CopenhagueIslandia se prepara para decidir su futuro europeo en un referéndum que podría reabrir un debate aparcado durante más de una década. El 29 de agosto, los islandeses serán llamados a las urnas para pronunciarse sobre si quieren que el gobierno retome las negociaciones de adhesión con la Unión Europea o no. El país nórdico ya solicitó el ingreso en 2009, en plena crisis financiera, pero cuatro años más tarde, con la economía recuperada y un cambio de gobierno, se retiró de las conversaciones.El gobierno de centroizquierda de la primera ministra Kristrún Frostadóttir, en su inicio de legislatura quería celebrar la consulta durante el año 2027. Pero desde Reikiavik reconocen que las amenazas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sobre Groenlandia (situada a solo 300 kilómetros) han contribuido a aumentar la incertidumbre en el Atlántico Norte, y han pesado en la decisión de adelantar el referéndum un año.Desde el ejecutivo se defiende el voto por el sí, justificando que en un momento de aguas turbulentas en una región en disputa entre las potencias mundiales por ser la puerta al Ártico, el país necesita la estabilidad y la seguridad que puede ofrecer la UE. Al lado del no se encuentran todos los partidos de la oposición, que alertan de los posibles efectos de la adhesión sobre sectores clave como la pesca, y advierten del riesgo de perder soberanía nacional ante las instituciones europeas.A un mes de la celebración del referéndum, la campaña va ganando intensidad y las encuestas muestran que los islandeses continúan profundamente divididos por la cuestión. La encuesta más reciente en la cadena pública Rúv revela que el 54% se oponen a la adhesión a la UE, frente al 46% que están a favor. Aun así, los sondeos del diario principal del país, Morgunblaðið, dan una victoria estrecha con el 52% de los votos a favor de reabrir las negociaciones con la UE, frente al 48% que se oponen.
Léelo todo
El mes de enero, durante un discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, Donald Trump protagonizó un lapsus que causó una gran inquietud entre los islandeses. Cuando hablaba de sus aspiraciones sobre Groenlandia, el presidente norteamericano confundió el nombre de la isla con el de Islandia, un error que, a pesar de ser involuntario, provocó mucho enfado. Un hecho similar se produjo cuando el nuevo embajador norteamericano en el país nórdico nombrado a principios de año, Billy Long, bromeando dijo que Islandia se convertiría en el 52º estado de los EE. UU. y él sería el gobernador.
Con todo, la razón por la que Islandia nunca ha dado el paso de convertirse en un miembro de pleno derecho del club europeo es por la política pesquera común. Los partidarios del no temen que la adhesión a la UE suponga un daño irreversible para el sector económico más importante: “Esto es una línea roja –señala Bergmann–, ningún gobierno de Islandia volvería de Bruselas sin un acuerdo que garantizase el control de los caladeros de pesca, porque saben que la población no lo aprobaría de ninguna manera". Más allá de la pesca, los partidos de la oposición también ponen el acento en la defensa de la soberanía nacional, un argumento que apela a la historia y al carácter de los islandeses después de haber estado durante siglos bajo el dominio de Noruega y Dinamarca. Islandia obtuvo el autogobierno en 1904 y no alcanzó la plena independencia de Copenhague hasta 1944.Los que defienden el no sostienen que Islandia ya goza de buena parte de los beneficios de la UE, como los programas Erasmus o pertenecer al mercado único, lo que ayuda a que el 80% de su comercio exterior sea a la UE: “Estos son los pilares de la prosperidad de los que gozan los islandeses, sin tener que ceder competencias a Bruselas”, asegura Bergmann.Por parte de Bruselas, si ganase el sí, hay buena predisposición a integrar Islandia, ya que el país sería un contribuyente neto a la UE. Aun así, el gobierno ha prometido que, si se retoman las negociaciones, habría que celebrar un segundo referéndum para ratificar el acuerdo de adhesión.