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Nevaco Global
4 de agosto de 2026

¿Hasta dónde puede llegar la presión de EE.UU. hacia el régimen cubano?

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El objetivo es forzar una transición política, pero el uso de la fuerza ya no parece una hipótesis descartada

El Gobierno cubano ha reconocido que la situación del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) de la isla es "crítica", con apagones que en La Habana superan las 22 horas diarias y los dos días consecutivos en el resto del país. Foto: EFE/ Ernesto

La situación en Cuba se agravó de forma decisiva a raíz de la intervención estadounidense en Venezuela a principios de año. Desde entonces, se interrumpieron los suministros de petróleo venezolano, vitales para el sistema energético cubano. Estos representaban más del 60% de las importaciones de petróleo de la isla. Paralelamente, Washington amplió las sanciones contra empresas y países que siguen apoyando al régimen cubano. El objetivo es limitar el margen de maniobra económico y político de La Habana para que los dirigentes estén dispuestos a una transición política y económica.

Para Washington, el cambio debe conducir a la apertura de la economía, la liberación de los presos políticos, oportunidades de inversión para las empresas estadounidenses y, a largo plazo, la transición hacia un gobierno que adopte una postura cooperativa frente a EE.UU. Aunque dentro de la administración Trump parece que aún no se aclaró de forma definitiva si este cambio debe llevarse con parte del régimen actual o con su sustitución.

La política estadounidense hacia Cuba forma parte de una estrategia de política exterior más amplia. Para la administración Trump, se interpreta como un retorno a una versión modernizada de la Doctrina Monroe. Cuba es considerada uno de los últimos adversarios autoritarios de EE.UU. en América Latina. A diferencia de Venezuela, la isla tiene una estructura de poder cohesionada. El poder político no recae únicamente en el presidente Díaz-Canel, sino en una red estrechamente entrelazada formada por el Partido Comunista, las Fuerzas Armadas, el aparato de seguridad y los agentes económicos.

En este contexto, desempeña un papel central el conglomerado GAESA, vinculado al ejército, que constituye la principal base de poder económico del régimen. El expresidente Raúl Castro, a pesar de su avanzada edad, ejerce una considerable influencia en las decisiones estratégicas de la dirección. Washington lo sigue considerando un factor de poder fundamental en La Habana; su condena por un tribunal estadounidense en mayo de 2026 lo evidencia.

La política actual de Washington apunta a que EE.UU. mantendrá, en un primer momento, su estrategia de máxima presión económica y política. El objetivo es lograr que los costes que supone para los dirigentes cubanos mantenerse en el poder aumenten hasta tal punto que parte de la élite gobernante esté dispuesta a una transición política ordenada. Desde el punto de vista estadounidense, este enfoque ofrece ventajas considerables. Permitiría conservar las estructuras estatales fundamentales, introducir reformas económicas y políticas de forma gradual y, al mismo tiempo, evitar los riesgos de un colapso repentino del Estado o de una intervención militar.

Las primeras reacciones del régimen cubano indican que la estrategia de Washington está surtiendo efecto. Recientemente, los dirigentes cubanos aprobaron reformas económicas que parecían inimaginables. Por primera vez en décadas, la dirección comunista abrió sectores clave de la economía a privados y capital extranjero. Sin embargo, Washington no interpretó estas medidas como un cambio de rumbo fundamental, sino simplemente como concesiones limitadas con las que La Habana pretende ganar tiempo y mitigar la presión estadounidense.

La historia de Cuba demuestra que la presión económica no ha bastado para derrocar al régimen. Pero la isla se encuentra hoy en una crisis económica y humanitaria mucho más grave, y la presión de Washington es mayor que nunca.

Si la estrategia estadounidense no logra resultados tangibles en los próximos meses, es probable que dentro de la administración Trump aumenten las reclamos por medidas más contundentes. El presidente Trump mencionó en repetidas ocasiones la posibilidad de una intervención militar. Además, al disminuir la atención hacia Irán, es probable que las prioridades de política exterior de Washington se desplacen hacia el hemisferio occidental. Cuba podría volver a situarse en el foco estratégico de EE.UU. En este contexto, la opción militar parece hoy más realista.

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