Volver a la edición
Nevaco Global
25 de mayo de 2026

¿Una diplomacia de vendedores?

Cargando análisis estratégico...

Los embajadores no son por definición ni por esencia mercaderes, promotores de turismo, ni motivadores de inversión.

Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Casi todos los candidatos presidenciales, quizás con la excepción de Sergio Fajardo e Iván Cepeda, tienen como punto de evaluación de la gestión diplomática de la política exterior que piensan implementar que los embajadores colombianos vendan cosas en los países en los que nos representan. Hay un candidato que de hecho dice que se van a acabar los cocteles y las cenas en las embajadas y que deben dedicarse a vender esmeraldas o café “o se van”.

La idea tiene muchos simpatizantes en un país en el que el trabajo diplomático ha estado tan interferido por la política y las relaciones personales de poderosos que produce hastío. A veces la cosa resulta bien, pero muchas veces resulta mal. Hay países a los que nos hemos dedicado a maltratar, como Uruguay, donde el pastuso José Avelino Pérez se hizo famoso por mearse en una chimenea en un acto público, o Suráfrica, a donde mandamos a Edgar Perea y a Carlos Moreno de Caro; a Chile, donde les inoculamos al mismísimo virus de la antiética política Sebastián Guanumen; o a México, donde encontró asiento Moisés Ninco. Y bueno, Lady Laura, que merece capítulo aparte con su deslucida como estrambótica forma de vestirse en la entrega de credenciales ante el rey Carlos III.

Para evitar que la idea de embajadores vendedores haga carrera, hay que poner la discusión pública en su sitio, en relación con los resultados esperados de la gestión de los embajadores. En materia comercial, en Colombia tenemos además el paralelismo de Procolombia, encargada, según dice su propia página web, de promover “el Turismo, la Inversión Extranjera en Colombia, las exportaciones no minero energéticas y la imagen del país”, dejando muy poco espacio para que los embajadores vendan cosas antes que los echen de sus cargos.

La censura que se pone sobre los actos protocolarios pasa por alto la que es quizás la función más importante de los enviados diplomáticos: la construcción de una relación política con las autoridades del país anfitrión, que normalmente requiere muchas reuniones con protocolos, cenas y cocteles. En la historia de la diplomacia mundial, nadie ha pasado el umbral por haber vendido nada. Henry Kissinger, Zhou Enlai, Jawaharlal Nehru, Winston Churcill y Celso Amorim están en los anales de la diplomacia del Siglo XX por sus contribuciones políticas, no las comerciales.

De ser por ese rasero, en términos colombianos, tendríamos que bajar del pedestal de los mejores diplomáticos a Indalecio Liévano Aguirre, Luis López de Mesa y Alfredo Vásquez Carrizosa.

Además, no se puede pretender resolver un problema (el déficit comercial colombiano) creando otro, que es mercantilizar la labor diplomática y reducir los costos que cuesta naturalmente la diplomacia.

Hay funciones de los embajadores que pueden ser tan importantes o más importantes en ciertos países que el comercio. La integración de la diáspora colombiana, por ejemplo, la atención de la población detenida en centros carcelarios en el exterior, la promoción de la biodiversidad y la pertenencia de Colombia a la biorregión amazónica, o el estímulo de los mecanismos regionales de cooperación internacional.

Llegar a la solución ideal de que todos los embajadores sean de carrera desconoce la importancia de que el presidente tenga alguna discrecionalidad para designar algunos funcionarios en el exterior que ejecuten su política exterior, seleccionados entre personas de su escogencia o de su confianza, pero aún si lo fueran, los diplomáticos de carrera tampoco están formados fundamentalmente como agentes comerciales, sino como profesionales en una labor de mucho más alcance.

Ante todo, aterricemos. Los embajadores no son por definición ni por esencia mercaderes, promotores de turismo, ni motivadores de inversión. En la Convención de Viena de 1961, la promoción de las relaciones económicas (no solo las comerciales) está dentro de las últimas funciones de los representantes diplomáticos, junto con las relaciones culturales y científicas.

Es cierto que un embajador puede contribuir a impulsar el comercio y la inversión, como coordinador y apoyo de Procolombia, sin invadir las funciones propias de esa oficina, por lo que no puede ser responsabilizado de la gestión comercial propiamente dicha.

El actual Gobierno deja desafíos de política exterior de tal magnitud, que vender más cosas de Colombia afuera no resolverá uno solo de ellos.

Continúa la lectura estratégica

Accede a la nota completa y mantente a la vanguardia de los movimientos financieros globales.

Leer artículo en Nevaco Global

Nevaco Report — Monitoreo en tiempo real de mercados globales y análisis macroeconómico.

También podría interesarte

La experta en finanzas Celia Rubio avisa de un importante cambio en las aduanas: «Tus pedidos van a costar muchísimo más»
menorca

La experta en finanzas Celia Rubio avisa de un importante cambio en las aduanas: «Tus pedidos van a costar muchísimo más»

Las compras en plataformas asiáticas de comercio electrónico están a punto de experimentar una transformación radical. Miles de consumidores que realizan pedidos en Shein, Temu o Aliexpress se enfrentarán a una nueva realidad económica que cambiará por completo sus hábitos de compra online. La razón no tiene que ver con fluctuaciones del mercado ni con estrategias empresariales, sino con una decisión legislativa que llega directamente desde Bruselas.

25 may 2026