Washington / JerusalénA Marruecos le gusta recordar que fue el primer país en reconocer la independencia de los Estados Unidos. Una relación longeva que se ha acelerado vertiginosamente al amparo de Donald Trump. El detonante fue cuando, en 2020, Rabat se adhirió a los Acuerdos de Abraham, impulsados por el republicano durante su primer mandato para normalizar las relaciones entre Israel y los países árabes. A cambio, Washington reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Esta transacción sentó las bases para la actual triangulación de intereses entre los EE. UU., Israel y Marruecos en África.
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Seis años después, esta relación ha evolucionado más allá del acuerdo inicial y se ha convertido en una asociación basada en intereses estratégicos propios que han resistido incluso el impacto de la guerra de Gaza. A pesar del rechazo del pueblo marroquí a la guerra de Gaza, los anhelos del reino de Mohammed VI por anexionarse el Sáhara Occidental no se alejan tanto de la agenda de ocupación israelí.
Actualmente, Marruecos es el principal comprador de armas de los Estados Unidos en el continente africano, según destaca el departamento de Estado. Washington tiene unos 8.545 millones de dólares en ventas activas con el gobierno marroquí bajo el programa de Ventas Militares Extranjeras (FMS). Entre los acuerdos de venta se encuentran 18 lanzadores de misiles HIMARS, el mismo sistema de defensa que Ucrania emplea para protegerse de ataques rusos. El informe publicado por el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz (SIPRI) muestra que las importaciones marroquíes de armamento pesado han aumentado un 12% entre 2021 y 2025, en comparación con el período 2016-2020. Los Estados Unidos lideran este proceso como principal proveedor de Marruecos. Entre 2021 y 2025, Washington representó el 60% de las entregas de armas que recibió el país.
Del brazo de Washington va Tel Aviv, que desde la firma de los Acuerdos de Abraham se ha convertido en el segundo principal proveedor de armas de Marruecos (24%), desplazando a Francia al tercer lugar (10%), según el SIPRI. El desplazamiento de la influencia del país europeo en las relaciones armamentísticas va acompañado de la desafección que ha mostrado Rabat en los últimos años hacia París. En otro gesto simbólico, el gobierno marroquí está desplazando las clases de francés en las escuelas públicas por el inglés.
La intensificación de las relaciones armamentísticas de Marruecos con los EE. UU. e Israel también se produce en paralelo al aumento de las tensiones con Argelia. El malestar con el país vecino no ha hecho más que aumentar después de que Washington diera apoyo a los reclamos alauitas sobre el Sáhara Occidental. En este entramado de intereses y alianzas, Argel cuenta con el apoyo de China y Rusia.
En los últimos años, Israel también ha acelerado el abastecimiento de drones a Marruecos en su campaña de represión contra la población saharaui y el Frente Polisario. Una investigación publicada por L'Humanité denunciaba que la tecnología militar y de espionaje que ha desarrollado Israel en la guerra contra los palestinos también se usa contra los saharauis. "La relación es sólida y mutuamente importante. Ha ido mucho más allá de los motivos geopolíticos que la originaron y se ha convertido en una asociación bilateral basada en varios pilares: defensa, economía y diplomacia", explica a la ARA Intissar Fakir, directora del centro de investigación Middle East Institute y especialista en política marroquí.
Más allá del suministro de armas, Marruecos también se ha convertido en un aliado interesante para Washington por razones geoestratégicas. La primera, por su posición como puerta de entrada a África y también al mar Mediterráneo, siendo prácticamente uno de los guardianes del flanco sur de la OTAN. La segunda, por sus reservas de minerales críticos, concretamente de roca fosfática, que se emplea para producir fertilizantes y baterías para los coches eléctricos.
Resulta que Marruecos es un gigante dormido de roca fosfática: el último informe de la IEA sobre las reservas globales de minerales críticos destaca cómo el país africano tiene el 70% de las reservas mundiales de este material, pero solo extrae y cubre menos del 15% de la demanda global. Casualmente, buena parte de las reservas se encuentran en Bu Craa, dentro del Sáhara Occidental. China hace unos cuantos años que ha entrado en Marruecos invirtiendo en proyectos y financiación relacionados con este sector para así tener una posición de preferencia para cuando este gigante despierte.
Rabat es consciente también de estas razones y las está explotando para conseguir acercarse a la administración Trump. "Marruecos no se somete a la geografía, sino que la transforma en una potencia", explicaba el embajador marroquí en Washington, Youssef Amrani, en una reciente entrevista a Maroc Diplomatique. Cuando la semana pasada Trump renovó sus aranceles universales con una nueva tasa del 12,5% para todo el mundo, incluido Rabat, también se ocupó de firmar una excepción para las importaciones de roca fosfática marroquí.
Como en Bruselas, en los pasillos del Capitolio, la diplomacia marroquí también ha ido trabajando para sumar alianzas, especialmente dentro del grupo republicano. Existe el caucus bipartidista sobre Marruecos, que a raíz de la crisis fronteriza en Ceuta se ha convertido incluso en un arma arrojadiza entre los círculos MAGA. El republicano Thomas Massie, gran crítico de Trump que ya no renovará escaño en noviembre, publicaba el fin de semana pasado un texto redactado por este comité donde, indirectamente, reconocía una disputa territorial sobre la excolonia española. El breve fragmento, que no tiene carácter vinculante, introducía la siguiente frase: "El Comité apoya los esfuerzos del secretario de Estado para fomentar el diálogo diplomático entre Marruecos y España sobre el futuro estatus de Ceuta y Melilla". La decisión de introducir este marco proviene del republicano Mario Díaz Balart, vicepresidente del caucus sobre Marruecos.