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Nevaco Global
2 de agosto de 2026

España sufre el desvío de barcos cargados de gas natural a otros países que pagan más: pierde uno de cada cuatro buques contratados durante la guerra

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Un barco metanero, junto a la regasificadora de Sagunto. / Daniel Tortajada

España ha estado mejor preparada y más protegida que otros países al golpe energético de la guerra en Oriente Medio por su bajísima dependencia de las importaciones de combustibles fósiles desde la región, que han estado bloqueadas casi de manera permanente desde que Estados Unidos e Israel iniciaran los bombardeos sobre Irán a finales de febrero. Pero España sí que está sufriendo el impacto indirecto que suponen las subidas de los precios en los mercados energéticos internacionales y, también, las consecuencias que tiene este encarecimiento sobre los flujos comerciales, con continuos desvíos en busca del mejor postor.

En las primeras semanas, tras el inicio de la guerra, España consiguió mantener las operaciones de todo su sistema gasista con total normalidad y recibió en sus plantas en marzo todos los buques cargados de gas natural que tenía previstos. Desde entonces la programación de descargas de barcos de gas no se ha vuelto a cumplir y España ha dejado de recibir uno de cada cuatro buques contratados en los últimos meses, según se desprende de un análisis realizado por la consultora KPMG. Entre abril y junio, las terminales gasistas españolas no han recibido 17 de los 69 barcos contratados.

A las plantas de regasificación españolas llegan buques cargados de gas natural licuado (GNL), pero los contratos firmados por las energéticas contemplan en su mayoría cláusulas de “destino flexible”, esto es, los cargamentos pueden redirigirse hacia otros destinos que ofrezcan mayor rentabilidad. Cuanto mayor es el diferencial de precios del gas entre los mercados en Europa y en Asia mayor es la probabilidad de desvío de buques a países en los que se pagará más por su carga.

El bloqueo de las salidas de barcos a través del Estrecho de Ormuz por la guerra y la enorme volatilidad de los precios del gas natural en los mercados internacionales ha hecho que se haya abierto una gran batalla para competir por las llegadas de barcos cargados de gas, en la que los países asiáticos están dispuestos a pagar más y acaban arrebatando buques cuya descarga estaba contratada en Europa. España no está siendo inmune a estas prácticas.

Los incumplimientos de las llegadas de barcos programadas son habituales, pero antes de la guerra eran apenas testimoniales y ahora hay meses en que se registran grandes desvíos. En abril las plantas de regasificación españolas dejaron de recibir seis de los 27 barcos programados; en mayo se perdieron dos buques de un total de 21 previstos; en junio la situación se agravó y las terminales españolas sufrieron el desvío de 12 de los 21 barcos contratados, más de la mitad del total previsto.

A pesar de esta situación, desde Enagás, gestor del sistema eléctrico y responsable de la red de plantas de regasificación, se lanza un mensaje de tranquilidad y se subraya que la seguridad de suministro sigue “plenamente garantizada” a pesar de estos desvíos y que lo va a seguir estando, gracias a la diversificación de los países de procedencia de gas. Pero el sector gasista, el europeo y también el español en concreto, afrontará en los próximos meses otro reto cuando entre en vigor el veto total a las compras de gas ruso a principios de 2027 como parte de las sanciones contra el Kremlin por la invasión de Ucrania.

La Unión Europea ha ido articulando en los últimos años medidas para ir reduciendo la dependencia del gas natural procedente de Rusia (desde la invasión de Ucrania el peso del gas ruso en las importaciones comunitarias ha pasado del 45% al 12%). El paso definitivo llegará el próximo año con la prohibición total de las importaciones. La consultora KPMG alerta en su informe de que Europa no puede dar por garantizada la seguridad de suministro de gas durante el próximo invierno al coincidir el veto al gas ruso, la tensión en el mercado global y los bajos niveles de llenado de sus almacenes, por debajo de la media de los últimos quince años a estas alturas del año.

España está en una mejor situación que el conjunto de estados de la UE. El país cuenta con una amplísima red de plantas gasistas, en las que se concentran un 33% de toda la capacidad europea de regasificación y un 44% de la capacidad de almacenamiento en tanques del continente, lo que facilita una mayor flexibilidad de llegada de gas de diferentes orígenes y de sustitución de un suministrador que dé problemas. De hecho, España cuenta con una cartera de suministradores mucho más amplía que el resto de países europeos. Y además el llenado de los almacenamientos subterráneos españoles se encuentra por encima del 72% de su capacidad, frente al 56% de media de toda la UE.

Sin embargo, el veto total a las llegadas de gas ruso puede suponer también un problema para España. Antes de la prohibición de las importaciones aprobada por Bruselas, el gas ruso representa actualmente una quinta parte del total de las importaciones españolas, con un incremento del peso en lo que va de año. Rusia es el tercer mayor suministrador, por detrás de Argelia y de Estados Unidos que concentran en torno a dos tercios de las llegadas totales. El problema que detecta KPMG en su estudio es la incertidumbre sobre si España será capaz de suplir enteramente el flujo actual de llegadas de gas ruso cuando se lleve a efecto el veto total.

“El reto [de España] no consiste únicamente en encontrar proveedores alternativos al gas ruso. La cuestión es si esos suministradores alternativos pueden aportar volúmenes suficientes, de forma continuada y en condiciones económicas asumibles”, advierten los analistas de KPMG. “Sustituir el gas procedente de Rusia mediante compras ocasionales en el mercado spot puede resolver necesidades puntuales, pero incrementaría la exposición a la volatilidad internacional. Sustituirlo fundamentalmente con gas procedente de Estados Unidos o de Argelia permitiría asegurar mayores volúmenes, pero aumentaría la dependencia de los ya dos principales proveedores”.

España podrá sustituir parte del gas procedente de Rusia gracias al principio de acuerdo, aún por concretarse, con el Gobierno de Argelia para elevar el flujo de llegadas de gas a través del gasoducto Medgaz. Pero el aumento del gas argelino por tubo no es ilimitado (apenas un 10% más de la capacidad actual del gasoducto) y no sería suficiente. Así que las energéticas españolas tendrían que suplir el gas ruso también con una mayor llegada de barcos de GNL desde diferentes países. Una vía que ahora se está complicando precisamente por el desvío de buques a otros destinos en que se paga más por el cargamento de gas.

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