Durante décadas, las monarquías del Golfo consideraron su relación con Estados Unidos como el principal pilar de su defensa. Sin embargo, la visión del presidente Trump ha estado marcada por un enfoque más pragmático y transaccional.
En 2018, Trump resumió esa postura al referirse al liderazgo saudita. “Los estamos protegiendo. Sin nosotros podrían estar fuera de juego durante dos semanas. Tienen que pagar por su ejército”, afirmó.
Un año después, Arabia Saudita sufrió uno de los ataques más graves de su historia reciente. Varias instalaciones petroleras clave fueron bombardeadas. El ataque paralizó temporalmente cerca de la mitad de la producción de crudo del reino.
Aunque Washington responsabilizó a Irán y condenó la agresión, muchos gobiernos del Golfo comenzaron a cuestionar hasta qué punto Estados Unidos estaba dispuesto a intervenir para protegerlos.
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Durante el segundo mandato de Trump, los países del Golfo reforzaron sus relaciones económicas con Washington mediante compromisos de inversión multimillonarios. Como muestra de la importancia estratégica de la región, el mandatario eligió el Golfo para realizar su primer viaje oficial al extranjero.
“Vamos a proteger a este país”, afirmó Trump durante una visita a Doha, la capital de Qatar.
Sin embargo, esa promesa enfrentó este año una de sus pruebas más difíciles. La guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán provocó represalias en varios países de la región. Además, reavivó las dudas sobre el alcance real del compromiso estadounidense con sus aliados árabes.
Ante este escenario, el secretario de Estado, Marco Rubio, inició una gira por Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Kuwait. Su objetivo es tranquilizar a los socios regionales y reafirmar las garantías de seguridad de Washington.
No obstante, muchos gobiernos del Golfo ya no se preguntan si Estados Unidos seguirá siendo un aliado estratégico. Ahora les preocupa si el acuerdo con Irán terminará dejándolos en una posición más vulnerable.
Hasan Alhasan, investigador principal del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), considera que el conflicto marca un punto de inflexión para la arquitectura de seguridad regional.
“Desde la perspectiva de los estados árabes del Golfo, la guerra con Irán representa un punto de inflexión desastroso para el orden de seguridad regional”, afirmó.
Según el experto, un eventual levantamiento de restricciones económicas y la llegada de nuevos recursos financieros podrían fortalecer aún más la influencia iraní en la región.
A pesar de estas preocupaciones, los países del Golfo respaldaron los esfuerzos para alcanzar un alto el fuego entre Washington y Teherán.
“Para ellos, incluso un mal acuerdo sigue siendo preferible a una guerra”, explicó Alhasan.