El próximo 17 de julio no será una reunión protocolaria más. Será, quizás, el encuentro más importante que haya tenido el Huila con un gobierno nacional en muchos años.
El presidente electo Abelardo de la Espriella, acompañado de los ministros designados y de su equipo de empalme territorial, llegará a escuchar las prioridades de una región que históricamente le ha aportado al desarrollo de Colombia, pero que demasiadas veces ha sido olvidada cuando llega la hora de distribuir la inversión pública.
No solamente porque el departamento respaldó mayoritariamente al nuevo Presidente en primera y segunda vuelta, sino porque, además, uno de los huilenses más importantes de la vida pública nacional, Rodrigo Lara Restrepo, hará parte del nuevo Gobierno.
Las condiciones políticas difícilmente volverán a repetirse. Por eso el llamado no puede ser otro que la grandeza.
A los alcaldes, al Gobernador, a los congresistas, a los gremios y a los dirigentes sociales les corresponde comprender la dimensión histórica del momento.
No es la hora de llegar con listas interminables de pequeñas obras. No es el momento de pedir un polideportivo, una placa huella, una cancha sintética o un puente veredal.
Todo eso es importante para cada municipio. Pero el Presidente de Colombia no viene al Huila para definir presupuestos municipales, viene para escuchar cuál es la visión de futuro de un departamento entero. Y esa diferencia es enorme.
Los huilenses no podemos desperdiciar esta oportunidad histórica actuando con mezquindad política o defendiendo únicamente intereses locales. Llegó la hora de pensar como región. Porque si al Huila le va bien, inevitablemente le irá bien a cada uno de sus municipios.
La primera prioridad en el Huila, indudablemente es Recuperar la Seguridad, no existe desarrollo económico donde reina el miedo. Durante los últimos años el Huila volvió a escuchar palabras que creíamos enterradas en la historia: secuestro, extorsión, atentados, retenes ilegales y control territorial de grupos armados.
Las disidencias de Iván Mordisco y estructuras de la Nueva Marquetalia han recuperado presencia en zonas del norte, occidente, centro y sur del departamento. La Plata, Íquira, Rionegro, Algeciras, Vegalarga, Gigante, Suaza, Guadalupe, Isnos, Acevedo, San Agustín, Pitalito y otros municipios conocen hoy una realidad que jamás debimos permitir que regresara.
El Huila necesita recuperar el pie de fuerza perdido, necesita inteligencia militar, tecnología, drones, equipos especializados, necesita recuperar los sistemas integrados de emergencias y seguridad SIES, que fueron desmontados en el año 2022, por el gobierno saliente, Pitalito y Algeciras requieren nuevamente proyectos de videovigilancia moderna y un verdadero centro SIES que permita coordinar las capacidades operativas de la Fuerza Pública. La seguridad no es un gasto, es la condición indispensable para que exista inversión, turismo y empleo.
El Huila debe convertirse en el Gran Destino Turístico de Colombia, pero recuperar la seguridad no puede ser un fin en sí mismo, debe ser el punto de partida para transformar la economía huilense.
Una segunda apuesta del Huila con el nuevo gobierno, será una visión que trascienda los cuatro años de un gobierno, necesita construir un verdadero proyecto de corto y mediano plazo que denominaremos: “Turismo Integral para el Huila 2026-2038”.
Un plan maestro de Turismo, liderado por la Nación, Fontur, la Gobernación, los municipios, las universidades, los gremios y el sector privado. Ojo, no un documento para archivar, sino un proyecto ejecutable Municipio por municipio, inventariando todo el potencial turístico del departamento, los costos de la infraestructura necesaria para darle vida a cada subproyecto turístico municipal, la forma y los recursos como se hará viable y se ejecutará y el plan de cómo se mostrará o venderá al mundo este nuevo destino turístico integral de Colombia, porque el Huila absolutamente lo tiene todo.
Tiene el Desierto de la Tatacoa, tiene el Parque Arqueológico de San Agustín, Patrimonio de la Humanidad, tiene el Macizo Colombiano, los páramos, el Nevado del Huila, el río Magdalena naciendo entre nuestras montañas, el turismo cafetero, el turismo de aventura, el turismo religioso, el turismo gastronómico, el avistamiento de aves y reservas forestales, el turismo científico, los embalses de Betania y el Quimbo, los miradores como la mano del gigante y cientos más, las rutas del cacao y el café, las rutas paneleras, las rutas piscícolas.