La industria siderúrgica española cerró 2025 con un balance agridulce: las exportaciones crecieron un 3,3%, hasta casi ocho millones de toneladas, pero la producción de acero bruto descendió un 0,4%, hasta los 11,8 millones de toneladas, y el consumo aparente retrocedió en la misma proporción, hasta los 13,4 millones de toneladas. Son los datos que la patronal del sector, Unesid, presentó en su Junta General 2026, en la que advirtió de que el entorno sigue siendo complejo y los riesgos no han desaparecido.
El crecimiento exportador estuvo impulsado principalmente por los envíos a otros socios comunitarios, que avanzaron un 6,6%, mientras que las exportaciones a terceros países retrocedieron un 5,1%. Las entregas totales al mercado cayeron un 1,1%, hasta cerca de 12 millones de toneladas, con unas ventas domésticas estables en torno a los 6,4 millones y 3,9 millones destinados al mercado europeo. Las importaciones, por su parte, se mantuvieron en niveles históricamente elevados, rozando los 10,4 millones de toneladas, de las que algo más de cinco millones procedieron de otros Estados miembros y el resto de terceros países.
El deterioro fue especialmente visible en la segunda mitad del año, coincidiendo con el repunte de la incertidumbre en los mercados internacionales. Y los primeros compases de 2026 no invitan al optimismo: aunque el consumo aparente se mantuvo prácticamente estable en el primer trimestre (-0,1%), apoyado por la construcción, la producción industrial cayó un 21,1% y las entregas totales retrocedieron casi un 10%, mientras las importaciones procedentes de terceros países siguieron creciendo.
Para Unesid, esta evolución expresa con claridad la creciente desconexión entre la demanda y la situación real de los productores, que continúan perdiendo cuota frente a competidores externos en un contexto de sobrecapacidad mundial que ya supera los 640 millones de toneladas.
Ante este escenario, la patronal reclama una respuesta más contundente por parte de Europa y España. En el frente comercial, Unesid pide reforzar los instrumentos de defensa, ampliar el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) a toda la cadena de valor del acero, incorporar el criterio de fundición y colada para mejorar la trazabilidad del origen del producto e intensificar los controles aduaneros para evitar prácticas de elusión. La asociación defiende asimismo que la contratación pública en sectores estratégicos como la energía, las infraestructuras o la defensa priorice el acero fabricado en Europa.
“Europa necesita una política industrial real que permita competir en igualdad de condiciones. La descarbonización y la autonomía estratégica no serán posibles sin una industria siderúrgica fuerte y competitiva”, ha señalado Bernardo Velázquez, presidente de UNESID.
En materia energética, Unesid valora las medidas adoptadas por el Gobierno para aliviar los costes de la industria electrointensiva, pero advierte de que algunas de ellas, como la reducción del impuesto sobre el valor de la producción eléctrica, expiran el 30 de junio. La patronal pide su prórroga y, a más largo plazo, su consolidación estructural para ofrecer un marco estable de competitividad.
Pese al contexto adverso, el sector mantuvo en 2025 un empleo directo de 21.720 personas, y registró avances en diversidad: las mujeres representan ya el 11,9% de la plantilla, el 39% de los perfiles técnicos y el 30% de los puestos directivos.
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