La generación eléctrica tiene una alta dependencia del gas, mientras la producción y las reservas del energético disminuyen. YPFB advierte que, si no se incorporan nuevas reservas, Bolivia importará gas para abastecer el mercado interno en cinco años
En Bolivia existe un subsidio del que poco se habla, pero que está en la vida cotidiana: el de la electricidad. En un país donde las exportaciones de gas natural disminuyen cada año, la generación eléctrica depende de este recurso. Según datos del Comité Nacional de Despacho de Carga (CNDC), hasta el 74,7% de la electricidad se genera por termoeléctricas.
El escenario preocupa. Según las proyecciones de YPFB, las reservas de gas natural no suben, Bolivia podría importará este recurso en cinco años (2031) para garantizar el abastecimiento del mercado interno, incluida la generación de electricidad.
Esto ocurre pese a que, en las últimas dos décadas, la política energética apuntaba a un cambio de matriz.
Pero el discurso y los hechos no fueron de la mano. Basta con revisar los datos de generación bruta de julio de 2026: la generación termoeléctrica representó el 74,7% de toda la electricidad producida en el país durante ese mes. Dentro de esa generación térmica, tres centrales —Warnes (41,3%), Del Sur (20,9%) y Entre Ríos (18,5%)— concentraron el 80,7%.
En términos simples, esas tres plantas explican el 60% de toda la electricidad generada en Bolivia.
Esto no sería un problema si el parque térmico operara con holgura. No es el caso. Según reportes mensuales del CNDC la disponibilidad del parque termoeléctrico fue de 80,2% en marzo y 77,0% en abril de 2026: es decir, entre el 20% y el 23% de la capacidad térmica instalada estuvo indisponible esos meses, ya sea por mantenimiento o por fallas.
En tanto, la generación por las hidroeléctricas aportó 188.428,39 MWh, un 18,7%, mientras que la generación eólica alcanzó 34.146,26 MWh y la solar 31.313,93 MWh.
En conjunto, el viento y el sol aportaron 65.460,19 MWh, apenas el 6,5% del total.
La fotografía deja una conclusión clara: aunque Bolivia incorporó nuevas fuentes renovables, el sistema todavía tiene una fuerte dependencia de combustibles fósiles para producir electricidad.
La generación térmica tiene una ventaja para un sistema eléctrico: permite producir energía de manera relativamente flexible y responder a variaciones de la demanda. Pero esa capacidad tiene un costo: depende de la disponibilidad y del precio del combustible.
Hoy producción de gas está en descenso y el mercado interno continúa demandando el energético. En un escenario de menor oferta, la discusión ya no pasa por cuánto gas queda, sino qué hacer con el gas disponible y qué fuente de energía puede reemplazarlo antes de que el país tenga que recurrir a importaciones más caras.
Para Ángel Zannier, presidente de la Cámara Boliviana de Electricidad, Bolivia tiene que acelerar ese cambio. “Uno de los temas importantísimos para evitar aquello es promover las energías renovables cuanto antes”, sostiene.
Zannier rechaza la idea de que la disminución de la producción de gas signifique necesariamente que Bolivia enfrentará apagones en los próximos años.
El problema, explica, es otro: el tiempo que requiere transformar la matriz eléctrica.