El exrector de la Universidad de Chile cuestionó que las instituciones públicas sean tratadas como competidoras del mercado educacional, pese a su papel en el desarrollo del país, la igualdad de oportunidades y la protección del bien común.
El exrector de la Universidad de Chile Ennio Vivaldi cuestionó las diferencias en el tratamiento que reciben las universidades públicas y privadas en el país, especialmente en materia de financiamiento estatal, fiscalización y reconocimiento de su función social. En una columna de opinión publicada en El Mercurio, el académico advirtió sobre lo que considera una desnaturalización de las instituciones estatales de educación superior, al someterlas a criterios propios del mercado en lugar de reconocer su misión vinculada al bien común.
En el texto, titulado “El síndrome de Sutton, el bien común y las universidades“, Vivaldi recurre a la historia de un célebre asaltante de bancos estadounidense para ilustrar su diagnóstico. A partir de esa anécdota, el exrector sostiene que en Chile se ha instalado la percepción de que las universidades públicas no representan el espacio más conveniente para realizar determinadas operaciones económicas.
“En Chile, se percibe que la universidad pública no es donde está la plata y que es mucho más fácil hacer negocios con otras instituciones”, planteó. Como ejemplo, mencionó las exigencias de control a las que están sometidas las instituciones estatales, cuyas transacciones pueden pasar por distintos niveles de fiscalización y cuyos antecedentes quedan disponibles públicamente. En contraste, observó que ninguna universidad privada ha solicitado convertirse en pública.
La crítica también apuntó al significado que adquiere el concepto de bien común cuando se trata de administrar recursos y patrimonio. Vivaldi señaló que las universidades públicas reciben donaciones de bienes artísticos e históricos para integrarlos al patrimonio colectivo de la nación, mientras que actualmente existiría una preferencia por realizar operaciones con instituciones privadas.
El académico recordó que históricamente han existido aportes directos a universidades privadas y fondos concursables a los que pueden postular instituciones públicas y privadas. Sin embargo, advierte sobre la existencia de mecanismos de financiamiento público reservados exclusivamente para las entidades privadas. “Ahora, sublime originalidad, hay fondos públicos concursables a los que solo pueden optar las privadas“, ironizó.
Vivaldi también apuntó a lo que considera contradicciones en la relación entre el Estado y sus propias universidades. Como ejemplo, mencionó la legislación que extendió a las instituciones públicas una sanción que les impediría celebrar convenios o desarrollar proyectos colaborativos con el mismo Estado al que pertenecen. A ello sumó la contribución de la Universidad de Chile al sistema de salud, mediante la formación de especialistas médicos, pese a que el financiamiento de su hospital debía provenir de recursos institucionales.
Según expone, esta situación generó una transferencia indirecta de recursos desde la universidad hacia el sector privado de la salud, debido a que los aranceles de los estudiantes de pregrado contribuían a financiar una institución que también formaba profesionales para ese sistema. “Parafraseando a Jorge Manrique, los fondos públicos son ríos que van a dar a la mar del mundo privado”, afirmó.
Por ello, Vivaldi planteó que la discusión presupuestaria debe permitir la coexistencia complementaria entre los sectores público y privado, en lugar de someter a las instituciones estatales a las reglas del mercado. A su juicio, diluir la distinción entre ambos ámbitos conduce a aplicar criterios de financiamiento incoherentes y a tratar a las universidades públicas como competidoras dentro del mercado educacional, en vez de reconocerlas como representantes del bien común.