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Ciudad de México, 7 de julio (SinEmbargo).– “Estados Unidos amañó el Mundial y luego se retiró como el hazmerreír”. Tómala. La frase es de Cathal Kelly, columnista de The Globe and Mail. Se refiere al hecho de que Donald Trump moviera sus influencias para que se eliminara la tarjeta roja que inhabilitaba a su mejor jugador, y luego ese jugador estuviera en el lamentable partido donde la selección beneficiada con tráfico de influencias es goleada.
Hay que recordar que Trump es rechazado a nivel internacional, de acuerdo con una encuesta reciente del Pew Research Center, y que cada vez menos personas consideran a Estados Unidos (EU) un socio confiable. La encuesta fue realizada en 36 países. Se revela un descenso en la popularidad en medio de la creciente preocupación por su política exterior y la salud de su democracia.
En las 36 naciones encuestadas, un promedio del 23 por ciento de los adultos expresa confianza en su liderazgo en los asuntos mundiales. En muchos países, la confianza en Trump ha disminuido desde el año pasado. En general, la percepción de Estados Unidos también es mayoritariamente negativa. La opinión favorable sobre el país ha disminuido en muchos lugares durante el último año, incluyendo caídas de dos dígitos en Indonesia, Italia, Nigeria, Sudáfrica, Corea del Sur y Turquía.
#Análisis ¬ Trump mete la nariz en el Mundial. Y Bélgica le da una bofetada
Y ahora, Trump mete la mano al Mundial. Le da notoriedad a un jugador que hace tres semanas la mayoría desconocía porque habla como inglés aunque es estadounidense por el derecho de nacimiento que el Presidente de Estados Unidos quiere eliminar. Juega en Francia para el Mónaco, que, incluso para los estándares franceses, es bastante mediocre.
“Entonces Balogun apareció en el Mundial, marcó un par de goles y, de repente, se convirtió en Johan Cruyff. Estados Unidos no podía prescindir de él, un tipo del que nadie había oído hablar antes. Y así comenzó el Watergate, una historia sin precedentes”, agrega el columnista de The Globe and Mail. “Pobre Balogun. Él no pidió nada de esto. El lunes, jugó como un hombre que vislumbra dos posibles futuros. En uno, estará atado a Trump como una lata para el resto de su carrera, el jugador de futbol favorito del Presidente. En el otro, regresará a la Riviera y olvidará todo esto. Balogun eligió la segunda opción”.
Lo único más irritante que la interferencia de un árbitro en un evento deportivo es la de un político, dice Sally Jenkins, redactora de The Atlantic. Y luego pregunta: “¿Cómo acabar con la buena voluntad de Estados Unidos en el Mundial? Mostrarle una tarjeta roja a Donald Trump. Dejar que se ponga manos a la obra, llamando a su buen amigo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para preguntar por la suspensión del máximo goleador de la selección estadounidense. Que, como por arte de magia, levanten la suspensión justo a tiempo para el próximo gran partido. Inventar una explicación tan endeble para el repentino cambio de postura que indigne a todo el mundo del deporte ante el tufillo a complot interno”, añade.
Un equipo debe tener que vencer a sólo 11 hombres para ganar un partido de la Copa del Mundo, no a 11 hombres y un árbitro, y mucho menos a 11 hombres, un árbitro, un burócrata de la FIFA y un Presidente estadounidense, afirma Sally Jenkins. “Pero esa es ahora la percepción de la ventaja de jugar en casa de la selección de Estados Unidos: que el anfitrión hará cualquier cosa para ganar en su propio terreno, incluso ejercer presión, por parte del Presidente y miembros de su administración, para que se anulen las decisiones arbitrales”.
La expulsión de Estados Unidos del Mundial de futbol ha provocado fiestas en algunas partes, y reacciones virulentas dentro del país. Es otra vez la mano de Trump, innecesaria, grotesca, abusiva, haciendo quedar mal a los estadounidenses, dejándolos en ridículo justo cuando acaba de perder una guerra con un país menor, Irán, por el mismo arrebato prepotente.
La tarjeta roja que le mostraron a Folarin Balogun por pisar el tobillo de un rival en el partido contra Bosnia y Herzegovina la semana pasada pudo haber sido una decisión desacertada. Sin embargo, el reglamento de la FIFA es inequívoco, tanto en su libro de reglas como en las directrices específicas del Mundial. Una tarjeta roja implica la suspensión automática para el siguiente partido, sin posibilidad de apelación. Balogun debería haber sido baja para el partido de octavos de final de anoche contra Bélgica. En cambio, la FIFA declaró ayer que sólo estaba en periodo de prueba y que jugaría.
“EU amañó el Mundial y luego se retiró como el hazmerreír”. Trump movió influencias para quitarle la roja a un jugador; pese a ello, su selección fue eliminada.
La agencia oficial de China emitió un comentario sobre este hecho. Le recordó a Estados Unidos que ha tratado durante mucho tiempo las normas internacionales como opcionales, en lugar de vinculantes: “las respeta cuando le resultan útiles, pero las descarta cuando dejan de convenirle. Un reciente intento del Presidente estadounidense, Donald Trump, de influir en un evento deportivo internacional ilustra perfectamente este doble rasero”.
El incidente en sí es menos importante que la lógica que lo sustenta, publica Xinhua. “Las reglas adquieren legitimidad mediante la coherencia y la imparcialidad, no a través de la influencia de quienes buscan excepciones. Una vez que las decisiones comienzan a estar determinadas por presiones políticas en lugar de procedimientos establecidos, la confianza en todo el sistema empieza a erosionarse. Este patrón va mucho más allá del ámbito deportivo. Estados Unidos se ha presentado durante mucho tiempo como defensor de un ‘orden internacional basado en reglas’, pero su historial revela un marcado doble rasero. Aplica con firmeza las normas que favorecen sus intereses, mientras exige excepciones, modifica las condiciones o simplemente elude el sistema cuando esas mismas reglas se convierten en un obstáculo”.
“EU amañó el Mundial y luego se retiró como el hazmerreír”. Trump movió influencias para quitarle la roja a un jugador; pese a ello, su selección fue eliminada.
“Al paralizar el mecanismo de solución de diferencias de la Organización Mundial del Comercio (OMC) mientras acusa a otros de violar las normas comerciales, así como al imponer aranceles unilaterales y sanciones extraterritoriales al margen de los marcos multilaterales, Washington ha enviado reiteradamente la señal de que las reglas se aplican de manera selectiva y no universal. El orden mundial no puede sostenerse si las potencias reservan para sí el derecho de modificar o ignorar las reglas a voluntad. La credibilidad de cualquier sistema no depende de la influencia de sus miembros más poderosos, sino de la aplicación imparcial de sus principios a todos”, dice la agencia del gobierno chino.
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