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Nevaco Global
28 de junio de 2026

Los investigadores alertan: el 59% de los pesticidas que se usan en el café están prohibidos en la Unión Europea, y el 60% son «altamente peligrosos»

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Un café por la mañana, otro a media tarde. Para millones de europeos es un ritual diario, casi instintivo, con aroma y calor de por medio, venga de Colombia, de los campos de Vietnam o de las montañas de Brasil. Sin embargo, lo que hay detrás de ese grano es más que preocupante.

El 59% de los pesticidas que se usan en los cultivos de café a nivel mundial están prohibidos en la Unión Europea. El dato procede del informe Veneno en tu café, elaborado por las organizaciones Inkota y la Red de Acción contra los Pesticidas (PAN), que analizó las prácticas agrícolas en los principales países productores: Brasil, Vietnam, Colombia y Kenia. El mismo informe señala que el 60% de esas sustancias entran en la categoría de «altamente peligrosos» (HHP, por sus siglas en inglés), una clasificación que implica riesgos graves para la salud humana y los ecosistemas.

La UE prohíbe estos compuestos en su propio territorio por sus efectos documentados, pero importa grandes cantidades de café producido con ellos. Esa contradicción es el núcleo de la denuncia del informe: los países desarrollados fijan estándares de seguridad para su agricultura que no exigen a los países de los que compran.

La prohibición de un pesticida en la UE no responde a criterios arbitrarios sino a evaluaciones científicas que concluyen que sus riesgos superan sus beneficios. Que el 59% de las sustancias usadas en el café global no superen ese filtro indica que la brecha regulatoria entre países productores y países consumidores es estructural, no puntual.

El impacto más inmediato recae sobre los agricultores. En República Dominicana, el 87% de los trabajadores del café manipula estos agroquímicos sin equipos de protección: sin mascarillas, sin guantes, sin barreras de ningún tipo. La absorción directa de sustancias clasificadas como altamente peligrosas genera enfermedades crónicas, daños neurológicos y problemas reproductivos en las comunidades rurales que producen el café que llega a las mesas europeas.

El daño no se limita a las personas. En las regiones cafeteras de Colombia, el 81,3% de las muestras de aguas superficiales analizadas presentaron residuos acumulados de plaguicidas. El uso masivo de agroquímicos degrada los suelos y destruye las poblaciones de polinizadores, incluidas las abejas, que son esenciales para el propio ecosistema del café. La industria está erosionando las condiciones que hacen posible su producción.

Para el consumidor europeo, el problema tiene dos capas. La primera es directa: el café importado puede contener trazas de compuestos que las autoridades europeas consideran inaceptables en los productos cultivados dentro de la UE. Aunque existen límites máximos de residuos para muchos pesticidas, la presencia de sustancias expresamente prohibidas genera una zona gris regulatoria que las organizaciones denunciantes exigen cerrar.

La segunda capa es indirecta, al comprar café producido bajo estas condiciones, el consumidor financia una cadena de suministro que externaliza los costes ambientales y sanitarios a los países productores. La deforestación, la contaminación del agua y la exposición de los agricultores son el precio que pagan otros para que el café llegue barato a Europa.

El informe también coincide con los resultados de un estudio de Deutsche Umwelthilfe (DUH) publicado en marzo de 2026, que analizó las cadenas de suministro de 21 empresas alemanas del sector cafetero y confirmó que el café sigue vinculado a la deforestación, el uso de pesticidas altamente tóxicos y las infracciones laborales, incluyendo trabajo forzoso e infantil. Las empresas con peores resultados fueron JJ Darboven, Bela y Dallmayr. Las mejor valoradas, Alnatura, JDE Peet’s, Seeberger y Tchibo.

Los expertos reclaman una fiscalización más estricta de las importaciones y la aplicación efectiva de los reglamentos europeos sobre diligencia debida en la cadena de suministro, actualmente amenazados por retrasos y debilitamientos en su aplicación. Sin esas garantías, la etiqueta de un café certificado como sostenible no basta para asegurar que lo es.

Esta empresa se ha acogido a las subvenciones del Gobierno de España cofinanciadas con el Fondo Europeo de Desarrollo Regional para las regiones ultraperiféricas para el transporte de mercancías en Canarias.”Una manera de hacer Europa”

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