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Nevaco Global
21 de octubre de 2026

China supera a Alemania y se consolida como principal proveedor de España

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El gigante asiático consolida su liderazgo entre los proveedores españoles y concentra dos tercios del déficit comercial del país, que sigue aumentando.

Durante décadas, Alemania ocupó el primer puesto entre los proveedores de España, con el resto de países a cierta distancia. Ese orden ha cambiado. Según los últimos datos de Comercio Exterior del Ministerio de Economía, China fue en agosto el principal proveedor español por tercer mes consecutivo, una señal de que el cambio va más allá de un dato puntual.

Las cifras acumuladas lo confirman. Entre enero y agosto, las compras españolas a China sumaron 35.879 millones de euros, un 11,1% más que en el mismo periodo del año anterior. Alemania quedó por detrás, con 33.686 millones y un avance del 2,5%. La diferencia supera ya los 2.100 millones. Solo en agosto, las importaciones procedentes de China crecieron un 18,9%, hasta los 4.430 millones, frente a los 3.265 millones de las compras a Alemania.

El cambio venía gestándose desde hace meses. En junio, un análisis de Equipo Económico ya apuntaba que China había superado a Alemania como principal origen de las importaciones españolas, con 50.674 millones de euros en términos anualizados hasta marzo. Lo que entonces apuntaba a un cambio estructural se consolida ahora en los datos mensuales.

El problema no es solo que España compre cada vez más a China, sino que sus ventas al gigante asiático no avanzan al mismo ritmo. En agosto, las exportaciones españolas a China se dispararon un 41,5%, hasta los 680 millones de euros. Sin embargo, en el acumulado de los ocho primeros meses apenas crecieron un 0,7%, hasta los 5.383 millones.

El resultado es un déficit comercial bilateral de 30.496 millones de euros, un 13% superior al registrado en el mismo periodo de 2025. Con Alemania, en cambio, el saldo negativo se limita a 6.571 millones y se ha reducido un 5,6%.

China explica así el 66,5% del déficit comercial total de España, que alcanzó los 45.818 millones de euros, un 30% más que un año antes y el mayor para este periodo desde 2022. La tendencia tampoco es nueva: en 2025, el déficit bilateral con China ascendió a 42.278 millones, un 12,1% más que en 2024.

La dependencia española ya no se limita a los productos manufacturados de bajo coste. China ocupa una posición dominante en sectores como las baterías, los paneles solares y los vehículos eléctricos, además de tener un peso relevante en equipos eléctricos, telecomunicaciones y maquinaria industrial.

Son actividades estratégicas para la transición energética y la modernización del tejido productivo español. Por eso, el aumento de las importaciones no solo refleja una relación comercial desequilibrada: también plantea interrogantes sobre la dependencia de proveedores externos en industrias esenciales para la competitividad futura.

El balance general del comercio exterior español ofrece una imagen menos negativa en el lado de las ventas. Las exportaciones alcanzaron un récord para el periodo, con 264.182 millones de euros entre enero y agosto, un crecimiento del 3,2%.

Las importaciones, sin embargo, avanzaron al doble de ritmo, un 6,5%, hasta situarse en torno a los 310.000 millones de euros. El resultado es un déficit comercial creciente, al que contribuye también la factura energética: 22.366 millones de euros, un 4,8% más que en el mismo periodo del año anterior.

La evolución del comercio español con China coincide con un endurecimiento de la posición europea. Bruselas considera preocupante el desequilibrio comercial con Pekín, que en 2025 dejó a la Unión Europea un déficit superior a los 1.000 millones de euros diarios. En octubre, la Comisión Europea volvió a reclamar un reequilibrio de las relaciones comerciales y anunció su intención de estudiar nuevas restricciones a las importaciones chinas en otros sectores.

Mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez ha apostado por estrechar los vínculos con Pekín. El presidente ha viajado cuatro veces a China en cuatro años con el objetivo de abrir nuevas oportunidades para las empresas españolas y avanzar hacia una relación comercial más equilibrada.

Por ahora, las cifras de 2026 muestran una realidad distinta: España compra más productos chinos, pero sus exportaciones al país asiático apenas crecen. El reto no consiste únicamente en diversificar los proveedores, sino también en conseguir que el acceso al mercado chino se traduzca en más ventas para las empresas españolas.

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