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Durante meses, el presidente Donald Trump ha estado prediciendo que Cuba está a punto de colapsar.
“Simplemente va a caer,” les dijo a los periodistas el 4 de enero, un día después de tomar el control del petróleo de Venezuela, que había sido el salvavidas de Cuba.
Después impuso un bloqueo petrolero que ha empujado a la isla a su peor crisis energética de la historia, con apagones masivos que ahora duran casi todo el día. Y sin embargo, más de seis meses después, el gobierno y el pueblo cubanos siguen en pie.
Este mes, visitamos el país para entender cómo está resistiendo. Después de una semana en el terreno, encontramos que, aunque los cubanos claramente están sufriendo, también están haciendo lo que quizás mejor saben hacer: adaptarse.
Están cambiando sus autos estadounidenses de la década de 1950, que consumen mucha gasolina, por motocicletas y mototaxis eléctricos de China; importando baterías de litio robustas para mantener encendidos televisores y ventiladores durante los apagones; improvisando generadores para que funcionen con gas natural, más accesible; e instalando paneles solares en techos e incluso en vehículos.
En conjunto, estas soluciones improvisadas equivalen a una nueva red energética cubana, esta vez más en manos del propio pueblo, que sostiene a la sociedad con la electricidad apagada y las filas de combustible secas.
Estas soluciones le han permitido al gobierno cubano racionar la energía, encendiendo la luz solo unas horas al día, para estirar el escaso combustible que le queda en un esfuerzo por resistir la intensa campaña de presión de Washington.
El resultado es que Cuba ha aguantado mucho más tiempo sin envíos de combustible de lo que el gobierno de Trump parecía haber previsto.
A lo largo de casi siete décadas de presión estadounidense, Cuba ha desafiado los pronósticos e improvisado para sobrevivir. Ahora parece que Trump, como muchos presidentes estadounidenses antes que él, también está descubriendo que derrocar al gobierno fundado por Fidel Castro no es tan sencillo.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, les dijo la semana pasada a los periodistas que el gobierno de Trump todavía quiere ver caer al gobierno cubano. “Estamos preparados para ser muy realistas sobre cómo se logra eso, y pacientes,” dijo. “Son cosas complejas que toman tiempo, y obviamente estamos preparados para hacer lo que podamos”.
El gobierno cubano busca un acuerdo. “Cuba no es enemiga de Estados Unidos”, dijo Carlos Fernández de Cossio, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, en una entrevista. “Lo que quisiéramos es una relación constructiva y respetuosa”.
Mientras tanto, el pueblo cubano, como lo ha hecho durante décadas, se las arregla. “Los cubanos crecen entre la crisis”, dijo Humberto Palmero, un agricultor de 55 años, de pie en la colina donde creció, junto a la costa cubana, con vista hacia Florida. Sus hermanos ya se habían ido a Miami, y sus dos hijos están por marcharse a España, pero dijo que está decidido a quedarse.
Al enterarse del bloqueo petrolero, Palmero aprendió en YouTube cómo destilar plástico de desecho para obtener gasolina y diésel caseros. Desde entonces ha construido una pequeña refinería improvisada en su patio trasero para alimentar su motocicleta y encender su estufa.
“Buscamos soluciones”, dijo. “Las medidas económicas nos están agonizando, pero salimos dentro de todos los esfuerzos, salimos adelante para subsistir hasta ver qué pasa”.