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Nevaco Global
21 de junio de 2026

Los retos económicos que asumirá el próximo presidente de Colombia

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El cierre del Gobierno Petro, en materia macroeconómica y fiscal, llega marcado por las presiones derivadas de la diferencia entre los ingresos y el gasto del Estado, y por un modelo de crecimiento basado en el gasto público y el consumo.

Con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, el candidato que llegue a la presidencia deberá afrontar un déficit fiscal que se mantiene por encima de 6% del PIB, presiones en el manejo de la deuda y la aceleración de la inflación que, tras el ajuste del salario mínimo de 2026, provocó el desanclaje de la expectativa del banco central de llevar el costo de vida a 3% en el corto plazo.

El crecimiento del PIB de 2,2% en el primer trimestre de 2026 evidenció la fortaleza que aún mantienen la administración pública, el comercio y las actividades de entretenimiento en la economía nacional. Sin embargo, la desaceleración de la formación bruta de capital afecta a sectores como la construcción, que registra cifras negativas en iniciaciones y ventas de edificaciones, y a las actividades extractivas, impactadas por una menor producción de hidrocarburos.

El nuevo gobierno también deberá prestar atención al sector agropecuario, que se contrajo entre enero y abril.

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El incremento de 23,7% en el salario mínimo para 2026 y los efectos del frente frío del primer trimestre sobre la oferta de alimentos impulsaron la inflación anual hasta 5,84% en mayo. A esto se suma la previsión de los analistas consultados por el Banco de la República, quienes estiman que el indicador cerrará el año en 6,48%. Durante los cuatro años del gobierno de Gustavo Petro, la inflación se mantuvo por fuera del rango meta del Emisor, entre 2% y 4%, y las proyecciones indican que solo volverá a ese nivel dentro de cinco años.

El banco central elevó su tasa de interés de 9,25% a 11,25% en el primer trimestre del año como medida contrainflacionaria, buscando una desaceleración del gasto de los hogares. Sin embargo, podrían venir nuevas revisiones al alza de los tipos en junio, lo que dejaría la tasa de interés en 12%.

Como respuesta al desanclaje de las expectativas de inflación tras el ajuste salarial de 2026, cuando se proyectaba una inflación cercana a 4%, y a las presiones externas derivadas del conflicto en Medio Oriente, el Banco de la República elevó su tasa de interés hasta 11,25%, con el fin de moderar el consumo de los hogares y contener un repunte de los precios.

Partiendo de que ambos candidatos defienden la independencia del banco central, el nuevo gobierno tendrá la tarea de recomponer la relación con el Emisor tras el episodio de tensiones surgidas entre el Ministerio de Hacienda del Gobierno Petro y el banco central por las decisiones monetarias, teniendo en cuenta que ya no es obligatoria la presencia del ministro en las sesiones de la Junta Directiva.

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El dólar cerró esta semana en $3.459,53 y sigue en los niveles más bajos de los últimos cinco años. Esto significa que Colombia vive uno de los mayores períodos de fortalecimiento del peso en su historia reciente. Desde que Petro asumió la Presidencia hasta ahora, el dólar ha caído cerca de 20%, un comportamiento que solo se ha visto en dos ocasiones este siglo: una entre 2016 y 2017, cuando la divisa pasó de niveles cercanos a $3.400 a alrededor de $2.700, y otra entre 2003 y 2008, durante el gobierno de Álvaro Uribe, cuando cayó desde cerca de $2.900 a niveles de $1.600.

El alivio de las tensiones entre Estados Unidos e Irán abrió un nuevo panorama para los precios de los combustibles y los fertilizantes, ante la expectativa de una normalización del tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz.

El brent ya se negocia en niveles previos al inicio del conflicto, entre US$70 y US$80 por barril (después de haber alcanzado máximos cercanos a US$120). Sin embargo, esta corrección impulsó las exportaciones colombianas, que alcanzaron US$2.090 millones al cierre de abril.

Ante el fin del rally de precios petroleros, la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas, ACP, estimó que por cada caída de US$10 en la cotización del brent, el país dejará de percibir cerca de $7 billones anuales en ingresos fiscales.

Las cifras del Dane muestran que la tasa de desempleo se ubicó en 8,8% en abril, el nivel más bajo para este mes desde 2001. Sin embargo, esta mejora convive con la persistencia de la informalidad laboral, que actualmente representa 55% del total de ocupados.

Además, el incremento de los costos laborales derivado del alza de 23,7% en el salario mínimo para 2026 sigue siendo una amenaza para la formalización. De acuerdo con Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, dos de cada tres empresas redujeron su planta de personal este año.

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