El coche eléctrico, aunque no lo parezca, va
hacia arriba en un ascenso que ya parece imparable, puesto que
cerró 2024 con más de 17 millones de
unidades como ventas globales, y 2025 lo hizo al mismo
nivel, una cifra que llega justo cuando el conflicto de
Ormuz vuelve a poner el precio del petróleo y la
dependencia energética en primer plano. Los datos de la IEA muestran un
mercado ya cerrado, que ya no crece solo por discurso climático o
por ayudas públicas, sino por una combinación de precio,
industria local, seguridad energética y disponibilidad real de
modelos.
La fotografía global es bastante evidente para los amantes de lo
eléctrico y los amantes de la gasolina, pero el mercado parece
estar acelerándose por el conflicto que estamos viviendo entre
EE.UU. y China, y es lógico en parte.
Lo cierto es que en 2014 apenas se vendían unos cientos de miles
de coches eléctricos, mientras que en 2024 el mercado superó los 17
millones de unidades, cifra muy similar a la que deberíamos ver en
breve en el informe de 2025 ya dentro de este 2026. Según la IEA,
China aporta la mayor parte del volumen, Europa mantiene
una posición relevante pero mucho más plana, Estados
Unidos sigue avanzando a menor ritmo y el resto de mercados ya
empieza a sumar una parte visible del crecimiento.
El dato más fuerte está, como no podía ser de otra forma, en
China. La IEA habla de más de 11 millones de coches
eléctricos vendidos en 2024, con una cuota cercana
al 50% de las ventas de coches nuevos.

Es decir, prácticamente uno de cada dos coches vendidos en China
ya fue eléctrico. En comparación, Europa se quedó alrededor
del 20%, una cifra elevada en términos históricos, pero
sin el salto que sí estamos viendo en el mercado chino, que juega a
otro nivel.
La gráfica de ventas globales también muestra otro detalle
importante: el crecimiento ya no depende solo de China, Europa y
Estados Unidos. El bloque de otros mercados crece con fuerza desde
2021 y gana peso en 2024, aunque todavía queda lejos de los grandes
polos. Ahí entran países donde el coche eléctrico empieza a
despegar desde bases pequeñas, pero con porcentajes de crecimiento
mucho más llamativos, y que, casi seguro, serán referentes en poco
tiempo.

Los datos por países dejan ejemplos muy visuales, por ejemplo,
Tailandia se acerca a 90.000 matriculaciones eléctricas en 2024,
India ronda las 70.000, Vietnam supera las
90.000, Indonesia se mueve cerca de las
70.000 y Malasia se aproxima a las 50.000. En
cuota, Indonesia ronda el 17%, India supera el 12%, Malasia está
cerca del 7% y Sudáfrica apenas llega al 4%, lo que muestra
mercados muy distintos bajo una misma tendencia.
La parte del gasto también es clave. La inversión de los
consumidores en coches eléctricos ha pasado de menos de 50.000
millones de dólares en 2017 a unos 560.000 millones en 2024. Las
ayudas públicas, en cambio, se han quedado cerca de 40.000
millones, y su peso relativo ha bajado desde alrededor del 20% del
gasto total en 2017 hasta cerca del 7% en 2024. El mercado crece
mucho más rápido que las subvenciones, no es humo, hay interés
real.

El gráfico sobre el origen de los coches eléctricos vendidos en
mercados seleccionados añade otra capa al problema europeo. En
muchos países emergentes, China ya aparece como proveedor
relevante, especialmente cuando no existe una industria
local capaz de cubrir la demanda con precio
competitivo.
Turquía, Marruecos, Egipto, Brasil o Tailandia muestran
combinaciones muy distintas entre producción local, importaciones y
peso chino, pero la lectura industrial es evidente: quien fabrica
barato y escala rápido coloca coches fuera de sus fronteras. Ahí
China es imbatible, por ahora, en cuanto a ventas globales del
coche eléctrico.

Con Ormuz de fondo, estos datos
tienen más recorrido. Si el petróleo vuelve a encarecerse por
tensión geopolítica, el coche eléctrico gana atractivo en los
mercados que pueden cargar con electricidad relativamente estable y
barata.