La demanda global de minerales críticos —litio, cobre, hierro y tierras raras— está transformando el mapa logístico de América Latina. Lo que antes eran brechas de infraestructura toleradas ahora se convirtieron en cuellos de botella que frenan miles de millones de dólares en exportaciones.
Para resolverlos, una nueva ola de inversiones privadas avanza sobre redes ferroviarias, terminales portuarias y corredores viales en Brasil, Chile, Argentina, Perú y México. El objetivo es uno: ampliar la capacidad exportadora hacia los mercados globales antes de que la ventana competitiva se cierre.
América Latina se consolida como proveedora estratégica de los minerales que impulsan la transición energética global. El litio, el cobre, el hierro y las tierras raras abundan en la región, pero durante décadas la infraestructura para movilizarlos no creció al ritmo que la demanda exigía.
Hoy esa ecuación está cambiando. La presión de los mercados internacionales está desbloqueando proyectos de infraestructura logística de gran escala que, en otro contexto, habrían permanecido años más en carpetas de planificación.
Los cinco países en el centro de esta transformación —Brasil, Chile, Argentina, Perú y México— comparten un mismo objetivo: eliminar los cuellos de botella que limitan las exportaciones y ganar posición antes de que otros actores globales ocupen ese espacio.
En Brasil, la minería representa cerca del 75% del total de la carga ferroviaria del país, lo que convierte a la red de trenes y puertos en infraestructura crítica no solo para el sector, sino para la economía en su conjunto.
El proyecto más ambicioso es el Corredor de Bahía. El grupo portugués Mota-Engil negocia la compra de Bahia Mineração (Bamin) y, de concretarse la operación, asumiría un plan de USD 5.000 millones que incluye el proyecto de hierro Pedra de Ferro, un tramo de la Ferrovia de Integração Oeste-Leste (FIOL) y la terminal Porto Sul.
En Mato Grosso do Sul, LHG Mining invertirá USD 370 millones para ampliar la Terminal Privativa Gregório Curvo. La meta es elevar la capacidad de embarque a 15 millones de toneladas anuales de hierro y manganeso. El Ferrocarril Transnordestina también avanza: con 1.753 kilómetros de extensión, prevé su conclusión para 2027 bajo gestión mixta de Infra S.A. y la metalúrgica CSN, conectando los puertos de Pecém y Suape a través de zonas productivas de Piauí.
Uno de los movimientos geopolíticos más relevantes del sector fue el acuerdo firmado entre los presidentes de Chile y Argentina para impulsar un clúster minero binacional en la franja fronteriza. La zona resguarda reservas capaces de aportar más de un millón de toneladas anuales de cobre, un volumen equivalente al déficit de oferta global proyectado para 2040.
La conectividad resulta determinante para aprovechar ese potencial. La provincia de Salta obtuvo USD 100 millones del Banco Interamericano de Desarrollo para pavimentar 91 kilómetros estratégicos de la Ruta Nacional 51 —principal vía de salida de proyectos de litio como Rincón y Mariana hacia los puertos chilenos del Pacífico.
Chile, por su parte, planea potenciar los puertos de Punta Caldera —con una inversión de USD 300 millones— y Copiapó, buscando competir directamente con el megapuerto peruano de Chancay y capturar el flujo exportador de la minería argentina, especialmente desde San Juan.
Ante la lentitud de la inversión pública, las propias empresas asumen obras de infraestructura. Glencore destinó USD 15 millones a la construcción de dos puentes en San Juan para el proyecto de cobre El Pachón. Vicuña Corp, alianza entre BHP y Lundin Mining, planea invertir más de USD 10 millones en una circunvalación de tráfico pesado en Guandacol.
En México, el Pacífico se afirma como nodo minero. La Administración del Sistema Portuario Nacional de Topolobampo, en Sinaloa, evalúa cinco ofertas para avanzar con la segunda etapa de ampliación del muelle de graneles, buscando aumentar la capacidad operativa para embarcaciones que transportan minerales comerciales, entre otras cargas.
En Perú, el foco está en el nuevo escenario político. Tras la victoria de Keiko Fujimori en segunda vuelta, el mercado aguarda señales claras de estabilidad económica y fiscal de la administración entrante. El país proyecta un crecimiento del 3,4% para 2026, aunque el principal desafío será redirigir recursos hacia la infraestructura logística que el sector minero necesita para destrabar proyectos paralizados.
El auge de los minerales críticos no solo está reactivando minas: está forzando una transformación profunda de la infraestructura logística en toda América Latina. Brasil avanza con ferrocarriles y terminales portuarias de gran escala. Chile y Argentina construyen corredores compartidos para el litio y el cobre. México consolida su fachada pacífica como salida minera, mientras Perú busca la estabilidad necesaria para destrabar su cartera de proyectos.