Islandia vota este sábado si quiere o no reabrir el proceso para el ingreso en la Unión Europea. Elige entre dos miedos. Pertenecer a la ... UE le daría seguridad ante la amenaza expansionista de Donald Trump, que quiere dominar el Ártico, pero la adhesión al club de Bruselas supondría perder parte del control sobre una de sus grandes fuentes de ingresos, la pesca. Si gana el 'sí', comenzarán las negociaciones y, si hay acuerdo con las instituciones comunitarias, se volvería a convocar a los ciudadanos a las urnas para adoptar la decisión definitiva. Dicen los analistas que ese tránsito puede durar años.
Dinamarca advierte de que defenderá Groenlandia incluso ante un aliado, tras las amenazas de Trump
Aunque ahora a Reikiavik le han entrado las prisas. Es un país rico y con la ventaja de vivir en un lugar alejado del ruido mundial. Tiene apenas 400.000 habitantes, la población de Palma de Mallorca, repartidos en una enorme isla –del tamaño de Castilla-La Mancha– situada entre Europa y Estados Unidos. Tras varios acuerdos anteriores con Bruselas, los islandeses han disfrutado del Espacio Económico Europeo y de las ventajas del Espacio Schengen sin tener que formar parte de la UE. Son un caso único.
Además, una alianza militar con Washington ha permitido a Islandia el lujo de no tener un ejército permanente. Esa situación de privilegio se tambaleó con la crisis financiera de 2008. Sufrió un colapso bancario y un rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI). El Gobierno se asustó y planteó la adhesión a la UE para encontrar cobijo económico. No cuajó. Las discrepancias sobre la pesca paralizaron las conversaciones y la caída del Ejecutivo archivó el proceso tras cuatro años de discusiones. Ahora se retoma. Y, como casi todo lo que pasa en el planeta, por efecto de Trump. Por el temor a que el voluble presidente de Estados Unidos quiera, como pretende hacer con Groenlandia, quedarse con Islandia. Por eso, sus ciudadanos acuden hoy a las urnas para decir si están de acuerdo con reiniciar el proceso de adhesión a la Unión Europea y renunciar a su hasta ahora innegociable aislacionismo.
Cuando Trump dijo que quería el control de Groenlandia «tocó una fibra muy sensible» en Islandia
Las últimas encuestas presentan una leve ventaja del 'sí' con el 53% de intención de voto, frente al 47% que optan por seguir como están. Los islandeses están orgullosos de la independencia de Dinamarca que obtuvieron en plenitud en 1944. Suelen decir que están acostumbrados a luchar solos contra la naturaleza: los terremotos, las erupciones volcánicas y la tormentas de nieve. Como si pudieran con todo sin recurrir a nadie. Islandia es miembro fundador de la OTAN y reduce el gasto en armamento gracias a un acuerdo de defensa con EE UU que data de la Guerra Fría. Pero esa seguridad en el escudo de Washington se ha resquebrajado durante este segundo mandato de Trump. El líder republicano amaga, en ocasiones, con abandonar la Alianza Atlántica. Eso dejaría a Islandia desprotegida.
Hay más. Cuando nada más regresar a la Casa Blanca, el presidente norteamericano amenazó con conquistar otra isla nórdica, Groenlandia, por las buenas o las malas, un escalofrío recorrió la espalda de las autoridades islandesas. «Tocó una fibra muy sensible», reconoció en febrero la primera ministra, la socialdemócrata Kristum Frostadottir. Para colmo, poco después Trump dijo durante la cumbre de Davos que «Islandia iba a convertirse en un nuevo estado de EE UU». Luego se disculpó. Se refería, en realidad, a Groenlandia. Pero ya retumbaban sus palabras en Reikiavik.
Aunque el líder republicano no anda fino en geografía, se muestra firme en su convicción de ganar terreno estratégico frente a su gran rival, China. Y la ruta Ártica, ahora que el deshielo la está desbloqueando, es un gran botín. La onda expansiva de la presidencia de Trump alcanza las cuatro esquinas del planeta, incluida la que ocupa la lejana Islandia. La urgencia con la que este país nórdico llama ahora a la puerta de la UE es un síntoma de la escalada en la tensión mundial.
A Bruselas le gusta Islandia. A diferencia de otros países aspirantes a formar parte del club europeo, sería un contribuyente a la caja común. Por eso, la Administración comunitaria parece dispuesta a hacer concesiones en el sector pesquero que ningún otro miembro disfruta. La pesca y el turismo son dos de los grandes pilares de su economía. De los caladeros sale el 40% de las exportaciones islandesas y el 7% del PIB, más empleo directo o indirecto para el 4% de los trabajadores del país.
Hay debate. El sector primario teme que la adhesión a la UE imponga una regulación que le haga perder cuotas y que inunde sus mercados de productos más baratos. El Gobierno, por su parte, argumenta queg abandonar la moneda nacional, la corona, y adoptar el euro ayudaría a reducir la inflación (el 5,2%, el doble que en la UE) y los tipos de interés (hasta el 8%). Sobre todo eso votan hoy los islandeses mientras crece la incertidumbre en el Ártico.
Islandia decide este sábado si retoma el proceso de adhesión a la Unión Europea
Islandia decide este sábado si retoma el proceso de adhesión a la Unión Europea
Copyright © Informaciones Canarias, S.A. (INFORCASA)Domicilio social en C/ Profesor Lozano, nº 7, Urbanización El Sebadal, 35008 LasPalmas de Gran Canaria