Mary Jane Berlin reunió a decenas de miles de personas en un mismo edificio y les recordó por qué se habían enamorado de esta planta. Luego llegó la otra cara de la historia del cannabis en Alemania: unas instalaciones de cultivo farmacéutico con protocolos tan estrictos que hacían falta treinta minutos de controles de bioseguridad para llegar a las plantas, y un castillo donde la industria volvió a sentirse como una comunidad.
Todo allí era enorme. Podías pasar un día entero recorriendo Mary Jane Berlin y aun así no verlo todo, y en medio de todo aquello, con gente fumando por todas partes y una muralla de ruido que se elevaba desde los stands, el rapero y empresario cannábico Berner intentaba ponerlo en palabras.
Apenas había puesto un pie en el recinto cuando empezó a explicar lo que sentían todos a su alrededor.
“Me encanta ver a gente de todas partes reunirse en un mismo lugar para animarse mutuamente en el negocio de la marihuana”, declaró a High Times. “Es genial ver tanta unidad. Todo el mundo está muy entusiasmado. Echo un poco de menos esa emoción en el mundo de la marihuana”.
Esa frase se me quedó grabada toda la semana. Llevaba años pensándolo. Berner simplemente lo dijo en voz alta. En algún momento, muchos eventos relacionados con el cannabis dejaron de ser celebraciones y se convirtieron en reuniones de negocios. No todos, claro está. La High Times Cannabis Cup sigue pareciendo una fiesta, y Mary Jane Berlin se mueve con esa misma energía: comunidad, expositores, músicos y artistas, todos en un mismo lugar, con una programación que este año incluyó a Redman y a Havoc, de Mobb Deep. Pero ahora esas son las excepciones. En la mayoría de los eventos del calendario, los inversores sustituyeron a los entusiastas, el cumplimiento normativo sustituyó a la cultura, y las conversaciones se redujeron a la captación de capital, las licencias, la estrategia de ventas minoristas y la regulación. Todas ellas son conversaciones necesarias. Sin embargo, la fascinación que alguna vez definió todo aquello había ido desapareciendo en silencio de muchos de esos espacios.
Alemania no es el mayor mercado de cannabis del mundo. Pero en este momento podría ser el más interesante. Su experimento de legalización ha aportado a la comunidad mundial del cannabis algo que llevaba años echando en falta: el impulso, y podía sentirse incluso antes de terminar de cruzar la entrada.
Acudió gente de todos los rincones del sector y de todos los rincones del mundo. El inglés se mezclaba con el alemán, el español, el francés, el italiano y una docena de idiomas más. Los breeders (criadores) comparaban características genéticas, los médicos debatían sobre prácticas de prescripción y los expertos en concentrados se sumergían en largas conversaciones sobre técnicas de extracción sin solventes, mientras los emprendedores trazaban el futuro de Europa y miles de consumidores comunes deambulaban por los pasillos, encantados de encontrarse entre gente que amaba la misma planta que ellos.
— Fotos de Chris Romaine – https://www.instagram.com/kandidkush/
Pero el rincón al que no dejaba de volver era más tranquilo. “Que Lindo Community”, un proyecto latino-argentino, había recibido un espacio independiente, alejado del ruido, donde la gente podía sentarse, dibujar, respirar y descansar de verdad. El artista Shinsiete pintaba un lienzo impresionante en tiempo real mientras el caos continuaba en la sala de al lado. En un evento centrado en el espectáculo, era uno de los pocos lugares pensados para la conversación. Hay que reconocer el mérito de Duc Anh Dang y de los organizadores de Mary Jane Berlin por ceder esa sala a un colectivo latinoamericano y confiar en que definiera el espíritu de aquel espacio. También me escapé del ruido más de una vez en Barney’s Farm, ese tipo de stand en el que te encuentras con viejos amigos y recuerdas por qué empezaste a hacer todo esto.
“Es una experiencia maravillosa aquí mismo, en Berlín, Alemania”, dijo Berner. “Ver a todo el mundo reunirse por la marihuana. Ahora mismo hay 80.000 personas en este recinto. Todos estamos aquí por una sola cosa, y esa es la puta marihuana”.
Para la mayoría de los asistentes, Mary Jane era el destino. Para un pequeño grupo de nosotros, solo fue el principio.
Un par de días más tarde, unos 110 periodistas, creadores de contenido, cultivadores, emprendedores, especialistas en extracción y defensores de larga trayectoria subieron a un par de autobuses para emprender el siguiente capítulo. El viaje, denominado “Very Happy” y organizado por el medio chileno especializado en cannabis En Volá, se diseñó para mostrarnos una faceta de la historia del cannabis en Alemania que el recinto ferial nunca podría ofrecer.
El itinerario indicaba dos horas hasta la primera parada. La realidad tenía otros planes. Cuando metes a tantos fumetas en un autobús, una parada en el camino deja de ser opcional. En la estación de servicio sacaron los dispositivos de Storz & Bickel, de esos que no echan humo ni llaman la atención. La parada se convirtió en una sesión improvisada, y las conversaciones se retomaron justo donde habían quedado. A nadie parecía molestarle lo más mínimo que el itinerario se hubiera retrasado. De hecho, todos volvieron a subir al autobús más contentos que cuando habían bajado.
Fotos de Chris Romaine – https://www.instagram.com/kandidkush/
La vida en el autobús tenía su propio ritmo. En un momento dado, miré a mi lado y vi a Simón Espinosa cepillándose los dientes entre conversación y conversación, en algún punto de la autopista, como si fuera lo más normal del mundo. Para pasar el rato, me propuse un par de side quests. La pimera era encontrar gente que fumara porros mezclados con tabaco, esperando no dar con casi nadie. En cambio, encontré a muchos, lo que me recordó que en Europa el porro con tabaco es una tradición mucho más arraigada de lo que jamás lo fue en el continente americano. La segunda consistía en descubrir la peor forma posible de consumir cannabis, y las respuestas no tardaron en llegar. Alguien juraba que lo mejor era hacer agujeros en una lata de refresco. Otro defendía el bong improvisado con una botella de plástico. Nada de eso era útil. Y justamente de eso se trataba.