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Los datos industriales mejoran a ambos lados del Atlántico, pero será necesaria una mayor participación de Gobiernos y consumidores
Entre aranceles, shocks energéticos provocados por la guerra y una avalancha de exportaciones chinas, la industria occidental parece atravesar su peor momento en años. Sin embargo, los datos apuntan cada vez más en la dirección contraria, incluso en el castigado Viejo Continente.
Ayer, el Financial Times informó de que Ineos, el conglomerado británico controlado por Jim Ratcliffe, ha apostado 400 millones de euros por compañías químicas europeas cotizadas, pese a que la producción del sector ha caído alrededor de un 20% desde 2022. Después llegaron los pedidos industriales alemanes de junio, un 6,5% superiores a los de hace un año, con un crecimiento del 3,8% incluso en el sector del automóvil. Es la confirmación de un repunte generalizado del ciclo industrial global, pero Occidente necesitará que Gobiernos y consumidores asuman un papel mayor para preservar sus fortalezas manufactureras.
Las cifras de producción industrial han sido difíciles de interpretar, porque los bloqueos en el estrecho de Ormuz han llevado a las empresas a acumular pedidos pendientes y a liberarlos después, al ritmo con el que crecían y remitían las tensiones. Aun así, el índice PMI manufacturero global de JPMorgan se mantiene en territorio de expansión desde agosto del año pasado, y los datos de esta semana muestran que los nuevos pedidos, la producción y los inventarios aumentaron el mes pasado, y que el empleo creció a su mayor ritmo en más de dos años.
Es cierto que la tendencia depende de forma desproporcionada del rearme militar, que impulsa los negocios aeroespaciales y de defensa, y de la fiebre inversora de los gigantes de la inteligencia artificial en centros de datos, fundiciones de chips e infraestructuras eléctricas y de red asociadas. Incluso en Europa, con menor exposición tecnológica, se prevé que el beneficio por acción de las compañías de semiconductores y electrónica crezca un 60% este año, según LSEG Datastream, con firmas como Schneider Electric, que ya ha presentado un ebitda ajustado récord en el primer semestre. Y el sector de la maquinaria, lastrado por una prolongada caída de las ventas a China, registró recientemente el mayor número neto de compañías que revisan al alza sus previsiones de beneficios a 12 meses desde 2007. La sueca Atlas Copco, por ejemplo, informó de un crecimiento orgánico de pedidos del 59% en su división de Técnica de Vacío, de la que dependen los fabricantes de chips.
Incluso en Estados Unidos, toda la subida de la producción desde 2022 corresponde a la manufactura avanzada, mientras que el resto sigue en una profunda recesión, según Oxford Economics. Si el consumo de caja resulta insostenible para los hiperescaladores, este brote de crecimiento industrial podría terminar de forma abrupta. Mientras tanto, los pequeños repuntes de la química y la automoción europeas después de anunciar despidos masivos y cierres de plantas no resultan sorprendentes. Los abultados beneficios del segundo trimestre de Ineos y de sus rivales BASF y Dow se vieron favorecidos por la guerra de Irán, que interrumpió temporalmente las cadenas de suministro de sus competidores asiáticos.
Aun así, las expectativas de beneficios están mejorando en casi todos los subsectores industriales del mundo. La verdadera vulnerabilidad, como mostraron las cifras alemanas de junio, es que el crecimiento de las exportaciones sigue siendo esclerótico y el consumo no está llenando ese hueco en Europa, además de que puede estar empezando a flaquear en EE UU. Para lograr una recuperación más duradera, los Gobiernos deben combinar las defensas comerciales frente a Pekín con medidas para estimular la demanda interna. Aunque la UE ha revisado los criterios de contratación pública para las industrias estratégicas, los proyectos tecnológicos, militares y de soberanía energética podrían hacer más por apoyar a los proveedores nacionales. Muchos Gobiernos tampoco alinean del todo las subvenciones al vehículo eléctrico y a la rehabilitación de viviendas con los objetivos de política industrial. La oferta, por sí sola, solo puede llegar hasta cierto punto.
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