Desde el Palacio de la Revolución, este miércoles en la tarde el Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba aprobó el nuevo conjunto de transformaciones para la vida económica y social del país –23 ejes fundamentales y 176 propuestas–, diseñadas no solamente para superar las actuales circunstancias sino también para seguir creciendo
«Este Pleno Extraordinario sesiona en días decisivos para Cuba. Herederos orgullosos del legado del Comandante en Jefe, los revolucionarios cubanos de hoy enfrentamos desafíos de una enorme magnitud que exigen unidad, firmeza ideológica, coraje, audacia y resistencia creativa».
Con esa idea el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, dio inicio a su intervención conclusiva del Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, que este miércoles en la tarde sesionó en el Palacio de la Revolución, y cuya esencia versó sobre transformaciones de la vida económica y social del país –23 ejes fundamentales y 176 propuestas–, diseñadas no solamente para superar las actuales circunstancias sino también para seguir creciendo.
En el inicio de sus palabras, el dignatario afirmó además: «Contamos con la guía de nuestro líder histórico, integrante destacado de la vanguardia de la Generación del Centenario y celoso guardián de la continuidad de la Revolución Socialista que él contribuyó decisivamente a levantar, desde sus cimientos hasta nuestros días: me refiero al General de Ejército Raúl Castro Ruz, Héroe de la República de Cuba, quien nos ha enseñado todos los días el sagrado valor de la unidad».
«El contexto –enunció el Jefe de Estado– es extraordinariamente complejo y desafiante por la incesante agresividad del recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos, por el criminal propósito de las acciones hostiles de la actual administración».
Para dar continuidad a su afirmación anterior, el mandatario mencionó, «en primer lugar, la incorporación de Cuba a la infame y espuria lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo; y otras acusaciones, igualmente falsas, que buscan desacreditar la autoridad y la gestión del Gobierno, a la vez que privan al país de cualquier fuente de ingreso en divisas».
Díaz-Canel sumó, en su línea de argumentos, «un bloqueo más recrudecido aún con las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro. de mayo, que respaldan el genocida cerco energético e internacionalizan, con sanciones secundarias, el bloqueo, la persecución financiera, energética y de inversiones, a extremos de máxima presión».
«Paralelamente –dijo–, se intensifica la subversión político-ideológica mediante la intoxicación mediática en las redes sociales, para dañar la credibilidad de la Revolución, entre cubanos y extranjeros, estimulando la desorientación social en un escenario nacional e internacional impactado por transformaciones profundas en la estructura socioeconómica y la geopolítica mundial, como consecuencia de los ilimitados poderes de una política imperial hegemónica».
El dignatario subrayó que tal política «pretende hacer trizas el multilateralismo, alimenta las corrientes neofascistas y agudiza las tensiones globales, amenazando constantemente la paz y la seguridad internacionales e intentando quebrar la indispensable unidad de las fuerzas de izquierda».
Y en lo alusivo a la Mayor de las Antillas, destacó: «El genocidio silencioso que se ha emprendido contra Cuba, provoca daños inconmensurables y terribles limitaciones en la vida cotidiana de nosotros como pueblo, mientras sus ejecutores mienten descaradamente al mundo, negando el cerco energético y afirmando que prohibimos la entrada de donaciones millonarias que anuncian mucho y de las que apenas han entregado algo de lo prometido».
«Cuba resiste heroica y creativamente, pero sufre hace demasiado tiempo un castigo bárbaro, inmerecido, insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar como nueva arma contra la resistencia colectiva».
«Cuba enfrenta un bloqueo cruel y una persecución financiera real, diaria, que encarece cada gota de combustible, cada medicamento, cada alimento, cada pieza y cada tecnología que el país necesita».
A propósito de tal contexto, el Presidente cubano hizo énfasis: «La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios. Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido Comunista y del Gobierno revolucionario no es explicar mejor la crisis, sino cambiar lo que haya que cambiar para salir de ella».
En tal sentido explicó que «se requiere una agenda económica profunda y ágil, ejecutable en corto plazo, que combine estabilización macroeconómica, incentivos para estimular y promover una apertura productiva, seguridad jurídica, atracción de inversión, uso intensivo de tecnología y una protección social focalizada y efectiva».
«Recordemos –dijo– que en la Clausura del XI Pleno planteamos que la posposición del Congreso no limitaba la posibilidad de efectuar los cambios, modificaciones y movimientos que sean necesarios, teniendo en cuenta las facultades de las estructuras del Partido y el Gobierno, como por ejemplo los Plenos del Comité Central cuando se trate de acuerdos adoptados por los congresos del Partido».