Los ataques, a casi 1.600 kilómetros de la frontera, ponen en jaque la capacidad de refinado rusa y elevan la presión sobre los precios del combustible en Europa.
En la madrugada de hoy, 2 de agosto de 2026, Ucrania ha lanzado un ataque con drones que ha impactado tres refinerías de petróleo en la república rusa de Bashkortostán. La operación se completa con el hundimiento de un buque mercante sancionado en el mar Negro. Lo que me parece más relevante no es solo la distancia —casi 1.600 kilómetros desde la frontera ucraniana—, sino el salto cualitativo en la capacidad de Kiev para golpear la infraestructura energética que financia el esfuerzo bélico ruso.
Según ha confirmado el presidente Volodymyr Zelenskyy, los drones alcanzaron tres instalaciones de refinado en Bashkortostán, una región situada al oeste de los Urales. Estas plantas procesan millones de toneladas de crudo al año y abastecen tanto al mercado interno ruso como a las exportaciones de productos refinados. El medio independiente Astra reportó que una de las refinerías, en Ufá, capital de la república, quedó envuelta en llamas tras el impacto.
En paralelo, un ataque separado hundió al Yanina, un buque portacontenedores bajo bandera rusa y objeto de sanciones internacionales. Zelenskyy lo incluyó en la lista de “instalaciones que sostienen el esfuerzo bélico”. Moscú, a través de Rosatom (cuya filial FESCO operaba el barco), replicó que transportaba alimentos congelados y materiales de construcción, una versión que Bruselas y Washington suelen recibir con escepticismo cuando afecta a activos sancionados.
“Las refinerías procesan millones de toneladas de petróleo cada año y están situadas a casi 1.600 kilómetros de Ucrania.” — Volodymyr Zelenskyy, presidente de Ucrania, 2 de agosto de 2026
El episodio encaja en la estrategia ucraniana de “traer la guerra de vuelta a Rusia”, golpeando la capacidad de Moscú para extraer y transformar combustibles fósiles, principal fuente de divisas del Kremlin. Además, en la península de Crimea, ocupada ilegalmente por Rusia, los cortes de electricidad han obligado a administraciones locales a montar comedores callejeros para repartir comida caliente ante la falta de suministro eléctrico doméstico.
Lo que veo aquí es un nuevo escalón en la campaña de ataques en profundidad sobre la capacidad de refinado rusa. Cada refinería dañada reduce la oferta de gasóleo, gasolina y nafta que Rusia coloca en los mercados internacionales, especialmente en Asia y, de forma más limitada, en el Mediterráneo. Los traders reaccionan incorporando una prima de riesgo geopolítico al barril de Brent, que venía cotizando en torno a los 80-85 dólares en las últimas semanas.
Esta prima no es lineal: si los ataques se mantienen y la capacidad rusa de reparación se ve superada, el mercado descuenta una perturbación estructural que afecta a los spreads del diésel y a las cadenas de suministro de combustible en Europa del Este. Cabe recordar que, pese a las sanciones, Rusia sigue exportando volúmenes significativos de productos refinados a Turquía, India y China, que luego pueden revender en mercados globales.
El hundimiento del Yanina añade otra capa de incertidumbre: si las rutas marítimas en el mar Negro se vuelven más inseguras para buques sancionados o vinculados al comercio ruso, las primas de seguro se disparan, encareciendo el flete y, por tanto, el precio final del combustible. No espero una escalada inmediata de doble dígito en el petróleo, pero sí una mayor volatilidad en las próximas sesiones, a la espera de evaluar el alcance real de los daños.
El principal canal de transmisión hacia la economía española y de la eurozona es el precio de la energía. Cada episodio de tensión sobre las infraestructuras rusas añade presión alcista al gasóleo y a la gasolina, lo que alimenta la inflación subyacente y retrasa la normalización monetaria.
En definitiva, lo que ocurre a 1.600 kilómetros de Kiev repercute directamente en el bolsillo del consumidor español. La próxima actualización de inventarios de crudo en Estados Unidos y los datos de producción de la OPEP+ serán las referencias inmediatas para calibrar si este ataque se convierte en un punto de inflexión para los mercados energéticos globales.