Diversos informes de los centros de análisis Carnegie Endowment for International Peace y Chatham House apuntan que ahora los hutíes pueden actuar como un instrumento de negociación de Irán ante Washington, en una guerra que ya dura siete meses. Pero esto no significa que Teherán controle las decisiones del grupo. El movimiento tiene una estructura de mando, unos intereses territoriales y una agenda política propia. El control de la costa responde, de hecho, a sus propios intereses: les da más capacidad para presionar a Arabia Saudí, refuerza su posición ante futuras negociaciones sobre el Yemen y amplía su control sobre el petróleo y el gas de las zonas que dominan.
Arabia Saudí ya ha buscado reforzar el apoyo de sus aliados. El Reino Unido ha aceptado proporcionar abastecimiento aéreo a los aviones saudíes para misiones defensivas y Riad ha comunicado que organizará una reunión urgente con Turquía y Pakistán, socios del nuevo Acuerdo de La Meca, firmado en agosto, para abordar fórmulas de apoyo al reino. Y aquí aparece Israel.
La prensa israelí ha comenzado a hablar de un posible acercamiento entre los dos países a raíz de la nueva escalada. Ambos comparten la preocupación por Irán e intereses comunes en la protección de las rutas marítimas y las infraestructuras energéticas. Esto podría favorecer más cooperación en materia de inteligencia, defensa antimisiles y vigilancia marítima, pero, de momento, no se puede dar por hecho una alianza abierta.Los hutíes comenzaron como un movimiento local del norte de Yemen, pero hoy son un actor armado, una autoridad territorial y un aliado regional de Irán con influencia sobre la seguridad marítima. Su apuesta es doble: consolidar las ganancias en Yemen y utilizar el Bab el-Mandeb para presionar a Arabia Saudita. Para Irán, esto abre otro frente de presión sobre Washington sin tener que controlar cada movimiento del grupo ni exponerse directamente a una respuesta estadounidense.