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25 de octubre de 2026

Trump y Lula se enfrentan a un desafío similar. ¿Podrán superarlo en las elecciones?

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Según la mayoría de los indicadores tradicionales, la economía de Brasil va bien. El desempleo cayó a mínimos históricos, la pobreza disminuyó y los salarios crecieron por encima de los precios.

Sin embargo, esos avances no parecen haber aliviado la presión sobre los bolsillos de los brasileños. Casi la mitad de la población afirma que sus ingresos familiares no siempre alcanzan para cubrir los gastos cotidianos, según una encuesta de Datafolha publicada en septiembre. En un sondeo de Genial/Quaest divulgado ese mismo mes, el mismo porcentaje, 49%, consideró que la economía del país había empeorado en los últimos 12 meses.

Esa desconexión se ha convertido en un desafío para el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que busca un cuarto mandato en la segunda vuelta del domingo frente al senador derechista Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro. Y es un desafío similar al que se enfrente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de cara a las elecciones de mitad de mandato que tendrán lugar en noviembre.

Lula terminó segundo en la primera vuelta del 4 de octubre, con el 45,16% de los votos válidos, detrás del 47,03% de Bolsonaro, pese a que los sondeos lo situaban por delante. Una encuesta de Datafolha divulgada el jueves mostró a ambos candidatos empatados con el 50% de los votos válidos, dentro del margen de error.

Aunque la criminalidad y la corrupción han dominado buena parte de la campaña, la economía sigue teniendo peso. En un sondeo de Datafolha realizado en octubre, el 15% de los votantes la señaló como el principal problema de Brasil, solo detrás de la violencia (20%) y la salud (18%).

El desafío de Lula se parece mucho al que enfrentaron los demócratas en las elecciones de Estados Unidos en 2024, cuando los buenos indicadores económicos no lograron contrarrestar la frustración con el costo de vida.

Cuando Kamala Harris se postuló para suceder a Joe Biden en 2024, Estados Unidos también registraba cifras económicas relativamente sólidas. El desempleo era del 4,1% en octubre, la inflación se había moderado considerablemente desde su pico de 2022 y los salarios reales estaban subiendo.

Aun así, cerca de tres de cada 10 estadounidenses dijeron que las finanzas de su hogar se estaban quedando atrás, frente a dos de cada 10 en 2020, según AP VoteCast. Harris perdió, y alrededor de seis de cada 10 votantes que señalaron la economía como el tema más importante apoyaron a Donald Trump.

David Steinberg, profesor asociado de economía política internacional en la Universidad Johns Hopkins, ha estudiado cómo la inflación influyó en la percepción de los votantes estadounidenses sobre el gobierno de Biden y Harris. En un experimento de encuesta realizado poco antes de las elecciones de 2024, Steinberg encontró que el simple hecho de pedir a los encuestados que recordaran el aumento de los precios reducía su aprobación del gobierno. El efecto fue especialmente marcado entre demócratas e independientes, y no entre los republicanos, que ya desaprobaban la gestión.

“A todo el mundo le afectan los precios más altos”, dijo Steinberg a CNN, y explicó que el alza de los costos es más tangible para los votantes que muchos otros indicadores económicos.

Una dinámica similar podría estar en juego en Brasil. En Minas Gerais, donde Lula perdió casi cinco puntos respecto a 2022, los precios en Belo Horizonte subieron cerca de un 20% desde 2023, algo por encima del promedio nacional. En Maranhão, otro estado clave donde Lula perdió terreno, su capital São Luís tuvo en 2024 la mayor inflación entre las ciudades medidas por el IBGE.

“Quien esté en el cargo en ese momento es quien se lleva la culpa la mayoría de las veces”, dijo Steinberg.

Eso ocurre pese a que las cifras económicas de Brasil le darían a Lula da Silva varios logros para hacer campaña.

El desempleo cayó al 5,3% en el trimestre terminado en agosto, el nivel más bajo para ese periodo desde el inicio de la serie en 2012, y la ocupación alcanzó un récord de 103,5 millones de trabajadores, según el instituto de estadística IBGE.

Un informe de septiembre del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR) encontró que los ingresos laborales reales promedio subieron alrededor de un 13% entre finales de 2022 y el segundo trimestre de 2026, mientras que el salario mínimo ajustado por inflación aumentó un 12,7%. La pobreza bajó del 31,6% de la población en 2022 al 23,1% en 2024.

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