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Nevaco Global
25 de agosto de 2026

Canadá rompe con Estados Unidos

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El desprecio de Trump a su histórico aliado deriva en una guerra comercial que sufrirán los ciudadanos en el bolsillo

Seis meses después de sufrir un importante revés judicial en el Tribunal Supremo contra los aranceles indiscriminados por decreto, Donald Trump han vuelto a retomar la guerra comercial como herramienta de política exterior. El enemigo elegido es el vecino Canadá. Los gobiernos de ambos países se han embarcado en una preocupante escalada de represalias y declaraciones subidas de tono cuyas consecuencias pueden afectar a todo el mundo.

Las negociaciones entre los dos países se rompieron el viernes, cuando los contactos parecían encarrilados para evitar una nueva oleada de aranceles entre dos países que intercambian cada año cerca de 900.000 millones de dólares en bienes y servicios, y que tradicionalmente han sido aliados modélicos. Washington culpa del fracaso a Ottawa. Canadá denuncia que Washington introdujo exigencias inaceptables en el último momento, entre ellas, la abolición del uso del francés en el etiquetado, una ofensa gratuita que ha tocado el orgullo nacional, o la exigencia de acceso a los minerales críticos canadienses. Como resultado, el sábado Estados Unidos anunció que impondrá aranceles del 50% sobre 20.000 millones de dólares de productos canadienses, desde los palos de hockey al papel. Canadá ha prometido responder “dólar por dólar” con aranceles recíprocos. Este lunes, Trump echaba leña al fuego al anunciar gravámenes también del 50% sobre los vehículos y el acero fabricados por el vecino.

Año y medio de caos comercial mundial no parece haber convencido a la Casa Blanca de las contraindicaciones de esta política. Como era de esperar, tras las nuevas amenazas de Trump las acciones de las automovilísticas estadounidenses caían en Bolsa. Las medidas amenazan con alimentar aún más la inflación. Una de las razones para la raquítica popularidad del presidente es la percepción generalizada de que la Administración se lanza a guerras sin objetivos claros, militares y comerciales, que pagan los ciudadanos en la cesta de la compra.

Lo que está en juego no es únicamente una cuestión económica. Es, sobre todo, una cuestión de soberanía y de respeto de EE UU a sus aliados. El sábado, el primer ministro canadiense, Mark Carney, apuntaba que los requisitos de Washington hubieran dificultado, entre otras cosas, que Canadá pueda firmar acuerdos de libre comercio con otros países o zonas comerciales. Trump ha dejado claro que ve a Canadá como una nación subordinada que podría ser un Estado más de su país.

El peligro de esta escalada para Washington es el ejemplo de Canadá. Las tres cuartas partes de los canadienses están de acuerdo en suspender las negociaciones. Si su mayor aliado histórico decide poner pie en pared ante los desprecios, plantar cara y asumir las consecuencias económicas, esa resistencia se puede replicar en socios con muchos menos vínculos históricos con Estados Unidos.

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