En lo personal me molesta hacer fila para cargar combustible y peor la incertidumbre sobre qué está pasando de veras.
Hay algo adicional que me inquieta: cada cierto tiempo aparece una explicación distinta. Primero los bloqueos y la logística; luego YPFB, la corrupción y el contrabando. También se habló del subsidio, la falta de dólares y de años sin suficiente exploración e inversión.
Las soluciones planteadas también han sido variadas: mejorar despachos, liberar la importación privada, combatir el contrabando, modificar el subsidio, reestructurar YPFB, atraer inversión y explorar más. Discutimos como si tuviéramos que escoger UNA sola explicación y solución.
Para ordenar mis ideas recurrí a un enfoque de la Universidad de Harvard denominado PDIA, por sus iniciales en inglés de Adaptación Iterativa Orientada a Problemas. Su particularidad es sencilla: no comienza por la solución, sino por definir el problema y preguntar por qué ocurre. Luego descompone causas, revisa evidencia y prueba intervenciones para aprender.
Bolivia produce menos hidrocarburos líquidos que antes. Eso obliga a importar más gasolina y, principalmente, diésel. A la vez, menores exportaciones significan menos divisas. Por tanto, necesitamos más dólares para comprar combustible precisamente cuando el sector genera menos dólares.
Una parte del combustible importado se vende internamente por debajo de su costo. Esa diferencia tiene que financiarla alguien y, mientras mayor sea la dependencia importadora, mayor será el esfuerzo fiscal y financiero. Además, un precio interno muy inferior al externo incentiva mayor consumo, arbitraje y contrabando.
Si a un sistema tensionado le añadimos bloqueos, cisternas detenidas o fallas de distribución, el resultado visible son las filas. Las explicaciones pueden ser eslabones de una misma cadena.
Ahí está una diferencia con la discusión habitual. Decir que “faltan dólares” puede ser cierto, pero obliga a preguntar por qué necesitamos tantos. Señalar que existe contrabando tampoco demuestra que explique la mayor parte de la escasez. Y afirmar que el problema es YPFB dice poco si no sabemos en qué parte específica de la entidad estatal está la falla: en compra, financiamiento, transporte, almacenamiento o distribución.
Confundimos que algo exista con que sea la principal causa, y las causas inmediatas con las estructurales. Un bloqueo puede explicar que hoy no llegue una cisterna, pero no por qué el sistema tiene tan poco margen para soportar unos días de interrupción.
Otro error es saltar demasiado rápido a las soluciones. Autorizar la importación privada no significa que ésta ocurra: pueden persistir problemas de dólares, financiamiento, almacenamiento o comercialización. Eliminar el subsidio puede corregir incentivos, pero no hará aparecer mañana petróleo que dejamos de producir durante años.
Primero necesitamos saber qué está ocurriendo. Producción, importaciones, inventarios, despachos y ventas deberían mostrar dónde se rompe la cadena. Sin eso, una misma fila puede atribuirse a varias causas.
Segundo, hay que resolver lo inmediato: logística, inventarios e importaciones privadas. No mediría esta última por decretos, sino por litros realmente importados y vendidos.
Tercero, debemos medir los desvíos antes de afirmar cuánto representa el contrabando y focalizar allí los controles.
Luego vendrá la discusión más difícil: el subsidio. Creo que debe transitar gradualmente de ser generalizado a estar focalizado en quienes realmente necesitan protección.
Y en paralelo está la tarea de largo plazo: recuperar inversión, exploración y producción para reducir nuestra dependencia externa.