En Alemania está ocurriendo un fenómeno político que hubiera sido inimaginable hace años. Los partidos mayoritarios, por primera vez en su historia, han dejado de serlo. El bipartidismo, capitaneado por los democristianos de la CDU y los socialdemócratas de la SPD, está en peligro de muerte.
Los primeros síntomas de enfermedad grave llegaron en las elecciones federales del año pasado. El partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se posicionaba como segunda fuerza política y las dos grandes formaciones tuvieron que recurrir a una Gran Coalición para gobernar.
En el último año, los síntomas han empeorado. La aprobación del canciller alemán, Friedrich Merz, ha llegado a un índice históricamente bajo. Con una economía todavía estancada y con varias reformas polémicas a sus espaldas, la coalición se enfrenta este año al Superjahrwahl, las elecciones regionales en varios puntos del país que pueden erosionar todavía más la posición del Gobierno.
Los primeros resultados de estos comicios evidencian la necesidad de una reanimación urgente al SPD. En Baden-Württemberg, los socialdemócratas alemanes obtuvieron el 5,5% de los votos, superando por poco el umbral del 5% necesario para obtener representación parlamentaria. Este ha sido el peor resultado del partido más antiguo del país en la historia de la posguerra. Los Verdes, que tras su salida del Gobierno alemán hace menos de un año se encontraban en plena búsqueda de su identidad, lograban un éxito inesperado.
La salud de la CDU no es mucho mejor. En las mismas elecciones regionales, AfD le pisaba los talones a los democristianos y se quedaba en tercera posición. Pero duplicaba sus resultados de las anteriores elecciones. Es un fenómeno al que Alemania ya ha empezado a acostumbrarse. Sobre todo en estados del este como Sajonia-Anhalt, donde mantiene una ventaja de más de 10 puntos frente a los otros partidos según las encuestas.
Estos resultados se han interpretado como la antesala de una situación política que parece estar aposentándose: el ascenso de AfD ya es inevitable, la CDU seguirá cayendo, y el SPD será reemplazado por otros partidos de izquierda como Die Linke.
“Alemania siempre ha tenido un sistema multipartidista. Este sistema ha sido históricamente estable, en parte porque dos partidos —la CDU y el SPD— se han alternado en el gobierno formando coaliciones con partidos más pequeños”, explica Henning Vöpel, director del Centro de Política Europea (CEP) de Berlín, a El Confidencial.
“En los últimos años, el sistema de partidos se ha vuelto mucho más diverso. El centro político también se ha reducido, ya que los dos grandes partidos han tenido cada vez menos éxito a la hora de resolver problemas, mientras que han surgido más partidos en los extremos para llenar ese vacío”, contextualiza. “Es probable que esta tendencia continúe en las próximas elecciones. Podrían formarse coaliciones que antes eran impensables, lo que podría debilitar aún más la estabilidad que caracterizaba al sistema en el pasado”, afirma Vöpel.
El peligro de muerte lleva tiempo acercándose a los dos partidos tradicionales, pero nunca había estado tan cerca como durante la actual Gran Coalición. No es la primera —ya lo hicieron con Angela Merkel a la cabeza en 2018—, pero esta está siendo más turbulenta de lo habitual. Solamente lleva un año, pero ha sido suficiente como para que aparezcan muchas rencillas para aprobar un gran paquete de reformas en el ámbito económico y social.
Tanto la CDU como el SPD se han desgastado de tanto negociar para llegar a un punto de acuerdo. Mientras, la sociedad sufría su propio desgaste. Una parte del electorado critica a Friedrich Merz por apostar más en la Defensa que en mantener el Estado del bienestar. El descontento hacia el canciller se ha traducido en un rechazo tanto a los democristianos como a los socialdemócratas. “Hay una sensación muy generalizada de que los partidos gobernantes ya no son capaces de atender las preocupaciones de la población. Por eso se explica también el ascenso de AfD. Su éxito se basa menos en su propia fortaleza que en que las formaciones tradicionales han perdido a sus votantes”, sostuvo Elmar Brähler, uno de los editores del Estudio sobre el Autoritarismo de Leipzig que se publica cada año.
“Muchos antiguos votantes de la CDU y el SPD han encontrado un nuevo hogar político en la AfD. Esto se debe también a que algunas de sus posiciones estaban representadas anteriormente por el ala derecha de la CDU o por sectores del SPD”, añadió en una entrevista con el periódico alemán Die Zeit.
La otra gran amenaza al bipartidismo es un partido que, hace apenas 18 meses, parecía estar al borde de la extinción. Die Linke, fundada en 2007 como una fusión de los antiguos comunistas de Alemania Oriental y un grupo disidente del SPD, se convertía en la gran sorpresa electoral en febrero de 2025 y conseguía el 8,5% de los votos, casi cuatro puntos más respecto a los comicios de 2021.
Fue el resultado de una intensa campaña en la que los miembros de la formación llamaron a 600.000 puertas para presentar su programa electoral. “Die Linke ha llevado a cabo algunas campañas muy exitosas en los últimos meses. Esto explica su ascenso relativamente repentino. Muchas personas se sienten atraídas por un partido que no practica una política convencional y que, al mismo tiempo, combate el nacionalismo y el localismo de AfD”, sostiene Henning Vöpel a este periódico.
La ultraderecha ha estado estrechamente relacionada con la sorpresa electoral de Die Linke. Antes de las elecciones de 2025, la diputada Heidi Reichinnek, de 36 años, publicaba un discurso improvisado en TikTok desde el Bundestag, en el que arremetía contra Merz por haber “cruzado un límite” al aprobar una ley antiinmigración con la ayuda de la AfD. "Jamás me habría imaginado que una democristiana haría un pacto con la extrema derecha", dijo, mostrando su antebrazo izquierdo tatuado con el rostro de la revolucionaria Rosa Luxemburgo.
En tan solo unos días, el vídeo de dos minutos se hizo viral y dio un nuevo impulso a un movimiento que llevaba años amenazado por divisiones y debacles electorales. Había tocado fondo en octubre de 2023, cuando la exlíder del partido, Sahra Wagenknecht, se separó para fundar su propio partido, BSW, provocando la desaparición del grupo parlamentario Die Linke. En 2025, el partido de Wagenknecht obtuvo apenas el 4,97% de los votos, por debajo del 5% necesario para tener representación en el Bundestag.