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Durante las �ltimas d�cadas, Europa construy� su modelo econ�mico sobre varios pilares fundamentales: energ�a barata, cadenas de suministro optimizadas, libre comercio, protecci�n militar estadounidense. Y la convicci�n de que una globalizaci�n cada vez m�s integrada reducir�a los conflictos entre pa�ses.
Las empresas produc�an donde los costes eran menores y vend�an en mercados globales cada vez m�s conectados y abiertos. Ese mundo ya no existe.
Desgraciadamente, hoy Europa est� preocupada por el elevado precio del petr�leo, del gas y de los fertilizantes, las dificultades en las cadenas de suministro, en un mundo cada vez m�s fragmentado y polarizado. Y, adem�s, debe prestar atenci�n al rearme, el envejecimiento de su poblaci�n, los aranceles de Donald Trump y la dificultad de alcanzar tecnol�gicamente a China y Estados Unidos.
El precio del petr�leo no est� por las nubes, pero tampoco ha vuelto a la normalidad. Y eso basta para mantener tensionada a buena parte de la econom�a europea. Aerol�neas, transportistas, sectores industriales y agricultores siguen trabajando con unos costes energ�ticos muy altos.
El comienzo de la guerra de Ucrania mostr� hasta qu� punto Europa depend�a del gas ruso. Ahora Oriente Pr�ximo nos recuerda que Europa sigue siendo extremadamente sensible a cualquier alteraci�n de los precios internacionales de la energ�a.
Espa�a tampoco est� a salvo de esta crisis. Aunque el peso de las renovables es cada vez mayor, seguimos importando gran parte de la energ�a que consumimos. Y una econom�a como la espa�ola, basada en el turismo y en el transporte, es especialmente sensible a los costes energ�ticos.
Espa�a, como consecuencia del conflicto, podr�a alcanzar este a�o el r�cord de 100 millones de turistas extranjeros. Pero el turismo tambi�n se enfrenta a riesgos importantes. El encarecimiento de los vuelos por el mayor precio del queroseno podr�a frenar la demanda tur�stica. Tambi�n por el bajo crecimiento de nuestros tres principales mercados emisores Reino Unido, Francia y Alemania. Viajar ser� m�s caro, y muchas familias recortar�n gasto vacacional si, con la mayor inflaci�n, pierden poder adquisitivo.
Al mismo tiempo, Espa�a podr�a beneficiarse del llamado efecto refugio. Cada vez que Oriente Pr�ximo o el Mediterr�neo oriental atraviesan episodios de tensi�n, parte del turismo internacional se desplaza hacia destinos percibidos como m�s seguros. Ya ocurri� tras las primaveras �rabes, y despu�s de distintas crisis en Turqu�a o Egipto. En un mundo cada vez m�s inestable, la seguridad se est� convirtiendo en un activo econ�mico de enorme valor.
Espa�a afronta esta situaci�n con una ventaja que pocos pa�ses poseen: la rentabilidad. Aqu� el turista permanece m�s tiempo, gasta m�s dinero y consume m�s servicios que, por ejemplo, en Francia. Espa�a vive, sobre todo, del turismo vacacional y de larga estancia, con un impacto econ�mico muy importante.
El turismo nacional e internacional representa el 15% del PIB, y sostiene millones de empleos. La calidad hotelera, las infraestructuras, la conectividad a�rea y la profesionalizaci�n del sector sit�an, adem�s, a Espa�a entre los pa�ses m�s competitivos del mundo en turismo.
La gran consecuencia econ�mica de la guerra del Golfo no ser� solo energ�tica. Ser� fiscal.
Europa est� entrando en una nueva era de gasto militar. Y no parece una situaci�n pasajera. La OTAN presiona para elevar el esfuerzo en defensa. Alemania ya ha iniciado un rearme hist�rico. Francia acelera sus inversiones estrat�gicas. Polonia est� disparando su presupuesto militar. Y Espa�a, aunque m�s lentamente, tambi�n tendr� que aumentar el gasto.
Durante a�os, el continente europeo pudo dedicar enormes recursos al Estado del bienestar, pues Estados Unidos garantizaba gran parte de la seguridad occidental. Ese dividendo de la paz est� desapareciendo. Washington est� priorizando cada vez m�s sus propios intereses estrat�gicos nacionales frente al mantenimiento del viejo orden internacional, surgido tras la Guerra Fr�a.
Europa ha descubierto, demasiado tarde, hasta qu� punto depend�a, a la vez, de la energ�a rusa, de la protecci�n militar estadounidense y de la tecnolog�a norteamericana y china.