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Nevaco Global
24 de agosto de 2026

Liberia, así es el país africano a donde deportaron a varios migrantes venezolanos

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Liberia, el país donde fueron llevados los esclavos afroamericanos que estaban en Estados Unidos, para “recuperar su libertad”, es hoy el destino de venezolanos deportados desde EEUU, de acuerdo con una información confirmada a la agencia Reuters por el ministro de Información liberiano, Jerolinmek Piah, el pasado 20 de agosto.

El envío ocurrió en el marco del acuerdo entre Estados Unidos y Liberia que contempla el traslado de hasta 1.200 migrantes de terceros países durante los próximos 12 meses. El primer vuelo llegó a Monrovia, capital de LIberia, el 20 de agosto. Las autoridades liberianas han señalado que los deportados serán recibidos como huéspedes y podrán solicitar asilo o abandonar el país.

Liberia —la «Tierra de los Libres»— es un experimento histórico fascinante y doloroso. Es una nación concebida bajo la promesa de la emancipación que terminó atrapada en sus propias contradicciones sociales; un territorio bendecido con una riqueza natural inconmensurable que, sin embargo, figura de forma persistente entre los países con los índices de desarrollo humano más golpeados del planeta.

Así es Liberia, su propio nombre viene de la palabra Libertad. En la actualidad es predominantemente cristiano (85%) y tiene más de 5 millones de habitantes.

El nacimiento de esta nación se remonta a principios del siglo XIX, específicamente a 1822, cuando la American Colonization Society (ACS), una organización estadounidense integrada por cuáqueros, filántropos y propietarios de esclavos del sur de Estados Unidos, facilitó el transporte de personas afroamericanas liberadas para establecer una colonia en África Occidental.

El 26 de julio de 1847, la colonia proclamó su independencia, convirtiéndose en la primera república soberana de África. Comenzaba así a caminar “solo” este país, que a partir del siglo XIX tuvo una nueva clase social, los Americo-Liberianos que llegaron desde Estados Unidos y que años más tarde conformaron una élite político-económica que hasta poco dominaba al país.

La capital de Liberia lleva por nombre Monrovia, en honor a James Monroe el quinto presidente estadounidense.

Durante más de un siglo, la élite americo-liberiana monopolizó el poder político y económico a través del True Whig Party (partido que gobernó de forma hegemónica entre 1878 y 1980). Las más de 16 etnias autóctonas del interior (los Kpelle, Bassa, Grebo, Gio, Mano o Kru) fueron marginadas de la ciudadanía plena, privadas del derecho al voto hasta bien entrado el siglo XX y sometidas a tributaciones abusivas.

En la noche de Navidad de 1989, una facción rebelde denominada National Patriotic Front of Liberia (NPFL), dirigida por Charles Taylor —un exfuncionario del gobierno de Doe formado militarmente en Libia—, cruzó la frontera desde Costa de Marfil. Daba inicio la Primera Guerra Civil de Liberia (1989-1996).

Tras una tregua precaria y las elecciones de 1997 —en las que Charles Taylor ganó bajo el vergonzoso lema popular “He killed my ma, he killed my pa, but I will vote for him” (Mató a mi mamá, mató a mi papá, pero igual votaré por él)—, la paz duró muy poco. En 1999 estalló la Segunda Guerra Civil (1999-2003), cuando los grupos rebeldes LURD (Liberians United for Reconciliation and Democracy) y MODEL (Movement for Democracy in Liberia) cercaron el régimen de Taylor con el apoyo de países vecinos.

El conflicto se convirtió en una crisis regional que desestabilizó a Sierra Leona, Guinea y Costa de Marfil. Taylor financió su maquinaria bélica mediante el tráfico ilegal de diamantes de sangre extraídos en Sierra Leona y la tala indiscriminada de madera noble. Para mediados de 2003, Monrovia estaba bajo un asedio despiadado.

El punto de quiebre llegó gracias a la movilización masiva y pacífica de la sociedad civil liberiana, liderada de forma extraordinaria por mujeres cristianas y musulmanas bajo la Mass Action for Peace, encabezada por figuras como Leymah Gbowee. Con vestimentas blancas, miles de mujeres se declararon en huelga de sexo, realizaron sentadas ininterrumpidas y bloquearon las salas de negociación en Accra (Ghana), exigiendo a los señores de la guerra que firmaran la paz.

En agosto de 2003, acorralado por los rebeldes, dimitido por la presión internacional y acusado de crímenes de guerra por el Tribunal Especial para Sierra Leona, Charles Taylor renunció y partió al exilio en Nigeria (años más tarde sería juzgado y condenado en La Haya a 50 años de prisión).

El Acuerdo General de Paz de Accra puso fin a 14 años de barbarie. El saldo fue devastador: más de 250.000 muertos (casi el 10% de la población de la época), cientos de miles de desplazados internos y refugiados, y una infraestructura nacional convertida literalmente en escombros.

En las elecciones de 2005, los ciudadanos eligieron a Ellen Johnson Sirleaf, una economista formada en la Universidad de Harvard con trayectoria en el Banco Mundial. Sirleaf hizo historia al convertirse en la primera mujer electa democráticamente como jefa de Estado en el continente africano. Durante sus dos mandatos (2006-2018), galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2011, Sirleaf logró hitos decisivos.

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