La posibilidad de que Colombia adopte la dolarización como sistema monetario ha vuelto a posicionarse en el debate económico regional tras las recientes declaraciones vinculadas al nuevo escenario político del vecino país.
Aunque por ahora, lunes 22 de junio de 2026, no existe una propuesta oficial para reemplazar al peso colombiano, economistas y representantes del sector empresarial consideran que un eventual cambio tendría repercusiones directas para Ecuador, especialmente en comercio, inversión e integración productiva.
Para Ecuador, que utiliza el dólar desde el año 2000, uno de los principales efectos sería la eliminación del riesgo cambiario en las relaciones bilaterales. Actualmente, las variaciones del peso colombiano influyen en las decisiones de consumo, inversión y comercio, particularmente en las provincias fronterizas, donde las fluctuaciones monetarias pueden alterar los flujos comerciales y la competitividad de determinados sectores.
La relevancia de este debate se refleja en el comportamiento reciente del tipo de cambio. Según datos de Investing.com, este lunes 22 de junio de 2026, el dólar se cotizó en 3 444,12 pesos colombianos, frente a un cierre previo de 3 446,36 pesos. Durante la jornada, el rango de negociación se ubicó entre 3 410,75 y 3 461,12 pesos por dólar.
“La incertidumbre cambiaria desaparecería y eso facilitaría mucho más la integración económica entre ambos países”, señaló Alberto Acosta Burneo, editor de Análisis Semanal.
Según el analista, la adopción del dólar en Colombia eliminaría uno de los principales factores de riesgo para las empresas que operan a ambos lados de la frontera. Esto permitiría una mayor integración de cadenas productivas, más inversiones conjuntas y un entorno de negocios más predecible.
Además, Colombia representa un mercado considerablemente más grande que Ecuador. Un bloque conformado por dos economías dolarizadas podría resultar más atractivo para inversionistas internacionales interesados en establecer operaciones regionales con menores riesgos monetarios.
“Ya no existiría la preocupación sobre qué pasa con el peso colombiano, si se aprecia o se deprecia. Esa incertidumbre desaparece y eso facilita el proceso de integración”, explicó Acosta Burneo.
Una visión similar mantiene Freddy Cevallos, presidente de la Cámara de Comercio Ecuatoriana Colombiana (Camecol), quien considera que compartir una moneda fuerte contribuiría a generar mayor confianza para los inversionistas internacionales.
“Definitivamente ayuda a que la inversión no transite con la incertidumbre que generan las devaluaciones. No es el único factor, pero tener una moneda fuerte y estable es una ventaja competitiva importante”, afirmó.
Para el dirigente empresarial, la estabilidad monetaria facilitaría la planificación de inversiones de largo plazo y permitiría observar a Ecuador y Colombia como un mercado ampliado dentro de la región andina, con menores riesgos asociados a la volatilidad cambiaria.
Uno de los efectos más visibles se produciría en ciudades fronterizas como Tulcán e Ipiales, donde miles de personas aprovechan las diferencias cambiarias para realizar compras o abastecer pequeños negocios.
Cuando el peso colombiano pierde valor frente al dólar, muchos ecuatorianos cruzan la frontera para adquirir productos más baratos. Sin embargo, Acosta Burneo sostiene que este fenómeno responde más a distorsiones monetarias que a ventajas económicas sostenibles.
“Lo que desaparece es la especulación vinculada al tipo de cambio. Los negocios tendrían que sustentarse en competitividad real y no en aprovechar fluctuaciones monetarias”, afirmó.
El economista sostiene que los ciclos de apreciación y depreciación del peso generan oportunidades temporales para consumidores y comerciantes ecuatorianos, pero también afectan el poder adquisitivo de los ciudadanos colombianos.