En los siglos que precedieron el cambio de era, las rutas marítimas del océano Índico sustentaron una red de intercambios que unió el Mediterráneo con los puertos del sur y el sureste de Asia. Joyas, gemas talladas, monedas y recipientes de vidrio de factura romana viajaban en las bodegas de los barcos hasta costas que nunca habían visto un legionario. Así, una parte de la cultura de Roma ya estaba presente en el continente asiático mucho antes de la formación del imperio.
Un nuevo estudio, publicado en 2026 en la revista Cambridge Archaeological Journal y firmado por los investigadores Krisztina Hoppál, Ariane de Saxcé, Laure Dussubieux y Bérénice Bellina, arroja luz sobre este fenómeno. A partir de una base de datos de más de 300 objetos documentados en yacimientos que van desde la India peninsular hasta la isla de Bali, el estudio desmonta la idea de que el comercio antiguo fue un simple trasvase de mercancías de un extremo al otro del mundo conocido. En su lugar, presenta el intercambio de bienes en la Antigüedad como un proceso activo de selección, adaptación y resignificación.
A partir de una base de datos de más de 300 objetos documentados en regiones como India y Bali, el estudio desmonta la idea de que el comercio antiguo entre Europa y Asia fue un simple trasvase de mercancías.
El material más frecuente en el sur y el sureste de Asia es el vidrio. En el sureste asiático, el vidrio mediterráneo (en forma de materia prima, fragmentos de recipientes o cuentas) representa la importación más documentada. El equipo de estudio ha verificado que 29 de las 78 entradas de la base de datos corresponden a objetos de vidrio.
Los primeros puertos del istmo de Kra, en la frontera entre Tailandia y Myanmar, concentran los hallazgos más tempranos, datados entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C. Los cuencos con nervaduras y los recipientes de vidrio millefiori (mil flores), fabricados con una técnica altamente sofisticada, aparecen en yacimientos costeros como Phu Khao Thong y Aw Gyi.
En la India peninsular, los mismos tipos de objetos se encuentran en puertos clave como Pattanam, que llegó a concentrar centenares de fragmentos de vidrio mediterráneo, pero también en complejos budistas como el de Jetavanarama en Sri Lanka. La diferencia cuantitativa resulta reveladora. Mientras el sur de Asia acumuló miles de piezas, el sureste asiático conservó pocas, posiblemente porque reciclaba el vidrio importado para fabricar sus propios objetos. El vidrio, por tanto, además de ser un bien de lujo, se utilizaba como materia prima con la que las comunidades locales construían su propia identidad artesanal.
Los primeros puertos del istmo de Kra, en la frontera entre Tailandia y Myanmar, concentran los hallazgos más tempranos de objetos de vidrio romano, datados entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C.
En lo que respecta a las gemas grabadas (intaglios y camafeos, en su mayoría), el sureste asiático presenta un número de piezas superior al del sur de Asia: 32 frente a 17. No solo eso: la calidad de las importaciones en el sureste es sistemáticamente más alta. Los responsables del estudio han notado que el intaglio que representa a la diosa Fortuna hallado en Khlong Thom, en la península tailandesa, supera en finura técnica a un ejemplar similar procedente de Pattanam. Los artesanos del sureste también produjeron versiones propias inspiradas en los modelos romanos. Las piezas elaboradas localmente en el sur de Asia, sin embargo, tienden a adaptarse con mayor libertad y a alejarse de las formas romanas.
En cuanto a los motivos elegidos, algunos se verifican en ambas regiones, como el caballo, la figura de Fortuna y el gallo. Otros, como los sátiros, las escenas bucólicas o el dios Marte, solo aparecen en el sureste. Este patrón distintivo sugiere una elección deliberada y no una mera recepción pasiva. Las comunidades del sureste asiático quizás escogieron aquellos elementos que reflejaban sus propios sistemas de valores.
Los artesanos del sureste produjeron versiones propias de las piedras talladas inspiradas en las piezas romanas. Las piezas elaboradas localmente en el sur tienden a adaptarse con mayor libertad y a alejarse de los modelos romanos.
Las adaptaciones de monedas romanas constituyen quizás el ejemplo más fascinante de apropiación cultural. En el sur de Asia predominan las bullae, impresiones-amuleto en terracota o plomo que reproducen el tipo monetal de Tiberio (PONTIF MAXIM). De hecho, se han documentado más de 40 ejemplos en yacimientos del centro y sur de la India. En el sureste asiático, sin embargo, la terracota desaparece por completo y se sustituye por el metal, sobre todo estaño y oro. Estas piezas combinan el retrato imperial romano con inscripciones en brahmi y nombres locales, como Visnuvarman, el gobernante de Khlong Thom.
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Se trata de una síntesis iconográfica que funde el poder mediterráneo con la legitimidad política índica, un lenguaje híbrido forjado en los puertos de la península malaya. Según han podido constatar los investigadores, la cronología también difiere. Las adaptaciones del sur de Asia se siguen reproduciendo siglos después de que las monedas originales dejaran de circular, lo que apunta a un valor simbólico duradero que va más allá del simple uso comercial.
Los grandes puertos del sur, como Pattanam y Arikamedu, en las costas de la India, eran los puntos de entrada de las importaciones romanas y, al mismo tiempo,de los modelos que el sureste asiático observaba e imitaba.
El estudio identifica la India peninsular como el nodo central de toda esta red. Los grandes puertos del sur, como Pattanam y Arikamedu, en las costas occidental y oriental, respectivamente, eran los puntos de entrada de las importaciones romanas y, al mismo tiempo,de los modelos que el sureste asiático observaba e imitaba. Las bullae de tipo Tiberio, por ejemplo, llegaron al sureste a través de yacimientos indios como Kondapur y Sannati, donde se han hallado los moldes originales.