Una bandera nacional iraní ondea entre los escombros de un edificio derrumbadoAFP
Análisis | Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria
El Golfo Pérsico atraviesa una inestabilidad extrema. La negociación entre Estados Unidos e Irán oscila entre la solución diplomática y el riesgo de una ruptura. La región se aproxima a un grave punto de inflexión, donde todo es una conjetura, una contradicción. Nadie sabe lo que puede pasar. Quizás sólo algunas personas. El problema central es que ninguno de los actores persigue realmente el mismo objetivo estratégico. EEUU busca contener; Israel neutralizar; Irán sobrevivir; y las monarquías del Golfo evitar una guerra, que destruya la arquitectura energética de la región.
Israel, tras movilizar a reservistas, ha iniciado una fuerte ofensiva sobre el sur del Líbano, tras los continuos ataques de Hezbolá a las poblaciones del norte de Israel. Justo cuando iban a darse conversaciones de paz entre el gobierno de Israel y el del Líbano. Era y es una buena apuesta.
Irán considera las negociaciones no como un camino hacia la paz, sino como una continuación del conflicto. El régimen ve los acuerdos como pausas tácticas, que preservan la lucha. Intenta convertir situaciones militares temporales en nuevas reglas permanentes, ya sea en el mar, mediante control del tránsito internacional, o en tierra, mediante presión para limitar la libertad de maniobra israelí en el Líbano. Pero la cuestión estratégica real ya no es si habrá un acuerdo o una confrontación militar. La verdadera pregunta es mucho más profunda: qué nivel de capacidad nuclear, de misiles y regional está dispuesto Washington a tolerar en Irán y qué nivel considera Israel absolutamente inaceptable.
En Irán, aunque Mojtaba Jamenei continúa, sin salir en público, amenazando a Israel, el actor dominante es el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Su centralización militar está reforzando la tendencia hacia una toma de decisiones, con menor margen para la negociación política. Además, la cultura estratégica de Irán está determinada por los conceptos de resistencia, sacrificio y martirio, arraigados en la historia chiita.
Para ellos resistir y sobrevivir, a costa de sufrimiento en su pueblo, es una victoria. La supervivencia y la resistencia son más importantes, que las pérdidas materiales y permiten al régimen enmarcar las dificultades como una victoria ideológica. No creo que cedan en el programa nuclear. Saben que si hubieran tenido la bomba nuclear, no habrían sido atacados.
Mientras las conversaciones continúan de forma intermitente, el reloj estratégico sigue avanzando. EEUU ha continuado ampliando su despliegue militar en la región, reforzando su presencia en aeropuertos, bases aéreas y navales en el Golfo Pérsico y el Mediterráneo oriental. Este posicionamiento responde a una lógica de disuasión estratégica frente a Irán y preparación operacional.
Israel mantiene un nivel elevado de alerta ante la posibilidad de ataques simultáneos desde múltiples frentes. La situación en el Líbano, donde Hezbolá mantiene una cierta capacidad táctica, constituye uno de los principales vectores de presión sobre el norte del país. Además, está utilizando drones muy letales, dirigidos por fibra óptica. El frente libanés no solo tiene valor militar, sino también simbólico y político.
Desde la perspectiva de Israel hay un permanente chantaje y una amenaza real por parte de Hezbolá. En respuesta, las IDF han llegado a sobrepasar el río Litani en la zona del Castillo de Beaufort. A la vez se realiza una operación hacia Tiro. Es el establecimiento de una zona buffer en el sur del Líbano. Es la materialización de la protección de la zona norte de Israel. Y recordemos la presencia de fuerzas de Naciones Unidas en la zona, entre ellas un contingente español.
El lugar de un ataque aéreo israelí en la aldea de Toura, al sur del Líbano.AFP
A todo esto se suma la posibilidad de una nueva escalada en Gaza, lo que abriría un segundo frente activo en el sur. Las Fuerzas de Defensa de Israel operarían bajo condiciones de dispersión operacional: una situación de seguridad interna muy tensa con atentados, la persistencia de los ataques desde Líbano hacia el norte del país, y graves y violentos disturbios ultraortodoxos.
Según diversas informaciones abiertas, el texto del acuerdo entre EEUU e Israel podría incluir elementos como una extensión del alto el fuego durante 60 días, la reapertura y desminado del Estrecho de Ormuz, algún mecanismo para eliminar, transferir o neutralizar las reservas de uranio enriquecido, negociaciones posteriores sobre sanciones, activos iraníes congelados y cuestiones regionales más amplias, sin tener muy claro el compromiso iraní de no desarrollar armas nucleares.
EEUU parece priorizar sus decisiones en función de sus propios intereses. Y en Israel existe preocupación de que Washington considere aceptable un acuerdo de contención de Irán, sin aspirar a restricciones mucho más amplias sobre el programa nuclear, los misiles y su red de proxis. Ya no sabemos, si el objetivo es simplemente contener a Irán o reducir estructuralmente su capacidad estratégica a largo plazo.
El Estrecho de Ormuz concentra el principal riesgo económico del conflicto. Europa y Asia son especialmente vulnerables, debido a su dependencia de importaciones energéticas y su sensibilidad a los precios del gas y del petróleo. Incluso sin interrupción física del suministro, un aumento sostenido del Brent puede generar graves presiones para la economía mundial.