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Nevaco Global
29 de julio de 2026

¿Flotar o no flotar?

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Comúnmente se acusa a los economistas de no ofrecer respuestas afirmativas cuando se les plantea una pregunta. Todo “depende”. La verdad es que esa acusación muchas veces es injusta. Para ilustrarlo, vayamos a un tema concreto.

El 29 de junio se anunció una flexibilización de la política cambiaria, con una cotización inicial de Bs 9,73 por dólar. Menos de un mes después, la cotización se encuentra en Bs 11,54. Ante esta evolución, surge una pregunta inevitable: ¿se debe dejar flotar el tipo de cambio? La respuesta es: depende. Analicemos por qué.

Desde 2014, Bolivia acumuló déficits fiscales persistentes, asociados al aumento del gasto público, los subsidios a los combustibles y la reducción de los ingresos provenientes del gas natural. Paralelamente, se deterioraron las cuentas externas debido a la caída de las exportaciones de gas, el incremento de las importaciones de combustibles y una creciente dependencia del endeudamiento.

El Banco Central de Bolivia financió parte de estos desequilibrios mediante crédito al sector público, expansión monetaria y utilización de reservas internacionales, mientras intentaba preservar la paridad fija. Como consecuencia, el tipo de cambio oficial quedó progresivamente desalineado respecto de los fundamentos de la economía.

Ante el deterioro de las exportaciones, la escasez de divisas y la ausencia de una devaluación oficial, los agentes económicos recurrieron a mercados alternativos. Surgió así una brecha amplia y volátil entre el tipo de cambio oficial y el paralelo.

En ese sentido, la reforma del 29 de junio formalizó parcialmente una realidad que ya existía: el tipo de cambio efectivo hacía tiempo que había dejado de ser verdaderamente fijo. La medida oficializó algo que, para la población y las empresas, ya era evidente y flexibilizó el régimen cambiario.

¿Es suficiente? Muchos países han transitado hacia esquemas más flexibles y la lógica económica indicaría que, al menos en el largo plazo, esta puede ser una decisión conveniente. Sin embargo, aquí aparece nuevamente el “depende”.

Para utilizar una analogía sencilla, la cotización del dólar funciona como un termómetro de los fundamentos macroeconómicos. Cuando esos fundamentos se deterioran, el termómetro sube. Pero, ¿cuáles son esos fundamentos?

En primer lugar, se necesita una nueva ancla nominal, es decir, una referencia creíble que oriente las expectativas de hogares, empresas y mercados. Una posibilidad es controlar el crecimiento de la base monetaria y hacerlo compatible con la estabilidad de precios, la demanda de dinero y la recuperación de la actividad económica.

Para que esta nueva ancla sea creíble, se requiere un Banco Central con mayor independencia, límites claros al financiamiento monetario del sector público y una estrategia sostenida de reconstrucción de las reservas internacionales.

En este contexto, un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es fundamental para proporcionar financiamiento externo, reforzar las reservas y dar oxígeno a la economía. Una mayor disponibilidad de moneda extranjera también podría restablecer gradualmente la devolución de dólares a través del sistema financiero.

Sin embargo, el financiamiento externo no puede sustituir las reformas internas. Sin cambios estructurales, ese oxígeno será solamente temporal.

Más importante aún —y aquí se encuentra la raíz del problema— es la cuestión fiscal. ¿Cómo se financiará el elevado déficit público, proyectado oficialmente en 9,2% del PIB para 2026 según el PGE Reformulado?

Sin una política fiscal coherente, creíble y decidida que reduzca gradualmente los subsidios ineficientes, controle el gasto corriente y mejore la calidad del gasto público, cualquier alivio proveniente del aumento de las reservas será transitorio. Tarde o temprano, el termómetro cambiario volverá a subir.

Depende. La flotación puede ser parte de la solución, pero no puede sustituir la disciplina fiscal, la credibilidad monetaria, la reconstrucción de las reservas internacionales y la recuperación de la capacidad exportadora del país.

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