Donald Trump emerge de la Casa Blanca para participar en un acto sobre Educación.
REUTERS/Jonathan Ernst
Trump amenazó con bombardear Omán si interfería en el acuerdo entre EE.UU. e Irán, pero Mascate sigue negociando con Teherán sobre el control del estrecho de Ormuz.
Tras seis meses de guerra entre EE.UU. e Irán, no ha habido cambio de régimen ni acuerdo nuclear, y Trump ha sustituido la ofensiva militar por sanciones económicas.
Varios aliados de EE.UU., como Canadá, Japón y la UE, han rechazado colaborar con Trump en la guerra o en sanciones, optando por medidas independientes o represalias comerciales.
El impacto económico es notable: ataques a buques, caída del tráfico marítimo por Ormuz y reducción drástica de las exportaciones iraníes de crudo, mientras China sigue comprando petróleo iraní fuera del sistema del dólar.
Donald Trump amenazó el pasado 17 de agosto con bombardear Omán si el sultanato “se interponía” en el acuerdo que Estados Unidos negociaba con Irán sobre el estrecho de Ormuz. Lo dijo en una entrevista con el periodista de Fox News Trey Yingst, grosería incluida, a propósito de un país aliado que aloja bases estadounidenses y que lleva medio siglo ejerciendo de intermediario entre Washington y Teherán. El Ministerio de Exteriores omaní no respondió públicamente ni ese día ni los siguientes. Se limitó a ignorar la advertencia. Diez días después, Mascate continúa negociando con los iraníes el reparto del control del estrecho y de los ingresos que genere, que es justo lo que la Casa Blanca quería evitar.
La guerra que iba a durar dos semanas cumple seis meses este viernes. Estados Unidos e Israel la abrieron el 28 de febrero con una campaña aérea que incluyó el asesinato del líder supremo, Alí Jameneí, y con dos objetivos declarados: descabezar al régimen e impedir que Irán llegara a fabricar un arma nuclear.
Medio año después no hay cambio de régimen, no hay acuerdo nuclear, el último alto el fuego expiró el 18 de agosto sin renovación y Trump ha sustituido las bombas por las sanciones.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, bautizó el lunes 24 el nuevo paquete como un Día D económico y lo presentó como la mayor ofensiva financiera jamás organizada contra un adversario. Ni siquiera la hipérbole sirvió para que Rusia o China levantaran una ceja.
Los datos de estos seis meses explican por qué la Casa Blanca ha cambiado de estrategia.
El tráfico por Ormuz cayó de una media de 95 tránsitos diarios en febrero a unos diez tras el cierre iraní del 1 de marzo; el acuerdo de junio lo recuperó hasta 36 y, desde la reanudación de las hostilidades, el 8 de julio, se ha quedado en una media de quince.
La Organización Marítima Internacional contabiliza 68 ataques contra buques comerciales, uno cada 2,6 días, y calcula que unos 6.000 marineros y 500 barcos siguen atrapados en el Golfo. Las exportaciones iraníes de crudo por el estrecho han pasado de dos millones de barriles diarios a 400.000, según la consultora Kpler.
Con todo, lo más preocupante para Washington es la lista de gobiernos que han comprobado que desobedecer sale barato.
Los aranceles ya habían popularizado el acrónimo TACO - Trump Always Chickens Out, “Trump siempre se acobarda” - entre analistas y operadores de mercado. Trasladado a la política exterior, el efecto es más profundo: el economista Douglas Rediker, de la Brookings Institution, sostiene que los aliados han entendido que ya no hay acuerdos a largo plazo, sino puntuales relaciones transaccionales. Richard Fontaine, director ejecutivo del Center for a New American Security, incide en un punto clave: la retórica intimidatoria ha empezado a darse por descontada y, en consecuencia, ha dejado de intimidar.
El emirato ha sufrido en sus propias carnes lo inútil de seguirle el juego a Trump. La familia real catarí regaló en 2025 a la Casa Blanca un Boeing 747-8 valorado en unos 400 millones de dólares que Trump presentó el 19 de junio de este año, ya reconvertido en Air Force One, en la base aérea de Andrews.