política exterior consistente, elemento que Beijing valora. China tendrá necesidad de evaluar hasta qué punto las decisiones de Trump representan compromisos duraderos de EEUU o solo son iniciativas personales sujetas a los cambios de la política interna.
Trump ha intentado infructuosamente finalizar la guerra de la OTAN en territorio ucraniano y ha permanecido cerca de Putin en relación al Ártico, para intentar separarla de China, pero todo ha fracasado. Los demócratas, más cercanos a la política de la OTAN, seguramente intentarán marcar sus diferencias, aunque entre ellos, también haya diferencias.
Para Moscú, y en particular para Putin, el resultado electoral representa una señal de que la capacidad de Trump para modificar la orientación del “Deep State” sigue teniendo demasiados obstáculos internos.
La política de Trump hacia Ucrania podría convertirse en uno de los principales escenarios de confrontación entre la Casa Blanca y el Congreso.
Los gobiernos europeos tendrán más afinidades con los demócratas que con Trump, aunque difícilmente puedan evitar afrontar mayores inversiones propias en la OTAN, que es uno de sus grandes dilemas políticos, porque se realizan a costa de rebeliones juveniles y de otros sectores, que quieren mantener sus antiguos niveles de vida. La ardua discusión sobre el gasto militar, la autonomía estratégica europea y la distribución de responsabilidades dentro de la alianza atlántica seguirá vigente. Pero sin duda los demócratas serán los interlocutores válidos, y más diplomáticos, para recuperar los compromisos tradicionales de seguridad transatlántica. Pero con Trump en el medio, nada será fácil para los europeos.
La derrota de Trump podría tener consecuencias relevantes. Washington profundizó su presión sobre los gobiernos de la región, combinando cuestiones migratorias, comerciales, diplomáticas y de seguridad. Los demócratas no van a cambiar el curso de esa política, pero podrían incidir sobre los aspectos formales, especialmente aquellas que requieran recursos presupuestarios o modificaciones legislativas.
Dependiendo de cada país y de cada gobierno, podrían diversificarse las relaciones internacionales y fortalecerse sus vínculos con otros actores globales. China estará muy atenta a esas actitudes.
Para Argentina, Brasil y el conjunto del Mercosur, el nuevo escenario merece una consideración especial. El Brasil de Lula podría adquirir una mayor autonomía estratégica sin por eso distanciarse de EEUU y podría intensificar su relación con el ala demócrata del Congreso de EEUU. En general, la competencia económica y tecnológica entre Washington y Beijing seguirá vigente en nuestro continente; con China actuando muy cautelosamente, sin prisa, pero también sin pausa.
El voto de castigo parece haber reunido distintos factores: el deterioro de las expectativas económicas, el elevado costo de vida, el precio de los combustibles, la prolongación de la guerra contra Irán, las políticas migratorias, las denuncias de corrupción y el estilo de conducción presidencial.
La derrota republicana pone de manifiesto los límites de una estrategia política basada en la promesa de resultados económicos inmediatos. Trump había construido su imagen sobre el compromiso de controlar la inflación, reducir el costo de vida y recuperar el poder adquisitivo de los estadounidenses. Nada de eso se cumplió. Porque si bien algunos indicadores macroeconómicos no son demasiado malos, el pueblo decidió sobre la base de su economía micro, la que impacta en concreto sobre los hogares.
Una guerra interminable con Irán, las continuas tensiones comerciales, los aranceles cambiantes, la inflación, las inversiones demoradas, y la incertidumbre de las expectativas empresarias hicieron un combo negativo para el grueso de la opinión pública. Todo eso se rediscutirá en el nuevo Congreso y en particular todas aquellas medidas que necesiten aportes presupuestarios. El rumbo fiscal, con tanta deuda pública y tantos intereses a pagar, será uno de los ejes de los debates. Pero también el rumbo comercial e industrial y las políticas proteccionistas serán cuestionados por los liberales demócratas.
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