Los datos de las exportaciones andaluzas invitan al optimismo y, sin embargo, plantean una exigencia: aprovechar el momento. La comunidad cerró el primer semestre de 2026 con 22.430 millones de euros en ventas al exterior, un 5,1% más que en el mismo periodo del año anterior y por encima del crecimiento nacional. No es una casualidad ni una cifra menor. Es la demostración de que existe un tejido empresarial capaz de competir y crecer más allá de nuestras fronteras. Se trata de un impulso que tiene que llegar a Jaén. La provincia dispone de empresas con productos, conocimiento y calidad suficientes para conquistar nuevos mercados. El aceite de oliva representa el mejor ejemplo, lo mismo que la industria, la agroalimentación, la tecnología, los servicios y el talento con posibilidades reales de expansión internacional. El mensaje para el tejido empresarial debe ser claro: hay que ser valientes. Salir al exterior implica asumir riesgos, estudiar mercados, invertir, innovar y, en ocasiones, cambiar modelos de negocio. Hay que dejar claro que quedarse al margen también tiene un coste. La dimensión del mercado nacional no puede convertirse en un límite para compañías que tienen capacidad para competir en otros países. Hace falta ambición para crecer y visión para entender que la internacionalización no constituye una opción exclusiva de las grandes compañías, sino una vía de futuro para muchas pequeñas y medianas empresas jiennenses. Esa valentía necesita, además, un aliado imprescindible: las administraciones públicas. No se puede pedir a las empresas que den el salto internacional y después dejarlas solas ante las dificultades. Dar facilidades en la financiación y eliminar trabas burocráticas son cruciales.