Fuegos artificiales durante la tradicional verbena de Sant Joan en la Barceloneta
Kike Rincón - EP
Barcelona
La ciudad de Barcelona ya está preparada para vivir este martes, 23 de junio, la noche de Sant Joan, una de las festividades más esperadas y arraigadas en Catalunya.
Esta celebración, que marca la llegada del verano y la noche más corta del año, reúne a vecinos, amigos y familiares en cenas comunitarias donde no falta el cava, el baile y, por supuesto, la tradicional coca, ya sea de 'llardons', crema, nata o fruta confitada.
Sin embargo, el verdadero hilo conductor de esta festividad es el fuego y la luz que inundan cada calle y cada plaza de la capital catalana.
Uno de los rituales más emotivos e imprescindibles de esta verbena es la llegada de la Flama del Canigó.
Este fuego representa la unión y la pervivencia de la cultura catalana, y tiene la particularidad de que no se apaga nunca. Durante todo el año, la llama reposa en el Museo de la Casa Pairal de Perpiñán y, cada 22 de junio, se traslada a la cima del macizo del Canigó.
Desde allí, a medianoche, comienza a descender y a dividirse para encender las hogueras de cientos de municipios.
Esta tradición nació en el año 1955 gracias a Francesc Pujades, un vecino de Arles de Tec que, inspirado por los versos del poema Canigó de Jacint Verdaguer, decidió llevar la luz desde la montaña a todos los rincones posibles. Tras cruzar la aduana por primera vez en 1966 hacia Vic, el fuego llegó a Barcelona en 1967, consolidándose desde entonces como el acto central del inicio de la verbena en la ciudad.
El recibimiento oficial de la Flama del Canigó en Barcelona es un gran evento institucional y festivo que arranca a las cinco de la tarde, momento en el que el fuego abandona las instalaciones del Camp Nou para dirigirse al corazón de la ciudad.
A partir de las 17:30, la plaza de Sant Jaume comienza a cobrar vida al ritmo de las sardanas interpretadas por la Cobla Sant Jordi-Ciutat de Barcelona. Quince minutos más tarde, el espacio se viste de gala para recibir al Àliga, los Capgrossos Macers y los Gegants de la Ciutat.
El momento culminante se produce a las seis de la tarde, cuando la llama entra triunfalmente en la plaza para encender el pebetero, un instante que los Castellers de Barcelona coronan alzando un pilar de honor. Tras los bailes tradicionales de las figuras del imaginario festivo, se procede a la lectura del mensaje oficial, que este año lleva la firma de la escritora Núria Cadenes. Finalmente, alrededor de las 18:30, los equipos y representantes de los distintos barrios de la ciudad recogen el fuego de este pebetero central para llevarlo a sus calles y encender, con él, las hogueras locales.
El litoral barcelonés ha sido históricamente uno de los puntos que mayor número de personas congrega durante esta noche. Sin embargo, el Ayuntamiento y las autoridades locales hacen especial hincapié en recordar que las playas no son simples extensiones de arena, sino ecosistemas naturales frágiles que conviven de cerca con la ciudad.
El impacto de la pólvora, el humo y los residuos afecta directamente tanto a la biodiversidad marina como a la salud pública. Por este motivo, la normativa es estricta: en las playas no está permitido encender hogueras, lanzar petardos ni fumar, y es vital depositar cualquier residuo en los contenedores adecuados.
Una hoguera en Barcelona por Sant Joan / AYUNATMIENTO DE BARCELONA
Para demostrar que es posible disfrutar de la fiesta respetando el entorno, la playa de la Barceloneta acoge por segundo año consecutivo una Verbena de Sant Joan Sostenible. Este proyecto, impulsado por la Red Barceloneta con el asesoramiento científico del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) y el apoyo del Distrito de Ciutat Vella, propone un espacio inclusivo, relajado, libre de alcohol y con el objetivo de generar cero residuos, ofreciendo actividades diversas para todas las edades.