La actividad agroalimentaria ocupa un lugar central en la vida económica, social y cultural de España. Desde los campos de olivos en Andalucía hasta las huertas del Levante y las explotaciones ganaderas del norte, el sector no solo abastece las mesas de los hogares, sino que configura paisajes, tradiciones y vínculos comerciales que trascienden fronteras. Su influencia se percibe también en el tejido laboral de numerosas regiones, donde la agricultura, la industria alimentaria y la comercialización sostienen comunidades enteras.
El sector agroalimentario español cerró 2025 como uno de los principales motores de la economía nacional, con una aportación de 137.387 millones de euros al Producto Interior Bruto ampliado, lo que equivale al 9% del total de la economía española. Además, el sector mantiene su peso en el contexto europeo al aportar el 13,1% del valor añadido bruto agroalimentario de la Unión Europea (UE-27) según el “Observatorio sobre el sector agroalimentario español en el contexto europeo” de Cajamar.
De acuerdo con el documento, las exportaciones agroalimentarias representaron el 20% del total nacional en 2025, consolidando a España como la cuarta economía exportadora de productos agroalimentarios de la UE-27, con una cuota del 10% sobre el total de exportaciones de la región. El sector emplea a 2,6 millones de personas, lo que equivale al 11,5% del empleo total nacional, y es el tercero en generación de empleo en el conjunto de la Unión.
La estructura del sector destaca por la fuerte presencia de la comercialización, que aporta casi la mitad del empleo (49,6%), mientras que la agricultura y pesca suponen el 30,1% y la industria de la alimentación, bebidas y tabaco el 20,4%. España sobresale también en productividad, con un sector agroalimentario un 10,3% más eficiente que la media de la UE-27. A pesar de ello, persisten retos como el envejecimiento de la fuerza laboral y la baja presencia femenina, que alcanza el 32% del total de ocupados.
Las frutas y frutos comestibles encabezaron las exportaciones, con el 15,6% del total vendido al exterior. Le siguen las carnes y despojos comestibles (13,5%), legumbres y hortalizas (12,2%), y bebidas excluyendo zumos (7,6%). En cuanto a los principales destinos, países como Alemania, Francia, Italia y Portugal concentran el grueso de las compras, aunque Estados Unidos y Reino Unido mantienen su relevancia entre los mercados extracomunitarios.
El informe subraya también el papel de la innovación y la digitalización como palancas para mantener la competitividad y avanzar hacia un modelo más sostenible, en un contexto marcado por la presión sobre los recursos naturales y el desafío del cambio climático. En 2024, la inversión empresarial en I+D del sector creció un 8,4%, hasta los 422 millones de euros, aunque el esfuerzo inversor continúa por debajo de la media europea.
Por subsectores destacados, el aceite de oliva y los cítricos siguen posicionando a España como líder en exportación. El aceite de oliva alcanzó exportaciones por 4.845 millones de euros y los cítricos por 3.698 millones, con Italia y Alemania como principales destinos, respectivamente.
El sector afronta desafíos en materia de sostenibilidad, relevo generacional y adaptación tecnológica, pero su peso económico y en el comercio exterior refuerza su papel como pilar esencial de la economía española y de la presencia del país en los mercados internacionales. El informe remarca que la resiliencia y capacidad de adaptación del sector serán claves para afrontar los retos futuros y mantener su posición de liderazgo en Europa y el mundo.